Arranca el expediente
«A la caza del tesoro» en la ría de Vigo: una empresa inicia los trámites para extraer el botín millonario oculto en el buque «Ivy», naufragado hace 50 años
Técnica Administrativa Financiera quiere sacar con buzos y flotadores la mercancía de la embarcación, entre 25.000 y 30.000 toneladas de mineral de hierro que descansan en las proximidades de las islas Estelas
La Comandancia Naval de Vigo activa el expediente tras la solicitud cursada por la compañía, que necesitaría «entre dos y tres meses» para hacerse con un botín cuyo valor se sitúa entre los 2,2 y los 2,8 millones de euros

Buceadores ante un ancla del buque «Ivy», hundido hace medio siglo cerca de las islas Estelas. / Pablo Martínez
Cinco muertos y una treintena de supervivientes. Ese fue el balance que dejó el catastrófico incidente del buque Ivy, el mercante liberiano que naufragó hace medio siglo en las proximidades de las islas Estelas, a la entrada de la boca sur de la ría de Vigo y a la altura de Monteferro (Nigrán). Un fortísimo temporal condujo a la embarcación hasta el fatal siniestro, que se saldó con su embarrancamiento y lento hundimiento al ser imposible remolcarla, con su casco partido por la mitad. En el interior del carguero, construido en las gradas del astillero japonés de Ishikawajima, miles y miles de kilos de mineral de hierro quedaron sepultados bajo el mar, a una profundidad de entre 20 y 25 metros. Un botín que si nada falla se quedará la empresa Técnica Administrativa Financiera, con sede en Valencia, después de que la Comandancia Naval de Vigo haya iniciado el expediente para dar respuesta a la solicitud de extracción marítima realizada por la firma.
Fuentes del organismo de la Armada consultadas por FARO avanzan que la compañía ha comunicado su intención de sacar del mar el preciado contenido que portaba el barco en su última travesía por el Atlántico, que se inició en Brasil y tenía como destino Alemania. Estima que dentro hay entre 25.000 y 30.000 toneladas de rocas con un valor de entre 2,2 y 2,8 millones de euros. Los trabajos para llevar la mercancía a la superficie durarían «entre dos y tres meses», detallan los mismos testimonios, que indican que la operativa se efectuaría a bordo de barcazas equipadas con grúas y con buzos provistos de flotadores con los que subirían este tesoro.

El «Ivy», embarrancado en las proximidades de Las Estelas. A su lado, los remolcadores «José Elduayen» y «Vulcano», tras uno de los intentos fallidos de rescatarlo. / Barreiro
Pese a lo que pueda parecer, no será tarea sencilla; aún le queda mucho recorrido a esta fantasiosa expedición. Como ha publicado este jueves el Boletín Oficial del Estado (BOE), la Administración habilita ahora un plazo de un mes para recabar las alegaciones de las personas físicas o jurídicas que «se consideren con algún derecho sobre lo que se pretende extraer», como bien podría ser la armadora del Ivy, así como aquellas que «presenten cualquier interés legítimo sobre la extracción», como las instituciones públicas o entidades privadas que tengan voz sobre las maniobras que se pretenden llevar a cabo.
Esto es así por una razón muy concreta: el pecio del buque, naufragado hace 50 años, se ha convertido en una parte más del ecosistema de la ría de Vigo, habitando en su interior diferentes especies de flora y fauna que podrían verse afectadas por los trabajos proyectados por Técnica Administrativa Financiera. El siguiente paso será que se pronuncien Capitanía Marítima y la Autoridad Portuaria, que determinarán si es conveniente o no realizar la extracción. Pero también podrán tomar parte en el asunto el Gobierno y la Xunta a través de sus respectivos ministerios (Transición Ecológica y Pesca) y consellerías (Medio Ambiente y Mar), además de las cofradías de pescadores que faenen por la zona y las organizaciones ambientales que consideren que se puede producir un impacto significativo sobre la naturaleza.
«Si hay vida marina, normalmente no se da permiso», apuntan fuentes de la Comandancia Naval de Vigo, que señalan que en todo caso será «un proceso largo». Según los mismos testimonios, la viguesa Navaleva está haciendo de intermediaria entre el organismo de la Armada en la ciudad y la empresa valenciana.
El buque Ivy y sus 216 metros de eslora se hundieron en la ría olívica el 30 de enero de 1976. Propiedad de la armadora liberiana Bulk Navigation Company, la embarcación es hoy en día visitada por numerosos grupos de submarinistas experimentados que buscan zambullirse en la historia que esconden las aguas de las Rías Baixas, donde muchas criaturas han elegido grandes armatostes como este mineralero para forjar su hogar.
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