Galerías históricas

Polycommander, la primera marea negra que asoló la ría de Vigo

Polycommander

Polycommander / Magar

R.V.

Un 5 de mayo de 1970 el petrolero noruego Polycommander encalló en los bajos de la isla de Monteagudo. El buque había salido de Líbano y se dirgía a Francia. Paró en la ría de Vigo de forma circunstancial para dejar a una camarera que estaba indispuesta y necesitaba atención hospitalaria. Al salir de allí chocó contra uno de los arrecifes de la isla norte del archipiélago de Cíes y  se rasgó el casco por su costado de babor provocando el vertido de la carga, concretamente de 15.000 toneladas de crudo. Además, se produjo un incendio por la combinación del petróleo y las chispas que salieron del tubo de escape. El fuego se mantuvo activo 30 horas, se extendió por todo el buque y se produjeron varias explosiones.

Esta fue la peor catástrofe medioambiental ocurrida en la ría de Vigo. Las consecuencias para el litoral y los residentes fueron nefastas. Aunque no murió nadie (los 39 tripulantes fueron rescatados con vida), el día a día de muchos vecinos -como los de la isla de Ons- se vio afectado por la marea negra.

Durante dos meses y medios el Polycommander estuvo embarrancado en las Cíes. Más tarde fue trasladado a Barra y finalmente lo compraron los griegos para ponerlo a punto y darle una nueva vida. Pese de los 15.000 toneladas perdidas, la mayor parte del crudo se pudo rescatar.

Del desastre de este buque quedaron para el recuerdo algunas historias curiosas, como la del perro Mishka, que saltó del petrolero en llamas y nadó desde Cíes hasta la ciudad. El animal era un miembro más de la tripulación, pertenecía a uno de los marineros, pero se había ganado el cariño de todos. Cuando ocurrió la tragedia, nadie se acordó de él. Los marineros fueron rescatados y trasladados al hotel Pajariño, que estaba ubicado en Montero Ríos.

El hijo de los propietarios del alojamiento envió una Carta al Director que llegó a FARO en 2020 recordando el milagroso desenlace de Mishka. Días más tarde del rescate humano, un pequeño can negró sorprendió a los marineros en el hotel. Ellos no pudieron contener la emoción y saltaron de alegría: el perro había nadado desde Cíes.

Ni los navegantes se lo pudieron llevar en su repatriación, ni los propietarios del Pajariño se lo podían quedar. Por suerte, apareció un joven sacerdote que quiso hacerse cargo, Xavier de Esquíbel. Por aquel entonces era el capellán de la Escuela Náutico Pesquera.

Suscríbete para seguir leyendo