Fortnite se ha consolidado como uno de los videojuegos más importantes en el mundo, pero también como uno de los juegos que mayores problemas de adicción genera en niños y adolescentes. El pasado septiembre se daba a conocer el primer caso de un joven español que fue hospitalizado durante dos meses para controlar su adicción a Fortnite, tras jugar 20 horas a diario.

Según datos 2021 de Qustodio, los menores de todo el mundo juegan a Fortnite una media de 98 minutos al día. Un tiempo superior a la media que pasan los niños y niñas con videojuegos en España, 56 minutos, según el Informe anual de 2020 de Qustodio sobre los hábitos digitales de los menores.

En 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó de forma oficial la adicción a videojuegos dentro de los “trastornos mentales, del comportamiento o del desarrollo neurológico”. La educación que damos a nuestros hijos e hijas sobre el uso de Fortnite y otros videojuegos va a condicionar la relación sana o la adicción que tengan con ellos.

¿En qué consiste Fortnite?

Se puede jugar a Fortnite de dos formas. Por una parte, en la versión individual, Save the World, el jugador tiene que sobrevivir a una tormenta y unirse al resto de humanos que hay en el mundo para matar a los zombies; por otra parte, en la versión multijugador, Battle Royals, pueden entrar hasta 100 personas en una misma partida y el objetivo es matar al resto de jugadores para quedar solo uno. En esta última modalidad, se puede jugar solo, por parejas, o por equipos.

Los jugadores tienen un shooter, es decir, usan armas para sobrevivir y matar al resto. En contraposición con otros videojuegos violentos, Fortnite no presenta sangre en sus grafismos.

No está recomendado para menores de 12 años, ya que además de exponerse a imágenes con violencia, la versión multijugador posee un chat en el que cualquier desconocido puede dirigirse a ellos.

¿Por qué Fortnite genera adicción?

El estudio Generación Z y Fortnite: Lo que engancha a los más pequeños de la Universidad de Lleida señala algunos de los ‘enganches’ presentes en este videojuego que hace que no queramos parar de jugar: el instinto de supervivencia para estar alerta constantemente mientras se juega; la promesa de recompensa, que implica que, aunque en una partida no se gane, en la siguiente es posible que se consiga la recompensa; la personalización de los personajes al poderles poner rasgos propios nuestros, etc.

Asimismo, tras realizar una encuesta a 561 niños españoles, los resultados mostraron que lo que más gusta del juego a estos menores entre 8 y 11 años es la emoción de que no les atrapen ni maten a su personaje, así como el hecho de que cada partida sea nueva y nunca se repita lo mismo. Este estudio concluye que la popularidad del juego se debe a un proceso de bola de nieve: si el resto de compañeros o amigos de alrededor juegan, los demás no quieren sentirse excluidos.

Además, como explicó la psiquiatra Marian Rojas en esta ponencia, cada vez que se juega a videojuegos se genera placer y se libera la hormona de la dopamina constantemente. Tenemos adicción a la sensación que genera la dopamina al jugar a Fortnite y a otros juegos.

Claves para educar a los niños en una relación saludable con los videojuegos

Los niños y niñas no tienen autocontrol sobre aquello a lo que juegan. La solución para evitar adicciones, no pasa por la prohibición, sino por una educación sana hacia las pantallas y videojuegos. Somos los padres y madres quienes debemos poner un límite y unas normas desde que son pequeños.

La Asociación España del Videojuego (AEVI) aporta a padres y madres una serie de recomendaciones para que los hijos hagan un uso responsable de los videojuegos:

  1. Jugar con los hijos: Solo si jugamos con ellos, podremos entender a qué imágenes de violencia están expuestos.
  2. Seguir el sistema PEGI: Las recomendaciones de edad vienen señalados con una etiqueta verde en cada videojuego.
  3. Promover videojuegos más educativos: Ellos deben ser quienes decidan a qué videojuegos jugar, pero también podemos presentarle entre sus opciones otros juegos con los que pueden desarrollar habilidades más educativas.
  4. Usar el control parental: Los videojuegos, al igual que el resto de las pantallas como móviles, tablets u ordenadores, no pueden ser la única opción a ocupar en el tiempo libre de los niños, niñas y adolescentes. Cuando son pequeños, debemos establecer un tiempo límite a través del control parental, así como hacer otras actividades al aire libre.
  5. Conocer a los amigos virtuales: En los juegos con la opción de multijugador están expuestos a muchos desconocidos. Debemos señalarles que las personas de los chats no son sus amigos, y que si se encuentran incómodos en algún momento, pueden avisar a sus padres.
  6. Fijar reglas: Los niños no pueden coger los videojuegos cuando ellos quieran, sino que deben respetar los límites de uso que les pongamos.
  7. Primero el tiempo de estudio, después ya pueden jugar: A lo largo de la tarde hay tiempo para todo tipo de actividades, pero antes de los videojuegos, deben hacer sus tareas.
  8. ‘Game parties’ en familia: Jugar todos en familia permite mejorar la conexión y el vínculo con nuestros hijos.
  9. Situar las consolas en zonas comunes. De esta manera, evitaremos que tengan la tentación de coger los videojuegos cuando no es el momento.
  10. Enseñarles a diferenciar entre realidad y ficción: Para ello, podemos hacer más excursiones con ellos o invitar a sus amigos para que realicen otras actividades más allá de estar con los videojuegos.