Alimentación
El chorizo vegano de Nigrán apunta al medio millón de facturación en su décimo aniversario
Calabizo prevé incrementar sus ingresos y sus instalaciones en Porto do Molle: «El espacio se nos queda pequeño»

De izq. a dcha., Keila Pousa, Edurne Sendra, Carmen Rial y María Figueroa. / FdV
Edurne Sendra y Keila Pousa, una ingeniera agrónoma y una economista apasionadas por la gastronomía y la innovación, se unieron para cubrir una necesidad de un mercado emergente: la población vegana. Dieron a luz en 2015 a Calabizo y la pusieron a funcionar en 2016. Es el nombre de la empresa, con sede en el parque empresarial de Porto do Molle, pero también de su producto estrella: el primer embutido vegano del mercado con aspecto, olor, textura y sabor a chorizo tradicional, inspirado en una receta ancestral de chorizo gallego de calabaza, de Ourense. La previsión en su décimo aniversario es alcanzar el medio millón de facturación. En 2025, se quedó en casi 450.000 euros y, en 2024, en unos 380.000 euros.
Son cinco mujeres en la plantilla de esta firma, que dispone de fábrica y oficinas en Nigrán, concello que la vio nacer y la verá desarrollarse aún más. «Tenemos perspectiva de crecimiento. Ahora mismo, el espacio se nos está quedando pequeño. El año pasado, hicimos una pequeña ampliación y, este año, haremos otra. La previsión es que, en dos o tres años, podamos hacer un crecimiento más sólido», apunta Sendra antes de dejar claro que Calabizo permanecerá en Porto do Molle. «No nos vamos a mover de donde estamos; nacimos aquí y la idea es continuar aquí, donde podemos seguir ampliando el espacio. Acabamos de duplicar la superficie que teníamos arrendada y hay posibilidades de seguir creciendo», añade.
Aproximadamente, el 85% de las ventas de Calabizo se registran en España. También tiene clientes vía «online» en Europa y presenciales en Estados Unidos, Bélgica, Francia, Reino Unido, Austria o Italia. Sus productos, caracterizados por ser «sostenibles» y tener un «elevado contenido en fibra alimentaria», están disponibles en unos 800 puntos de venta, con presencia significativa en Galicia y el resto del Estado. «Trabajamos tanto con grandes superficies como con pequeñas tiendas: delicatesen, herbolarios y negocios de productos ecológicos», resume Sendra.
La compañía celebra la forma en la que se recuperó tras el conflicto de Ucrania y el Covid-19, situaciones que le afectaron «bastante»: «Hasta la pandemia, crecimos a doble dígito». Ahora, a velocidad de crucero, confía en alcanzar el medio millón de ingresos este año en base a una filosofía inamovible. «Nuestro proyecto se distingue porque lo fabricamos. Ahora, mucha gente vende productos que fabrica otra empresa y simplemente les pone la etiqueta. Nosotros hacemos todo el proceso. Por eso hemos ido tan lentas, porque tuvimos que investigar, conseguir la patente y desarrollar todo el «know-how» (conocimiento técnico). Fabricamos bajo patente y tenemos todo el proceso controlado, desde que entra la calabaza hasta que sale el producto», explica Sendra.
Toda la materia prima que utiliza Calabizo es vegetal. Esa es una de las características de la empresa. «La segunda es que no utilizamos ningún tipo de aditivo ni conservante: somos completamente «clean label». Y la tercera es que priorizamos la materia prima nacional, especialmente, la de Galicia. Lo que no encontramos aquí lo buscamos en el resto de España. Solo recurrimos a ingredientes de fuera cuando es necesario; por ejemplo, el tahini del humus, que, lógicamente, no se produce aquí. Todo lo demás que podemos comprar en kilómetro cero no lo buscamos lejos», traslada Sendra.
La empresa ofrece calabizo dulce, picante y ecológico, hummus con calabizo, hummus picante con calabizo, untable de pimientos, fabada vegetal y potaje de garbanzos con calabizo. Para elaborar el calabizo, se sigue la técnica de producción de los productos cárnicos: embutido, ahumado, fermentación y curado. Calabaza, cebolla, aceite de oliva virgen extra, pimentón, sal, ajo, orégano son sus siete únicos ingredientes. La compañía usa tripa artificial de origen vegetal, de celulosa, no comestible. El producto se ahúma con madera de roble antes de ir al secadero, envasarse y empaquetarse.
Calabizo «forma parte del cambio hacia un nuevo sistema alimentario más saludable y respetuoso con el entorno». De esta forma, aporta alternativas gastronómicas para ayudar a reducir el consumo de carne y aumentar la ingesta de vegetales. Nació como una marca para consumidores vegetarianos y veganos, pero las fundadoras se dieron cuenta de que el público al que podría ir dirigido se ampliaba al sector de personas con alergias e intolerancias al no contener gluten, huevo, lactosa y proteína de leche, así como a clientes con problemas de colesterol.
Reconocimientos
En estos 10 años de trayectoria de Calabizo, hay dos reconocimientos que las fundadoras recuerdan «con mucho cariño». «El primero es el premio del Basque Culinary Center, que nos distinguió como «startup» innovadora. Y el segundo son unos premios convocados por BBVA junto con El Celler de Can Roca en los que nos reconocieron como proyecto sostenible. Todo eso encaja con nuestra filosofía. Esos tres pilares van unidos. Solo fabricamos productos sostenibles; entendemos que no tiene sentido fabricar algo que no lo sea», asegura Sendra.
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