Hogares
España se queda atrás en la renta: un 5,2% más en 19 años frente al 29,8% de la OCDE
La renta real disponible por habitante en España tarda dieciséis años en recuperar los niveles previos a la Gran Recesión, situándose por debajo de la media europea y de la OCDE

Archivo - Un hombre camina frente a un escaparate de anuncios de viviendas, en Madrid (España) / Ricardo Rubio - Europa Press - Archivo
España ha necesitado dieciséis años para recuperar la renta real disponible por habitante que poseía antes de la Gran Recesión, la crisis económica y financiera mundial iniciada entre 2007 y 2008, considerada la más grave desde la Gran Depresión de los años treinta. Desde entonces, la recuperación ha cobrado fuerza, pero a menor ritmo que sus homólogos europeos: los hogares han ganado un 5,2% frente al 16,9% de los Veintisiete y el 29,8% del conjunto de los países agrupados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
La brecha sigue siendo enorme, según un análisis elaborado por el Centro Ruth Richardson, a partir de datos de la OCDE. España se sitúa por debajo de la media de todas las economías avanzadas, tanto la Unión Europea, el G7 como los 38 países que agrupan la OCDE. ¿Por qué España no consigue cerrar la brecha al mismo ritmo que el resto de las economías avanzadas?
Santiago Calvo López, doctor en Economía y profesor de Economía Pública y Métodos Cuantitativos en la Universidad de las Hespérides, achaca la lenta recuperación a dos factores: una serie de 'shocks' económicos que han restado crecimiento a los hogares y las dinámicas de productividad en el país.
"A este ritmo, es complicado que España alcance el nivel de renta promedio de la UE", manifiesta el economista. "Para llegar a ello, tiene que efectuarse un cambio de modelo productivo, y hacer varias reformas estructurales", agrega. "Ahora parece que la política no tiene esa intención. Lo que vemos es que las dinámicas políticas no acompañan las dinámicas económicas del país para cerrar esa brecha", concluye.
Las réplicas de la Gran Recesión y la crisis de deuda
Desde 2007, los hogares españoles han afrontado una sucesión de crisis económicas que ha mermado su poder adquisitivo. La primera fue la Gran Recesión, desencadenada por el estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera internacional en 2008. Pocos años después, entre 2011 y 2012, la crisis de deuda soberana de la zona euro volvió a golpear con especial intensidad a España y a otros países del sur de Europa, como Portugal, Italia y Grecia. Calvo recuerda, además, que estos episodios tuvieron un impacto menor en economías como las de Alemania y Francia, por lo que constituyen solo uno de los factores que explican la brecha que España todavía mantiene respecto a sus socios comunitarios.
No obstante, también advierte de que, para reducir la brecha con la Unión Europea y la OCDE, no bastará con seguir creando empleo, sino que será necesaria una reforma estructural. "Nunca habían trabajado tantas personas en España", explica. Según el último dato disponible de la Encuesta de Población Activa (EPA), el número de ocupados aumentó en más de 4,1 millones entre el peor trimestre de la crisis sanitaria provocada por el covid y el segundo trimestre del año en curso. «En los últimos años ha mejorado la productividad por ocupado, pero trabajamos menos», sostiene. A su juicio, «a España le está costando crecer al ritmo del resto de la UE», en parte porque una proporción significativa de los nuevos empleos no es a tiempo completo ni se concentra en actividades de alto valor añadido.
El IRPF pasa factura a los bolsillos
A esta situación se suman la fiscalidad y la evolución de los precios en España. Aunque los salarios han registrado aumentos nominales desde 2007, parte de esa mejora del poder adquisitivo se ha visto absorbida por la inflación y por el incremento de la carga del IRPF. El experto atribuye este efecto, en parte, a que los tramos, mínimos y deducciones del impuesto no se han actualizado plenamente en línea con la inflación, lo que genera una progresividad en frío.
Calvo explica que esta combinación ha limitado la repercusión de la creación de empleo y de la mejora de algunos indicadores económicos, como el PIB, sobre la renta real de los hogares. En otras palabras, el crecimiento de la economía no se ha traducido con la misma intensidad en un aumento de la capacidad adquisitiva de las familias.
Tres Ejecutivos y tres ciclos económicos
Los hogares españoles han atravesado estas distintas etapas económicas bajo los tres gobiernos que han presidido la Moncloa desde el inicio de la Gran Recesión. José Luis Rodríguez Zapatero afrontó el estallido de la crisis, mientras que Mariano Rajoy asumió el poder en un contexto marcado por sus consecuencias y tuvo que gestionar, además, la crisis de deuda soberana europea. Las políticas de austeridad, incluidos los recortes en algunas prestaciones y servicios públicos, contribuyeron a deteriorar aún más la renta de los hogares, especialmente en 2012.
A partir de 2014, Calvo relata que los datos experimentaron una recuperación que se prolongó hasta el año 2018, en vísperas de la etapa de Pedro Sánchez. El mandato de Sánchez, según el economista, puede dividirse en tres fases: el crecimiento previo a la crisis sanitaria, el rebote del consumo en 2021, gracias al ahorro acumulado durante la cuarentena, y la crisis inflacionaria de 2022, marcada por el fuerte repunte de la energía tras el estallido de la guerra en Ucrania.
La crisis inflacionaria llevó al Banco Central Europeo (BCE) a encadenar diez subidas consecutivas de los tipos de interés, que aumentaron en 450 puntos básicos entre julio de 2022 y septiembre de 2023. El tipo de la facilidad de depósito, una de las principales referencias de la política monetaria, alcanzó el 4%, lo que también encareció las hipotecas variables y el resto del crédito.
A este factor se sumó también el fuerte crecimiento demográfico de los últimos años. España alcanzó por primera vez los 49,8 millones de habitantes el 1 de julio de este año, según el último dato del Instituto Nacional de Estadística (INE). En términos interanuales, la población aumentó en 444.205 personas.
Aunque la incorporación de nuevos trabajadores ha contribuido a impulsar el PIB y la renta agregada, las ganancias deben repartirse entre un número cada vez mayor de personas. Esta dinámica ayuda a entender por qué el avance del PIB no siempre se traduce en una mejora equivalente de la renta de los hogares. El aumento de la población puede impulsar el PIB agregado, pero su efecto sobre el PIB por habitante depende de que la producción crezca más que el número de residentes. "El crecimiento de la población eleva la producción total, pero también diluye sus efectos cuando se calculan en términos per cápita", concluye el doctor en Economía.
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Fuente: El Periódico
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