Inclusión y visibilidad: las claves para una sociedad más justa
El encuentro subrayó la urgencia de dar voz a las personas con discapacidad, visibilizar sus historias, necesidades y derechos, y reconocer su inclusión real

Pedro Fernández
A menudo, la discapacidad sigue siendo invisible para gran parte de la sociedad. Esa falta de mirada provoca, en muchos casos, exclusión social y laboral: porque sin visibilidad no hay conciencia, y sin conciencia, no hay acción. Cada 3 de diciembre se conmemora el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, una fecha que busca precisamente reforzar esa visibilidad y recordar que la inclusión no puede limitarse a un solo día del calendario.
Con este punto de partida se celebró el coloquio «Inclusión y Empoderamiento: Avances y Desafíos para las Personas con Discapacidad», el miércoles 26 de noviembre en la Asociación Juan XXIII. El encuentro estuvo organizado junto a la Fundación para a Discapacidade e Emprego Juan XXIII y A Granxa de Fina, con el apoyo de Ence como empresa colaboradora.
Ese respaldo se enmarca en su Plan Social (PSP), un instrumento con el que la compañía impulsa en Galicia proyectos con impacto positivo en la sociedad. Las entidades participantes han sido beneficiarias históricas de este programa y han podido desarrollar parte de su labor gracias a estas ayudas, orientadas a reforzar iniciativas que mejoran la vida de las personas y su inclusión en la comunidad. Ence, a través del PSP, apuesta de forma firme por proyectos como este en el que las personas con discapacidad estén cada vez más presentes, participen más y encuentren más oportunidades reales en su entorno.
La cita reunió a algunas de las voces más implicadas en la defensa de los derechos y la participación de las personas con discapacidad: Nuria Luque, de la Asociación Juan XXIII; Diego Chapela, de la Fundación para a Discapacidade e Emprego Juan XXIII; Marisé Seoane, de A Granxa de Fina; junto a Raquel Olivares, trabajadora de la Fundación FAM23, y Laura Ferradanes, familiar de un usuario; en una mesa conducida por la periodista Uxía Miranda de FARO.
Reivindicación de los derechos
El primer eje del coloquio se centró en la reivindicación de los derechos de las personas con discapacidad, una idea que —como recordó la moderadora— está en la base del manifiesto leído minutos antes por Raquel, trabajadora de Fundación FAM23 desde hace más de quince años.
En su intervención, Raquel puso el foco en las personas con grandes necesidades de apoyo y lanzó un mensaje directo: «No queremos compasión, pedimos justicia e igualdad», reclamó, antes de subrayar una exigencia tan sencilla como urgente: «Exigimos una sociedad que no excluya a nadie y que nos escuche».

Nuria Luque, Directora Gerente Asociación Juan XXIII. / Pedro Fernández
A partir de ahí, Nuria Luque abrió el debate situando el cambio de mirada que supuso la Convención de la ONU de 2006: del modelo de protección y tutela a otro que coloca en el centro el proyecto vital de cada persona. «Venimos de un modelo de protección, de ‘cuidar para que no les pase nada’, y hemos dado el salto a un modelo centrado en la persona y en su proyecto de vida», explicó, explicó, insistiendo en que hoy la reivindicación ya no es solo jurídica, sino cultural: «La sociedad empieza a entender que los límites no están en la condición de la persona, sino en las barreras que le ponemos».
«La sociedad empieza a entender que los límites no están en la condición de la persona, sino en las barreras que le ponemos»
Laura, hermana de una persona con discapacidad, trasladó esa reivindicación al terreno de lo cotidiano. «Nuestra calidad de vida depende mucho de los servicios y las ayudas que se nos ofrecen y la realidad es que no son suficientes», lamentó, señalando el impacto directo que esto tiene en el descanso, el tiempo en familia y la posibilidad de sostener una vida digna.

Laura Ferradanes. / Pedro Fernández
Desde la Fundación Juan XXIII, Diego puso el acento en la distancia entre la letra de la ley y su aplicación real. «Tenemos una ley, pero nadie se encarga de ver que esos requisitos se cumplan», advirtió. Y amplió la idea con un recordatorio: «Es una lucha del día a día no solo del 3 de diciembre». En su diagnóstico, el problema no es solo normativo: falta control, supervisión y coherencia para que la inclusión —especialmente la laboral— deje de depender de la voluntad y se convierta en obligación efectiva.
Inclusión social y laboral
El coloquio reconoció progresos en inclusión social y laboral, pero también una realidad persistente: el avance sigue siendo desigual y, en muchos casos, insuficiente para garantizar oportunidades estables y accesibles para todas las personas.

