Automoción
La UE prepara más aranceles para el coche chino: ahora, a los híbridos enchufables
Bruselas busca equiparar las medidas aplicadas a los eléctricos para proteger el mercado
El Parlamento Europeo aprobó nuevas normas para la economía circular en la automoción

Un coche Jaecoo, del grupo Chery, desembarcando en el puerto de Málaga. / Chery

La guerra en Oriente Medio —que habrá que ver cómo evoluciona tras el último anuncio de Irán sobre el nuevo cierre del Estrecho de Ormuz— provocó una rápida escalada del precio del petróleo y de los combustibles. La situación hizo que, en algunas zonas como Galicia, se diese el empujón que necesitaba el mercado del vehículo eléctrico. Hasta mayo, el alza fue del 84% para los cero emisiones y del 52% para los híbridos enchufables. Muchos de los coches vendidos eran de marcas chinas, que acumulan una cuota más del 13% de todas matriculaciones gallegas, con importantes subidas de enseñas que solo comercializan unidades con estas motorizaciones, como es el caso de BYD o Leapmotor. La Unión Europea había intentado frenar la llegada de fabricantes subvencionados por el Gobierno de Xi Jinping a través de altos aranceles, pero no se había tenido en cuenta el peso que tienen los híbridos. Bruselas apuesta ahora por aplicar tarifas también para estos coches.
El medio germano Handelsblatt, que ya ha adelantado otros movimientos del seno comunitario, informó esta semana que la UE trabaja en nuevas medidas para proteger aún más su mercado frente a las importaciones chinas. Citando «altos funcionarios de la UE y fuentes de la industria», apuntaba directamente a la imposición de más aranceles, aunque en este caso para los híbridos enchufables o PHEVs, siglas en inglés para Plug-in Hybrid Electric Vehicle.
El bloque comunitario ya impuso gravámenes adicionales a los eléctricos importados desde China a mediados de 2024. Entonces, se habló de una investigación a algunos de los principales grupos y aquellos que no cooperaron recibieron las tarifas más altas a sumar al 10% estándar. Así, gigantes como Geely, dueña entre otras de la marca Volvo, recibió un arancel adicional del 18%; el líder mundial de coches cero emisiones, BYD, del 17%, mientras que SAIC, la empresa que comercializa MG, de un 35,3%. De hecho, uno de los principales motivos por los que decidió implantarse en Ferrol (con una inversión para una planta de ensamblaje CKD, coches despiezados) es precisamente el esquivar este tipo de aranceles, que ya dinamitaron proyectos como es el caso de Arcfox (del grupo BAIC) en el mismo puerto coruñés.
La medida de una nueva tarifa llega en un momento en el que los híbridos enchufables también están aumentando sus ventas, resquicio que han aprovechado algunos productores chinos para traer sus vehículos a Europa mientras no consolidan su implantación con fábrica propia, como es el caso de la propia SAIC, de Chery (que vende los Omoda y Jaecoo) en Barcelona o de Leapmotor, que producirá en las plantas de Stellantis en Zaragoza y Madrid. Además, se enmarcaría en la posición de los Veintisiete para hacer frente al déficit comercial existente con China y como paso intermedio hasta que no se defina la Ley de Aceleración Industrial, en fase de tramitación, o el Made in Europe, que obligaría a que al menos un 70% del vehículo sea de origen europeo.
Economía circular
Mientras se define o no ese arancel a los híbridos enchufables, esta semana el Parlamento Europeo también dio un paso importante vinculado a la producción de vehículos. Con 437 votos a favor, 112 en contra y 20 abstenciones, el PE aprobó nuevas normas sobre la economía circular en la automoción. En concreto, todos los coches nuevos deberán diseñarse de manera que permita desmontar fácilmente el mayor número posible de piezas y componentes.
Los eurodiputados dieron así el visto bueno al acuerdo alcanzado por los negociadores del Parlamento y el Consejo a finales de 2025 y que incluyen, por ejemplo, que los plásticos que se utilizan tendrán que estar formado por plástico reciclado en al menos un 15% en seis años, llegando al 25% en una década. La norma, que abre la puerta a introducir en el futuro otros materiales como el acero reciclado, el aluminio o el magnesio, en otros, también refuerza el control para la exportación de vehículos de segunda mano o aplica medidas más estrictas para la gestión al final de su vida útil.
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