17 de noviembre de 2008
17.11.2008
Misionera mutilada en el Congo

"Miedo no me da, si puedo, vuelvo"

17.11.2008 | 16:53

La hermana Presentación López Vivar, la religiosa española que el pasado 28 de octubre perdió las dos piernas cuando su misión en el Congo fue alcanzada por una bomba, ha afirmado hoy que si tuviera que volver, lo haría: "miedo no me da; si puedo ser útil, vuelvo".

"Es una gracia de Dios que se me ha concedido seguir viviendo, y aprovecharé para seguir ayudando de lejos y para animar a otros a ir y decirles que no deben tener miedo", ha dicho la religiosa en una conferencia de prensa para agradecer la atención y ayuda recibida.


López Vivar también ha expresado su deseo de que la comunidad internacional preste más atención al conflicto en la República Democrática del Congo porque hay decenas de miles de desplazados "y llega un mínimo de ayuda, pero para tantos no hay, no hay comida".


Enfermera diplomada, esta burgalesa de 64 años, trabajaba en el Congo desde hace 14 años, los últimos en el centro médico que el Instituto de Religiosas de San José de Gerona tiene en la localidad de Rutshuru, en la provincia de Kivu Norte, junto a la frontera con Ruanda.


La zona es el centro de los más graves enfrentamientos entre las tropas rebeldes del general Laurent Nkunda y las fuerzas militares del Gobierno de Joseph Kabila, en un conflicto que, según la religiosa "no está acabado, está sólo en una paz falsa", y que ha provocado más de 250.000 desplazados sólo en la región.


Es ahí donde las religiosas españolas mantienen un centro médico que "funciona casi como un hospital" y en el que llevan años atendiendo a los heridos de uno y otro bando, hasta el punto de que "todos los militares nos conocen por el nombre, nos aprecian y nos respetan", ha explicado López Vivar.


Es por eso por lo que considera que la bomba que destrozó la casa en la que vivían cinco religiosas -tres españolas y dos africanas- y le dejó sin piernas "fue un error", fruto de la "mala suerte" que supone que el edificio se encontrara "en mitad del campo de batalla ese día".


"Gracias a Dios he sido yo sola la herida", ha afirmado López Vivar, para quien también "es una suerte" que le hayan cortado las piernas por debajo de la rodilla, lo que le permitirá utilizar prótesis y no estar "siempre recluida".


En la rueda de prensa también ha participado la hermana Urbana Sancho, superiora del centro destrozado, y quien recogió y acompañó a López Vivar primero al hospital de Médicos Sin Fronteras de Rutshuru, luego al de los Cascos Azules de la ONU en Goma, en helicóptero a Sudáfrica, a Pretoria, y en ambulancia a Johanesburgo, y finalmente en avión a Madrid.


Tras detallar el periplo, y preguntada por lo que piensa hacer ahora, Sancho responde sin dudar "ir al Congo; el mes que viene, si Dios quiere", con la intención de reunirse con las otras religiosas del centro -que se encuentran refugiadas en la vecina Ruanda- y con las que espera reabrir la casa, porque el centro médico sigue funcionando con personal local.

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