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Entrevista con el escritor Fernando Rueda

Fernando Rueda: "El Lobo se ganó la confianza de ETA siendo él mismo"

El agente negro más veterano de España, Mikel Lejarza, infiltrado en la banda en 1974, destierra sus mitos en el libro 'Yo confieso'

Fernando Rueda es un periodista experto en el espionaje.

Fernando Rueda es un periodista experto en el espionaje. Roca Editorial

Son muchas las leyendas que circulan sobre él, pero por primera vez, Mikel Lejarza 'El Lobo', (Areatza-Villaro, Bizkaia) ha decidido poner su historia negro sobre blanco en 'Yo confieso'. Para esta misión, ha elegido a Fernando Rueda, periodista y escritor experto en espionaje, quien conoce muy bien el funcionamiento del servicio secreto español, tal y como ha demostrado en sus anteriores libros: 'Operaciones secretas', 'Las alcantarillas del poder', etc, y quien ya había ficcionado en torno a su figura en dos novelas: 'El regreso de El Lobo' y 'El dosier del Rey'.

Lejarza se ha convertido en el agente en activo más veterano del servicio secreto español. A lo largo de sus 45 años como agente negro, El Lobo ha temido muchas veces por su vida y la de su familia, pero a pesar de todo, a día de hoy sigue al pie del cañón a sus 82 años. Tenía sólo 23 cuando decidió aparcar la tranquila vida que llevaba como decorador para introducirse en el servicio secreto español con la inocencia propia de la juventud y su deseo de querer luchar por salvaguardar la seguridad del país en una época de turbulencias donde la banda terrorista daba sus primeros pasos en Euskadi.

Su infiltración en ETA en 1974 concluyó con éxito varios años después, consiguiendo asestar un tremendo varapalo a la organización con un golpe en el que cayeron dos tercios de sus miembros. Considerado por muchos un héroe, en su tierra fue acusado de traidor. Mientras empapelaban todas las calles del País Vasco con su cara y el servicio de inteligencia le invitaba a retirarse, Lejarza decidió seguir con su encarecida lucha y someterse a una operación de cirugía estética que le devolviera ese anonimato tan necesario para continuar con su trabajo desde la sombra.

En los últimos años, ha formado parte de operaciones llevadas a cabo por el CNI, la Policía y la Guardia Civil contra el narcotráfico, el terrorismo internacional o el tráfico de armas, llegando a colaborar con la DEA e incluso con el FBI.

Fernando Rueda: "El Lobo tuvo después un montón de identidades distintas"./ Vídeo: Aida M. Pereda-¿Cuántas identidades ha tenido Mikel Lejarza?

-Mikel Lejarza ahora mismo no se llama así. A lo largo de su vida ha tenido montones de identidades. Cuando las descubrían, era un caos para él. Un día, en Burgos, le robaron el macuto donde llevaba la pistola. El ladrón la dejó en comisaría y vieron que era de un tal Julio Forcada Serrano. Entonces, el comisario jefe buscó sus datos y descubrió que había un hombre llamado así en Córdoba. Al llamar, descolgó una mujer, que cuando oyó "tengo aquí su pistola" respondió: "No diga tonterías, mi marido ha muerto hace varios años".

En 1983 es cuando puede inscribirse como padre de su primer hijo, porque en el momento de su nacimiento, su mujer Mamen y él optaron por registrarlo como hijo de madre soltera y esperar a que pasados unos años tuviera una identidad más estable.

-A día de hoy, son pocas las personas que conocen su verdadero rostro, ¿cómo ha superado el miedo a ser reconocido o es una emoción que persiste y siempre está ahí?

Mikel cogió una costumbre desde que salió de ETA. Le operan el rostro, pero a partir de ahí lo que hace es cambiar continuamente de apariencia. Yo, que he estado viéndole este año de forma muy intensa, un día vestía y llevaba el pelo de una forma y de repente se quitaba la barba, se ponía gafas... iba cambiando. Vive con eso, es parte de su vida. De hecho, hay gente que le conoce, pero que de repente se cruza con él y no sabe quién es. La banda terrorista puso precio a su cabeza. Años después trataron de secuestrar a sus hijos y asesinarle con un coche bomba y, todavía hoy, a pesar de que no existe ya ETA, la amenaza pende sobre él y vive oculto.

"Le pagan menos de lo que había gastado y le mandan a Canarias antes de someterse a la operación de cirugía plástica", desmiente Rueda

-Al poco de operarse el rostro, quiso comprobar de primera mano que nadie podría reconocerle.