Raquel Olivares, trabajadora de la Fundación Juan XXIII. / Pedro Fernández
Desde el ámbito rural, A Granxa de Fina (Asociación SocioCultural Inclusiva Ecuestre) aportó una perspectiva basada en la práctica diaria. Marisé explicó cómo el trabajo con caballos y las rutinas ecuestres se convierten en un espacio de desarrollo real desde la infancia, mediante tareas funcionales y comunitarias.
«Lo que hacemos para que ellos no se sientan desplazados es que los niños sin discapacidad ayudan a los niños con discapacidad», resumió, reivindicando entornos donde el apoyo mutuo surge de manera natural y la convivencia rompe estereotipos sin necesidad de discursos. Pero también puso un matiz crítico sobre la distancia entre el mensaje y la realidad: «Se habla de inclusión, pero no hay una inclusión real», señaló. Y alertó sobre uno de los errores más frecuentes, la sobreprotección: «Si siempre les hacemos todo, les estamos quitando autonomía y autoestima».
«Yo solo quiero que nos escuchen y que no nos traten como niños , somos personas que valemos para todo»
Por su parte, la Fundación Juan XXIII expuso un modelo integral que combina formación, transición al empleo, empleo con apoyo y recualificación profesional. Diego insistió en que el acompañamiento es decisivo, sobre todo al inicio: «Un compañero que esté ayudándole, iniciando en el trabajo, porque hay muchos trámites», señaló, recordando que accesibilidad también es simplificar procesos y sostener con apoyos humanos.
Pero el debate también evidenció un punto ciego: el ocio y la vida comunitaria. Laura lo formuló desde la experiencia familiar: «No hay muchos espacios en los que realmente nos podamos ver más integrados para las personas dependientes », denunció.
Accesibilidad: el límite real de la integración
La palabra “accesibilidad” apareció como el reto que define la verdadera inclusión. No solo por las barreras arquitectónicas, sino también por las cognitivas, sociales y culturales.

Marisé Seoane, educadora social en A Granxa de Fina. / Pedro Fernández
Raquel resumió esa desigualdad entre derechos, oportunidades y autonomía: «Me encantaría que todo el mundo que quiera trabajar tuviese una oportunidad».
En esa misma línea, Marisé defendió estrategias adaptadas y prácticas: apoyos visuales, tareas paso a paso y, sobre todo, confianza. «Lo importante es dejar que ellos puedan realizar las tareas», insistió. Y lo resumió con una idea tan simple como contundente: «Si no les dejamos hacerlo, les estamos cerrando la puerta».
«Si siempre les hacemos todo, les estamos quitando autonomía y autoestima»
«La inclusión real empieza por conocer a la persona: qué quiere hacer con su vida y qué necesita para lograrlo», añadió Luque. Y recordó que el primer obstáculo muchas veces es invisible: «La discapacidad no siempre se ve: por eso el respeto y la educación son clave».
Colaboración empresarial: del compromiso a la práctica

Diego Chapela, director de la Fundación Juan XXIII. / Pedro Fernández
El tejido empresarial fue señalado como pieza clave en la inclusión laboral, aunque la mesa coincidió en que la realidad todavía está lejos del ideal. Diego fue contundente: «Las empresas tienen obligación de incorporar personas con discapacidad, pero la inspección de trabajo no pone el acento ahí».
«Las empresas tienen obligación de incorporar personas con discapacidad, pero la inspección de trabajo no pone el acento ahí»
La Fundación Juan XXIII explicó el papel de los incentivos (bonificaciones, ayudas y medidas alternativas de cumplimiento), pero defendió que la inclusión real exige continuidad y alianzas estables: «Tenemos que ir todos juntos y hacer proyectos integrados».
Tanto A Granxa de Fina como las entidades vinculadas a los programas de empleo destacaron sus sinergias con empresas locales, que permiten generar «trabajo funcional» y entrenar responsabilidad, habilidades sociales y sentido de pertenencia: insertar, sí, pero también sostener.
Mirando hacia el futuro
En las conclusiones, los participantes coincidieron en que la inclusión no puede depender de iniciativas puntuales: requiere planificación, coordinación entre administraciones y entidades, y continuidad en los apoyos para que los avances no se queden a medio camino.

Fotografía del coloquio «Inclusión y Empoderamiento: Avances y Desafíos para las Personas con Discapacidad». / Pedro Fernández
La inclusión, recordaron, se juega en lo cotidiano: en poder acceder a servicios sin barreras, en contar con apoyos para participar en actividades de ocio, y en que el empleo sea una opción real y estable para quienes desean trabajar, sin tener que renunciar a recursos esenciales.
Raquel cerró el coloquio con una petición tan política como humana: «Yo solo quiero que nos escuchen y que no nos traten como niños. Somos personas que valemos para todo». Y extendió el mensaje al conjunto de la sociedad: más oportunidades en el ocio y en el trabajo, y menos paternalismo.
Un cierre que resumió el espíritu de la jornada y dejó una idea final clara: la inclusión no es un lema, sino una práctica diaria que se construye desde el respeto y se demuestra escuchando.
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