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Automoción

Stellantis baraja desprenderse de Brampton: sería la quinta planta desde que manda Filosa

Los sindicatos aseguran en Canadá que la compañía les informó del movimiento

Sigue la estela de las ventas de Villaverde y Rennes, la reconversión de Poissy o el cierre de Douvrin

Interior de la factoría de Brampton, en Ontario, Canadá.

Interior de la factoría de Brampton, en Ontario, Canadá. / Stellantis

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Adrián Amoedo

Adrián Amoedo

Vigo

Antonio Filosa tomó oficialmente las riendas de Stellantis el 23 de junio de 2025. La compañía le encargó la difícil tarea de dar la vuelta al grupo con planta en Vigo. Fue el momento de dar marcha atrás a los planes iniciados por su predecesor, Carlos Tavares, de volver a brillar en mercados clave cono EE UU, de recuperar la confianza de los clientes, de construir puentes con los proveedores y, también, de tomar decisiones «dolorosas, pero necesarias». En especial en cuanto a producto, tecnología y viabilidad de las plantas. En este año y dos meses con el italiano como consejero delegado, Stellantis decidió el cierre o la venta de cuatro factorías. Y la quinta apunta a ser la de Brampton, en Canadá.

El italiano logró pasar de los 22.300 millones de euros en pérdidas con los que la compañía acabó el año pasado a beneficios de 670 millones en este primer semestre. La clave fue retomar el mercado de Norteamérica, pero también lo han sido los pasos y decisiones estratégicas como el frenazo a la electrificación, el nuevo enfoque con los fabricantes chinos ante su masiva llegada a la UE o la reorganización de sus activos.

Sobre esto último, sobran ejemplos. El movimiento más reciente es la venta de la empresa de carsharing Free2move al fondo Mutares, pero antes Stellantis ya anunció la cancelación de las gigafactorías de baterías de Italia y Alemania, el cierre de la factoría de motores de Douvrin, en Francia, que se hará efectivo en las próximas semanas, y la reconversión de Poissy, que dejará de producir coches a partir de 2028 para ser otro un centro de investigación.

En lo que respecta a las plantas de vehículos, en los últimos meses estallaron muchos rumores sobre la venta o cesión de espacio productivo a diferentes marcas chinas. Y, de momento, se concretaron dos en suelo europeo para dos fábricas históricas: la de Villaverde, en Madrid, fundada en 1951 por el empresario ourensano Eduardo Barreiros (para Barreiros Diésel), y la de Rennes, en Francia, la joya de Citroën. En ambos casos la titularidad pasará a manos de una firma conjunta (joint venture), con un 49% para los asiáticos. En la capital española, para Leapmotor; en suelo galo, para Dongfeng.

Pero el punto de mira también está lejos de Europa. Ya desde comienzos de año se viene hablando de que el grupo quiere desprenderse de su participación en la gigafactoría que construye con la coreana Samsung en Kokomo, Indiana (EE UU), y ahora es el turno de la fábrica de coches de Brampton, en Ontario, Canadá.

Allí el sindicato local Unifor ha asegurado que la empresa «está considerando seriamente el cierre y la venta de la planta de ensamblaje», que se encuentra paralizada tras el abrupto traslado de la producción futura del Jeep Compass al país vecino, lo que levantó ampollas en Ottawa.

Por el momento Stellantis no ha confirmado el movimiento, ampliamente recogido por los medios locales. Para Unifor, «pone de manifiesto las peligrosas repercusiones de los aranceles al sector de la automoción impuestos por la administración Trump».

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