«Chocolates La Perfección, ¡qué ricos son!»: aquel imperio a la taza fundido en Vigo
El emporio vigués del cacao cerró un 9 de diciembre de 1999, asfixiado económicamente por la competencia. El conflicto laboral, con una treintena de despidos, y el litigio por la apropiación de las marcas La Perfección, Sabú y Viso supuso el más amargo final para una empresa fundada en la ciudad en 1920 y que lideró el mercado por tres generaciones

Sabú-La Perfección / FdV
En 1993, Chocolates Sabú-La Perfección añadía en sus envoltorios a Pelegrín, aquella simpática mascota del Xacobeo. Sus principales productos, los turrones y el cacao a la taza, no faltaban en las mesas navideñas. Por entonces, la marca fundada en Vigo producía 1.000 toneladas anuales que vendía principalmente en Galicia, aunque también exportaba a Portugal y Canadá.
Seis años después, un nueve de diciembre, despedía a sus treinta empleados. Había entrado en suspensión de pagos en julio de 1998 y la familia propietaria -los Alonso- decidieron venderla a Rumasa, el conglomerado empresarial de José María Ruiz Mateos. Lejos de reflotar el negocio, la transacción supuso el final más amargo para el que fue el imperio vigués del chocolate.
Fundada en 1920
«La Perfección» nació en la calle García Olloqui. Joaquín Rodríguez, un maragato (natural de León), se asentó en Vigo tras lograr cierto capital después de 20 años en Argentina. En 1930, la fábrica se trasladaría a García Barbón, a un adosado de la antigua fábrica de harinas La Molinera. Allí, José «Pepín» Alonso (nieto del fundador) aprendió desde muy pequeño un negocio que llegó a ocupar el primer rango en la industria del chocolatera de Galicia.

José «Pepín» Alonso, en las instalaciones de Chocolates Sabú-La Perfección en 1993. / Jesús de Arcos
«Pienso que el tremendo esfuerzo que se tradujo en el descubrimiento de América hubiera merecido la pena aunque solamente hubiera sido para conocer el cacao», ensalzaba en FARO en una entrevista en 1993, cuando la marca ya empezaba a notar los problemas derivados de la entrada de España en la Comunidad Económica Europea. La libre entrada de productos de otros países, con sus multinacionales y precios más competitivos, y las agresivas políticas de las grandes superficies comerciales fueron deshaciendo un negocio hasta entonces próspero.
«Es un momento duro pero que esperamos superar, porque hoy en España las principales industrias elaboramos unos chocolates que nada tienen que envidiar a los suizos, alemanes, franceses…», se mostraba optimista pese al oscuro panorama.
A finales de los 70 y principios de los 80, «Pepín» Alonso absorbe a su competencia, Chocolates Viso, y traslada su factoría a la parroquia de Sárdoma, ante la presión urbanística del centro urbano.

Estado de las instalaciones de Chocolates La Perfección, Sabú y Viso, en 2001. / Ricardo Grobas
Suspensión de pagos, venta a Rumasa y colapso
Chocolates La Perfección-Sabú-Viso aguantó hasta 1998. Económicamente asfixiada, entró en suspensión de pagos en el mes de julio y, ante la situación, la familia propietaria optó por la venta del negocio a Rumasa. El 9 de diciembre de 1999, las 33 personas que integraban su plantilla -en su mayoría mujeres- fueron despedidas.
Las reclamaciones por sus despidos ascendían a 1,4 millones de euros, de los que en un primer momento solo cobrarían un 40%. La propiedad de las marcas constituyó un ingrediente principal del litigio, ya que las compensaciones por su uso supondrían liquidar la deuda contraída con la ya explantilla. En el año 2000, los exempleados denunciaron que la nueva dueña-Trapa- usaba en sus envoltorios la imagen tradicional creada en Vigo y que les pertenecía, puesto que la habían adquirido en subasta por 360.000 euros.
En 2002, el Supremo condenó a dos años y medio de cárcel al hijo de «Pepín» Alonso (Alfonso Joaquín Alonso Rodríguez) y a un testaferro de Ruiz Mateos por apropiación indebida, estafa y falsedad de documento público en el proceso de venta de la fábrica viguesa a Rumasa.
No se cerraría ahí el caso: tras casi ocho años de litigio por la propiedad de las marcas, un juzgado condenó a Trapa por «aprobación indebida», dando la razón a la explantilla.

Turrones Sabú en venta en un supermercado. / FdV
Un cuarto de siglo después del fin del imperio vigués del chocolate, Sabú ha sobrevivido en el mercado y por estas fechas vuelve a las mesas navideñas. La marca es ahora comercializada por Europraline (Trapa), que lo distribuye a las principales cadenas de alimentación.
Sus turrones y chocolate a la taza, producidos en Palencia, adquieren en nuestra ciudad un sabor muy especial, el de la dulce nostalgia.
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