En el interior de la provincia de Pontevedra y muy cerca de Vigo en coche, Ponte Caldelas destaca por su patrimonio natural, etnográfico y artístico, con especial mención a tres iglesias que no querrán perderse los amantes del arte sacro.  

Iglesia de Santa Eulalia

De fachada barroca de dos cuerpos, llaman la atención las cuatro campanas que se sitúan en el cuerpo central de su torre, finalizando en altura por una cúpula coronada en pináculo y cruz. Además, los visitantes encontrarán en su interior un retablo de piedra labrado por el genio del excepcional escultor Manuel González, autor también de la fuente de la Praza do Bispo, situada en el corazón de la villa. Sobresale asimismo el cruceiro figurado barroco, que se levantó en el año 1692.

Iglesia de Santa María de Tourón

Este maravilloso templo de origen románico atesora en su fachada una Virgen orante labrada en el año 1727 y donada por el abad Clemente Figueroa. También de la Edad Moderna data el escudo de la familia Pazos de Probén que presenta una de sus fachadas. El elemento más valioso del templo, datable a finales del siglo XII o principios del XIII es la fachada occidental, que conserva en su puerta dos arquivoltas ligeramente apuntadas, con baquetón al exterior y fuste de media caña al interior; bisel decorado con trazo en zigzag y chambrana de media caña lisa.  

Capilla de San Miguel de Contixe

Finalmente, esta capilla del S XVIII, que es fruto de una ampliación del templo anterior. La fachada principal, de gran sencillez, presenta una puerta cubierta por un arco de medio punto y una alta espadaña a modo de coronación; a ambos lados de ella entran dos pináculos piramidales. En el adro, en el que se yergue un modesto viacrucis, se encuentra un crucero de base cuadrada y una única plataforma sobre la que se levanta un pedestal tronco piramidal con las aristas rebajadas en la parte central. Por último, destaca la inscripción de 1870 en su fachada, en la que se pide una limosna para la Virgen de los Remedios.

Foxo do Lobo de Laxoso. // Cedida

Foxo do Lobo en Laxoso, una historia labrada en piedra

En las proximidades del río Verdugo, se encuentra esta típica construcción gallega, testigo del pasado rural

El topónimo de Laxoso hace referencia a la abundancia de Laxe (piedra en gallego) y precisamente amplios conocimientos en la materia habían de tener quienes levantaron el ‘Foxo do Lobo’ (lobera) de la localidad bautizada con este nombre, entre los emblemas de la zona y muy representativo de estas típicas construcciones gallegas. 

Localizado a 380 metros sobre el nivel del mar, en las proximidades del río Verdugo y muy cerca del límite municipal con los ayuntamientos de Cotobade y A Lama, esta construcción tradicional empleada antaño para dar caza al lobo en nuestro medio rural, está formada por dos muros de piedra de aparato ciclópeo (hoy muy desplomado) de unos 3 m de altura original, hasta 90 cm de anchura y 448 m de longitud. Se trata, según explican desde el concello, de una lobera de convergencia simple, tipología mayoritaria en Galicia y el noroeste de la Península. 

Tierra de canteros

En efecto y como bien indica su nombre, en Laxoso ha habido y hay muchas piedras; y donde hay abundancia de piedra de calidad hay también canteros que la trabajan.  La comarca de Terras de Pontevedra, a la que pertenece el ayuntamiento que nos ocupa, es famosa por sus pedreros, al punto que en esta comarca era el oficio mayoritario entre los hombres, cuando menos, desde la Edad Moderna. Maestros canteros (5 hombres), oficiales (129 hombres) y aprendices (42 hombres) eran las tres categorías profesionales posibles.