Galerías históricas
Marineros a tierra: 30 años del drástico recorte a la flota gallega del banco canario-sahariano
El 1 de diciembre de 1995 entró el vigor el acuerdo pesquero entre la UE y Marruecos que redujo drásticamente las flotas española y gallega en el caladero. Un amargo final a meses de agitadas protestas de los marineros de O Morrazo y A Guarda, que permanecían con los barcos amarrados desde mayo: neumáticos y troncos ardiendo en la AP-9, en la vía férrea e incluso en la pista de Peinador; un catamarán secuestrado; una huelga general, decenas de manifestaciones y cortes de tráfico; y no pocos enfrentamientos con los antidisturbios…

¡A las barricadas por el banco canario-sahariano! / Ricardo Grobas
La flota gallega que faenaba en el banco canario-sahariano amarró el 1 de mayo de 1995. Había expirado el acuerdo con Marruecos que permitía a un buen número de barcos españoles pescar en él. Para desesperación de cerca de medio millar de marineros, las conversaciones se prolongaron durante meses, ante la fuerte reticencia de las autoridades alauitas de renovar el pacto pesquero. Sus duras exigencias acabarían con la pérdida del caladero y la reestructuración de la flota.
La lentitud de las negociaciones agotó la paciencia de los marineros de O Morrazo y A Guarda, especialmente de los primeros, que protagonizaron una marea de agitadas y violentas protestas durante seis convulsos meses.

Barricada en llamas en la pista de Peinador, el 25 de octubre de 1995. / Magar
Barricadas en la AP-9, la vía del tren y la pista de Peinador
Al grito de «Se isto non se asume, lume, lume, lume», los marineros realizaron numerosos cortes de tráfico en la AP-9, en la vía del tren, en la carretera a Bueu y a Moaña, en la frontera con Portugal… con barricadas ardiendo e incluso coches volcados. En varias ocasiones lograron colapsar durante horas el puente de Rande, los accesos a las ciudades de Vigo y Pontevedra y el puente internacional de Tui.
Hasta tomaron dos oficinas de distintas entidades bancarias en Cangas para reclamar -sin éxito- que no se ejecutasen los embargos debido a créditos pendientes, ya que llevaban varios meses sin trabajar y recibiendo un subsidio de 73.000 pesetas (439 euros) que no les permitía hacer frente a su día a día. De hecho, el sector urgía elevar esa cuantía hasta las 150.000 pesetas (900 euros).
En otra sonada acción, marineros de Cangas volcaron en pleno centro de la villa un coche camuflado de la Policía Nacional. No fueron pocos sus enfrentamientos con los antidisturbios durante las protestas ni las concentraciones frente al cuartel de la Guardia Civil.
El 10 de octubre, los cuatro concellos de O Morrazo echaron el cierre en una huelga general que transcurrió sin incidentes y culminó con una manifestación histórica por las calles de Cangas, con 10.000 asistentes.

Huelga general y manifestación en Cangas, el 10 de octubre de 1995. / Cameselle
Secuestro de un catamarán
El 31 de mayo de 1995, la ría de Vigo fue testigo de un nuevo secuestro, como habían protagonizado los trabajadores de Ascón una década antes.
Para aquella mañana, los marineros habían acordado un corte de tráfico en Cangas y tras él embarcar hacia la ciudad olívica para realizar un encierro.
En medio de la ría, ocho encapuchados obligaron al patrón del «Crucero de Hío», de la empresa Vapores de Pasaje, a detener la marcha. Solicitaron a los representantes sindicales que asumiesen la portavocía, pero CC OO y UGT se desmarcaron del asalto al no estar de acuerdo con una acción que se salía de lo pactado.
A bordo se vivieron momentos de tensión con los pasajeros, que recriminaron a los trabajadores la toma del catamarán.
Tras una hora, los asaltantes decidieron poner fin al secuestro y ordenaron al capitán poner rumbo a Cangas. Una vez allí, permanecieron dentro del barco hasta que aparecieron los trabajadores de Massó, que a su vez también protagonizaban una manifestación, y que respaldaron la protesta de los marineros.

Secuestro de un catamarán que unía Cangas con Vigo el 31 de mayo de 1995. / Cameselle
Pérdida del caladero
La férrea postura de Marruecos durante las negociaciones obedecía a su determinación de que el nuevo pacto pesquero sobre el banco canario-sahariano fuese el último, como finalmente ocurrió.
Las negociaciones se extendieron seis meses, para desesperación de los marineros, debido a la falta de avances. El gobierno alauita exigía una fuerte reducción de capturas y realizar las descargas en su país; además daba un plazo de cuatro años a la flota española para reestructurarse: relocalización en otros sectores o caladeros, desguace de barcos y subsidios para marineros.
El acuerdo se cerró el 13 de noviembre -con entrada en vigor el 1 de diciembre-, con una caída drástica de la flota y de las cuotas: del 39% en pulpo, del 28% para el arrastre y del 20% para el palangre, cifras inferiores a lo pretendido por Rabat.
La pérdida del banco canario-sahariano, que se materializaría al término de este acuerdo en 1999, dejó sin trabajo a cientos de marineros en todo el país. Para tratar de paliar su impacto, la UE concedió a los trabajadores afectados primas para que diversificasen su actividad.
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