Los riesgos de la luz artificial para las personas y el ecosistema pueden resumirse en tres grandes campos: la protección del cielo nocturno y el resplandor luminoso, la salud humana en lo referido especialmente a la iluminación en horas nocturnas y la interacción con el ciclo circadiano y por último los efectos de la luz en los ecosistemas nocturnos.

Una de las soluciones para evitar estas amenazas se presenta en forma de iluminación LED, cuyos posibles riesgos han sido estudiados por el Comité Español de Iluminación (CEI) y resumidos por la delegación en Galicia de este organismo. En las conclusiones del trabajo se afirma que la iluminación LED bien usada puede contribuir a disminuir el resplandor luminoso nocturno, pero se advierte que el hecho de poder usar una tecnología mucho más eficiente puede llevar a incrementar los niveles luminosos, lo que conllevaría un mayor resplandor luminoso.

Los expertos del grupo de trabajo del CEI recomiendan acompañar la difusión de la tecnología LED con acciones para el fomento de una nueva cultura de la luz que evite las tendencias al exceso tan arraigadas en nuestra sociedad, de manera que pueda lograrse de modo efectivo un ahorro de recursos gracias a la iluminación con LED, a la vez que se limite la contaminación lumínica. En esto los LED pueden ser un gran aliado si se combinan con adecuados sistemas de control para la regulación del flujo luminoso y adecuados sistemas ópticos para cada aplicación.

Buenas prácticas

Desde este punto de vista, hace tiempo que cunde un consenso interdisciplinar que suele resumirse en una serie de puntos que ya forman parte de las buenas prácticas en ingeniería del alumbrado: iluminar aquello que realmente lo necesita; iluminar en los intervalos temporales en los que es realmente necesario; evitar la emisión de flujo luminoso por encima de la horizontal; evitar la intrusión lumínica (emisión de flujo luminoso hacia áreas diferentes de la que se necesita iluminar); emplear niveles de iluminación ajustados a las necesidades del uso, con posible regulación temporal no ya del encendido o apagado, sino de la intensidad; y emplear luz con las características espectrales adecuadas para el uso previsto, limitando en lo posible la luz de longitud de onda corta (azules).

Este grupo de trabajo del CEI recomienda que se incluyan en los proyectos de iluminación los medios técnicos necesarios para reducir la contaminación lumínica a la vez que aconsejan que en las reformas de alumbrado que impliquen el paso a luz más blanca o azulada que la existente, se tienda de manera sistemática a una reducción de niveles suficiente (siempre manteniendo lo requerido por la normativa, la seguridad y las necesidades de uso de los espacios iluminados).

Iluminación LED y salud

Las conclusiones del estudio de “Posibles riesgos de la iluminación LED para la salud” abordan varios aspectos relacionados con el uso de la iluminación artificial y ofrecen recomendaciones a tener en cuenta.

Para mantener una buena salud es necesario que el sistema circadiano funcione correctamente. La luz es el principal sincronizador del sistema circadiano y por tanto, es importante que el día sea día y la noche sea noche, lo que implica hacer un uso adecuado de la iluminación tanto en el interior de edificios como en el exterior, y respetar un mínimo de horas de oscuridad.

Los niveles de iluminación habituales en interiores en horario diurno, si bien suficientes para asegurar el rendimiento visual, son notablemente inferiores a los encontrados en el medio natural. Por el contrario, en horas nocturnas y tanto en interiores como en el exterior, los niveles de iluminación artificial son sensiblemente superiores a los niveles naturales a los que nuestra biología está evolutivamente adaptada. Por eso, una iluminación saludable debe procurar recuperar el contraste día-noche, aumentando los primeros y disminuyendo los segundos.

La luz recibida a deshoras en cantidades o con composición espectral inadecuada es un elemento disruptor del sistema de regulación circadiana, con potenciales efectos negativos para la salud humana.

Los efectos de la luz sobre la fisiología humana dependen de un gran número de factores, entre ellos de la intensidad, el espectro, la duración de la exposición, el momento en el que ocurre, la forma de administrar la luz, la historia de exposiciones previas y la edad de la persona. A igualdad de factores, la luz azul es mucho más eficaz que la de otras longitudes de onda para provocar efectos de importancia sobre el sistema circadiano. Pero estos efectos pueden ser provocados por luz de cualquier composición espectral, si su intensidad es suficiente.

En cuanto a la iluminación nocturna en exteriores, no debe primar sólo el criterio de la eficiencia energética, por lo que se recomiendan lámparas en cuyo espectro se encuentre reducida la banda del azul, reduciendo la temperatura de color (CCT) del alumbrado público. Además, se deben disminuir los niveles de iluminación innecesariamente altos.

En la remodelación o nueva instalación de alumbrado público exterior se debe prestar atención a que la nueva iluminación no cree efectos negativos sobre el sistema circadiano, usando fuentes de luz con bajo contenido de luz azul o sistemas variables que permitan disminuir tanto la temperatura de color como el nivel de iluminación a lo largo de la tarde noche alcanzando los niveles más bajos posibles en las horas nocturnas.

Los fabricantes deben proporcionar el espectro de emisión de sus lámparas y luminarias de igual modo que se informa de su eficacia luminosa o su eficiencia energética.

Se recomienda mantener la relación entre la iluminancia y la temperatura de color de las fuentes en las instalaciones de alumbrado exterior dentro de niveles compatibles con las curvas de Kruithof. También es imprescindible desarrollar una normativa para evitar la intrusión del alumbrado público en el ámbito privado.

Las recomendaciones para alumbrado público son aplicables a la iluminación en interiores. Es necesario desarrollar tecnologías que minimicen la disrupción circadiana en el hogar y en el trabajo, manteniendo el rendimiento visual requerido. En particular, a la vista de que la exposición a luz excesiva por la noche, incluyendo la debida al uso de pantallas luminiscentes, puede causar disrupción del sueño y agravar los desórdenes del mismo, especialmente en menores de edad, se recomienda utilizar fuentes de luz con el mínimo contenido posible en la banda azul en horas nocturnas.

Durante las horas diurnas, en aquellos casos en los que no se pueda recurrir al uso de luz natural, se recomienda elevar los niveles de iluminación y la temperatura de color de las lámparas, especialmente por la mañana, manteniendo la luminancia de las mismas dentro de límites seguros.

Para la protección del sistema visual ante riesgos específicamente contemplados en la norma EN 62471, se deben establecer límites legales al grupo de riesgo de las lámparas que se pueden instalar en espacios interiores y exteriores para iluminación de propósito general. Para riesgos fotooxidativos no contemplados en esa norma (entre otros, exposición aguda en periodos de tiempo superiores a 10000 s y la exposición crónica a niveles inferiores a los niveles máximos fijados en la norma), se recomienda utilizar fuentes de luz con la menor radiancia posible dentro de la banda de sensibilidad al daño por luz azul.

De acuerdo con las recomendaciones de la ANSES, fabricantes, administración y laboratorios independientes deben evaluar cuantitativamente e informar del desgaste de las capas de fósforos de las fuentes pc-LED, que podría conducir, con el tiempo, a un nivel más elevado del grupo de riesgo fotobiológico.

La unificación de criterios de cuantificación de la luz en investigaciones, la ausencia de estudios sobre la exposición a la luz en sujetos individuales y en especies diurnas y la aplicación del principio de precaución en el desarrollo de nuevas tecnologías cronosaludables son otros aspectos en los que incide este informe del grupo de trabajo del Comité Español de Iluminación.