Sí. En aquel momento, los servicios de espionaje tuvieron que darle una nueva identidad. Se cuenta que le pagan un montón de millones y que le llevan a las Bahamas, pero la realidad es que le pagan menos de lo que había gastado y le mandan a Canarias a un hotel de dos estrellas durante dos semanas antes de someterse a la operación de cirugía plástica. Para demostrar que podía reincorporarse y cazar a los etarras que habían escapado, se va al sur de Francia y entra en el bar en el que sabe que están los etarras y simpatizantes de ETA para comprobar si el cambio de apariencia que ha hecho sirve o no sirve. Y ahí es donde se produce esa escena que a mí me deja absolutamente alucinado, por las narices que tiene, de ir al baño después de que lo haga un miembro de ETA. Y ahí, al lado de él, descubre que no le reconocen.

-¿Cómo le definiría? ¿Qué es lo que le ha hecho sobrevivir a pesar de todos los riesgos que ha corrido en su vida?

-Mikel Lejarza es un luchador. Es alguien que se mueve muy bien en ambientes hostiles, que no tiene miedo a las cosas, pero sí sabe cuáles son los riesgos que corre. Con tantos años de experiencia no hay un agente en España que pueda tener sus capacidades. Por todo lo que ha hecho yo puedo defender que es el mejor agente que ha tenido este país.

Fernando Rueda con Mikel Lejarza 'El Lobo' de espaldas./ Roca Editorial

-Cuando se infiltra en ETA, llega a ser jefe de infraestructura y miembro de la cúpula, ¿cómo logra ganarse su confianza?

Siendo él mismo, lo cual es absolutamente sorprendente. Como en aquellos momentos era todo muy caótico, se infiltra con su propio nombre. Para no cometer errores adopta su propia personalidad, así que cuando ETA le investiga, descubre que todo lo que contaba era verdad porque no había mentido.

Incluso rodeado de gente que tenía una apariencia más del pueblo, él va con chaqueta y corbata a los sitios, va de "señorito". Y esa figura faltaba en ETA. Al jugar ese papel de "yo conozco a gente que tiene pisos y hace todas estas cosas", ETA se da cuenta de que necesita infraestructura y que él se la puede conseguir. De hecho, la operación Lobo no le cuesta un duro al servicio secreto porque el dinero que le da la banda a Mikel para comprar pisos se lo pasa al servicio secreto para que alquile esos pisos que necesita.

"La Guardia Civil le encargó organizar el secuestro del jefe de ETA. Como la operación no estaba respaldada por la Policía, le detuvieron y acabó en la cárcel", desvela en el libro

-Después del golpe a ETA siguió trabajando por su disolución. ¿Qué papel tomó con respecto al GAL?

Mikel muestra su rechazo a toda forma de terrorismo y aunque le han vinculado con la guerra sucia, cuenta que en 1982, su oficial le dice que vaya al hotel Meliá de Madrid y que se haga pasar por empresario vasco para asistir a un encuentro con otros empresarios. Una vez allí, empezaron a hablar de cuánto valía matar a uno de un nivel o de otro. Y él se manifestó totalmente en contra. Consideraba que era un atraso, que al final todo eso se volvería en contra y que no se debía hacer. Unos meses después le mandaron a México para quitárselo de en medio y así le tuvieron apartado de la lucha antiterrorista en España.

-Al regresar, vuelve otra vez a intentar descabezar la banda, pero fue en vano.

Sí, la Guardia Civil le encargó organizar el secuestro del que entonces era el jefe de ETA, Francisco Múgica Garmendia, alias Pakito. Como la operación no estaba respaldada por la Policía, estos le detuvieron y cuenta que le sometieron a vejaciones en comisaría antes de encerrarle en la cárcel.

-También colaboró en la disolución de Terra Lliure.

Una de las preocupaciones, tanto del gobierno catalán como del español, era que Terra Lliure pudiera llevar a cabo un atentado terrorista en las Olimpiadas de Barcelona del 92. Entonces, el servicio le encargó a Mikel que buscara a una persona que pudiera meterse dentro. Encontró al candidato idóneo y fue a través de él como se pudo hacer una operación brillante que acabó con la desarticulación de todo el grupo terrorista y la celebración de las olimpiadas sin ningún tipo de follón.

-¿Piensa en un futuro retirarse o se es espía para toda la vida?

Sigue con ese sueño y sigue cumpliendo las misiones y encargos que le hace el servicio. Ahora son más puntuales, pero cuando le necesitan ahí está. Me temo que un espía nunca se jubila. Además, al haber sido un agente negro durante tantos años, lo cual significa que además de ser alguien que cobra en sobre y cuando le detienen no puede ser vinculado con el servicio secreto, tampoco tiene Seguridad Social ni puede cobrar una pensión.

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