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Empleo extranjero

Reconstruir una vida laboral desde cero

Llegados de República Dominicana y Venezuela, Mairelis Medina y Wilfredo Quiroz no han logrado convalidar sus títulos de ingenieros civiles tras años en Galicia, pero no desisten

Participan en un curso de la Fundación Laboral de la Construcción para reciclarse en su sector, en busca de nuevas oportunidades: «Nunca había visto esta calidad de enseñanza»

Una oportunidad para reiniciar la vida laboral

Pablo Hernández Gamarra

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Vigo

A pesar del terremoto vital que implicaba cruzar el charco, Mairelis Medina no dudó en casarse con un gallego. Cambió República Dominicana por Vigo, donde lleva cinco años, y aun con todo el tiempo que ha pasado esta ingeniera civil sigue sin haber logrado convalidar su título académico, sin quedarle más opción que trabajar como teleoperadora en un call center y cuidando a personas mayores. «La resolución me llegó a finales de enero, cuando me negaron la homologación por no existir un convenio entre mi país y España», destaca. Desde entonces no se lo pensó dos veces. Empezó a reconstruir su vida laboral desde cero.

Mairelis es una de las alumnas que actualmente realiza el curso de instalador de placa de yeso laminado y falsos techos que impulsa la Fundación Laboral de la Construcción en su centro en la ciudad olívica. Es la antesala formativa para ser pladurista, en su tierra los trabajadores del chirro. En la isla caribeña se encargaba de dirigir las obras de diferentes edificaciones y vías públicas, por lo que conoce bien el sector en el que ahora se está reciclando.

Mairelis y Wilfredo, segunda y cuarto por la izquierda, junto al resto de alumnos del curso de instalador de placa de yeso laminado y falsos techos que impulsa la Fundación Laboral de la Construcción.

Mairelis y Wilfredo, segunda y cuarto por la izquierda, junto al resto de alumnos del curso de instalador de placa de yeso laminado y falsos techos que impulsa la Fundación Laboral de la Construcción. / Pablo Hernández Gamarra

Y si algo tiene claro es que «hay oportunidades para que las mujeres crezcan en la construcción». «Les recomiendo que vengan y que lo intenten», resalta. «Allí sería imposible hacer un taller así porque tienes que pagar todo, tanto las herramientas como las prácticas», añade la dominicana. De la misma opinión es Wilfredo Quiroz, también ingeniero civil y en su caso procedente de Venezuela. Él tampoco ha conseguido, de momento, convalidar su título, a pesar de llevar tres años y medio en la comunidad autónoma.

Al llegar aquí comenzó trabajando como ayudante de cocina en un hotel, y después en la obra, pero acabó optando por darle un impulso a su formación para mejorar sus condiciones laborales. «Se está desperdiciando talento por los problemas en las convalidaciones. Hay profesionales extranjeros muy capacitados que están barriendo las calles, sin ocupar los puestos para los que están cualificados», advierte. Aun así, reconoce estar «contento en España, un país de oportunidades». «Nunca había visto esta calidad de enseñanza», dice sobre la formación en la que participa, impartida por el profesor Diego Gaña.

Wilfredo Quiroz, taladro en mano, en una jornada del curso que imparte la Fundación Laboral de la Construcción.

Wilfredo Quiroz, taladro en mano, en una jornada del curso que imparte la Fundación Laboral de la Construcción. / Pablo Hernández Gamarra

«No basta con formar más personas», indica por su parte el presidente de la Fundación Laboral de la Construcción, Diego Vázquez Reino. «También es imprescindible mejorar la orientación profesional desde edades tempranas, dignificar socialmente los oficios, facilitar la incorporación de más mujeres al sector, impulsar la formación continua de trabajadores en activo y agilizar la homologación y regularización de profesionales extranjeros que quieran desarrollar aquí su carrera», subraya.

La dominicana Mairelis Medina, con una sierra, en una sesión formativa de su curso.

La dominicana Mairelis Medina, con una barra de aluminio, en una sesión práctica de su curso. / Pablo Hernández Gamarra / FDV

Según las estimaciones que maneja la entidad, el territorio gallego debe incorporar entre 3.000 y 4.000 nuevos trabajadores al año de todo tipo de perfiles (encargados de obra, jefes de equipo, albañiles especializados, encofradores, ferrallistas, carpinteros, electricistas, fontaneros, operadores de maquinaria y otros técnicos). «El relevo generacional es, probablemente, el mayor desafío que afronta hoy nuestra industria. Si queremos responder a la demanda de vivienda, de infraestructuras y de rehabilitación que necesita Galicia, necesitamos garantizar que haya profesionales suficientes y cualificados para hacerlo posible», evidencian desde el patronato.

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