Sánchez dedica muchas páginas a exponer sus desencuentros con lo que denomina "la élite" de su partido, que desembocaría en su caída en el tormentoso Comité Federal de octubre de 2016. "Obtuve el cargo de secretario general, pero esa élite no me concedió la legitimidad política de hacerlo", por lo que "desde el principio tuve esa incómoda sensación de intruso", apunta. Constató entonces la que "debilidad del secretario general" frente a los poderes territoriales del partido "resulta nociva para España".

Esas fricciones se materializaron en su descabalgamiento como líder del partido, en lo que considera una operación orquestada por esos poderes, lo que lo sumió en una doble realidad: "Los militantes me apoyaban, pero la dirigencia del partido había logrado que me fuera". Después vendría su renuncia al escaño, tras lo que se presentó en la oficina del paro para arreglar los papeles.