Las elecciones generales abren a Pedro Sánchez la posibilidad de seguir cuatro años en el Gobierno, al que llegó con el conglomerado, tan intestable que al final quebró, de los votos de la moción de censura contra Mariano Rajoy. El ya presidente en funciones se enfrentan ahora a los pactos necesarios para conseguir su investidura, lo que abrirá la senda de las alianzas posteriores de la legislatura. Aunque PSOE (123 diputados) y Ciudadanos (57) es la suma más directa para contar con una mayoría absoluta, las distancias marcadas por Albert Rivera durante la campaña hacen que ahora sea una combinación más que dudosa. Los militantes congregados ayer ante el balcón de la sede del partido en Ferraz tenían un mensaje claro para su líder: "¡Con Rivera no!". "Creo que ha quedado bastante claro", respondió Pedro Sánchez, quien el último día de campaña hizo un gesto de acercamiento a la formación naranja al pedir que reconsidere sus posiciones y contribuye a la gobernabilidad.

Sánchez anticipaba anoche que los socialistas no van a poner cordones sanitarios como hizo en la campaña Ciudadanos con el PSOE. La "única condición" que los socialistas pondrán para pactar será "respetar la Constitución" y los tres objetivos que el PSOE se fijó en esta campaña: "avanzar en justicia social, en convivencia entre territorios y en ejemplaridad en el ejercicio de la política".

Sánchez se muestran partidario de gobernar en solitario, con un Ejecutivo de independientes y, previsiblemente, de perfil similar al que ahora tiene. Necesitará la concurrencia de Unidas Podemos, del PNV y de alguna otra formación para conformar un núcleo estable. El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, fue uno de los primeros en hablar con Sánchez por teléfono unas vez clarificados los resultados. Tras la obligada felicitación se ofreció para formar "un Gobierno de coalición de izquierdas", una propuesta en la viene insistiendo durante toda la campaña electoral.

Para la expresidenta andaluza Susana Díaz, lo ocurrido ayer es una forma de sacarse la espina de las elecciones autonómicas de diciembre, tras las que fue desalojada del gobierno por la suma de los votos del PP, Ciudadanos y Vox. "Hemos ganado con rotundidad las elecciones en Andalucía y en el conjunto de España", constataba anoche la que fuera la principal rival interna de Sánchez, para quien los resultados son "una moción de censura en las urnas al trifachito de derechas que en estos momentos gobierna en Andalucía".

Desde la óptica territorial, los resultados perfilan buenas expectativas para los socialistas ante los comicios locales y autonómicos de mayo. El PSOE fue el partido más votado en siete de las ocho ciudades más importantes de España: Barcelona, Madrid, Málaga, Murcia, Valencia , Sevilla y Zaragoza.

La victoria de ayer muestra también el acierto jugada táctica de encadenar ambos procesos en una secuencia separada por apenas un mes, una decisión que resultó complicada en el momento de fijar el calendario.