Entrevista | Santiago Martín Director de Armón Vigo y Astilleros Ría de Vigo
«Hemos formado gente, pero faltan empresarios dispuestos a contratar personal»
A las puertas de Navalia, el responsable del grupo asturiano en la ciudad destaca el poderío del sector y de los dos astilleros que dirige, cuya facturación «ronda los 100 millones de euros anuales»

Santiago Martín, director de Armón Vigo, con el primer buque para la Armada de Suecia a sus espaldas. / Pedro Mina

Santiago Martín (Vigo, 53 años) lleva más de 100 barcos construidos al frente de Armón Vigo. El naval, como lo define, es «una pequeña droga» de la que es difícil desprenderse, en especial en la ciudad olívica. La feria Navalia abre hoy sus puertas para la décima edición y el director del astillero olívico, el más grande de España de carácter privado tras integrar las instalaciones de la histórica Hijos de J. Barreras (hoy Astilleros Ría de Vigo), destaca en esta entrevista con FARO los logros de la empresa y del propio sector, además de analizar el futuro y los retos actuales.
— Se cumplen cuatro años desde que la justicia decidió asignar a Armón las antiguas instalaciones de Barreras. ¿Qué balance hace de este proceso?
— Creo que fue un éxito, en este caso, de la la juez concursal, porque lo pilotó todo de forma muy rápida. La solución fue en meses, en un proceso completamente nuevo, y a partir de ahí tomamos control del astillero. Fue muy fácil porque eran los vecinos, tiramos el muro y nos dedicamos a invertir. Primero en la compra y luego en las instalaciones y su modernización. El otro éxito ha sido que los propietarios del grupo Armón decidieron apostar por un símbolo de la ciudad. Le hemos dado una vuelta al astillero y es un poco parte del compromiso del grupo con Vigo; hemos botado ya más de 10 nuevas construcciones de alto nivel tecnológico, además de varar más de 20 o 25 barcos.
— ¿Qué facturación maneja Armon en Vigo?
— Es complejo decirlo porque depende del tipo de construcción que tengas y del año, pero ronda los 100 millones anuales.
— La compra fueron casi 15 millones, ¿y la inversión en estos cuatro años?
— Se invirtió prácticamente la misma cantidad, o incluso un poco más. Nuestro compromiso es que nuestras instalaciones estén al nivel de lo del producto que entregamos. Además, ha habido una inversión importante en formación, de la que estamos muy orgullosos.
— Son habituales las quejas por la falta de mano de obra. ¿Qué resultados han obtenido con su programa junto a Quattro Formación?
— Es parte de lo que ha funcionado muy bien en el antiguo Barreras. Hemos conseguido formar más de 50 trabajadores y hemos conseguido integrar más de 20 migrantes, incluso hemos conseguido la ciudadanía para muchos de ellos. Es parte también del compromiso social que tenemos con la ciudad, lo hemos trabajado directamente con la Xunta y con Quattro. Creo que ahí ganamos todas las partes: contratamos subcontratas, nosotros les entregamos la persona formada y le aseguramos que van a poder trabajar en nuestras instalaciones.

La construcción del buque para eólica de Bibby Marine. / Pedro Mina
— ¿Sigue siendo un problema en el naval la falta de trabajadores?
— Yo diría que ya es más un problema de empresario. Falta empresario dispuesto a contratar personal. Es decir, hemos conseguido formar gente en los últimos años y ahora lo que nos cuesta es que haya empresarios dispuestos a contratar gente. Parte del futuro es tener claro si tenemos capacidad para hacer los barcos. Los astilleros que sobrevivimos estamos teniendo carteras de pedidos importantes. Dentro de ese contexto, ahora hay que demostrar que podemos construir lo que hemos contratado. Creo que tenemos la capacidad técnica, pero hay que asegurar que tengamos la capacidad a nivel de cumplir entregas y, sobre todo, plazos.
— Y en ese contexto, ¿ha afectado la huelga de estos días con la cercanía del gran escaparate de Navalia?
— De alguna forma nos movemos en la gestión del conflicto. Es decir, pase lo que pase, vamos a pasar por conflicto. Es un fracaso de las dos partes, de la patronal y la parte social. No ha cambiado en 50 años, entonces ha llegado el momento de hacérselo ver y ser más originales, porque está claro que seguimos hablando de lo mismo y, sin embargo, las necesidades son distintas.
— ¿A qué se refiere?
— Los que están bien protegidos seguimos intentando protegerlos bien y, sin embargo, los que están desprotegidos, que son los chavales nuevos, los que necesitan entrar, implementar la formación, el talento, todo eso no forma parte nunca de las conversaciones. Eso es lo que tenía que cambiar. No deberíamos de estar hablando únicamente de salarios, que pueden ser bajos, pero vivimos en un mundo muy competitivo. Nuestra competencia no está en Europa, está muy lejos de nuestras fronteras. Lo que nos toca es hablar de productividad y competitividad, ver cómo somos capaces de que haya más compromiso por todas partes.
— Y faltaría convencer a la gente joven para que entre en el sector.
— Es en lo que tenemos que volcar el futuro, ver cómo somos capaces de revertir y explicar a la gente que esto no es un sector de conflicto, sino que es un sector que ahora mismo diseña y construye unidades como puede ser el Odón de Buen. Tenemos que saber vendérselo a los jóvenes, de ilusionar a los chavales para que vengan a trabajar aquí.
«El salario tiene que ir relacionado con la competitividad y la productividad»
— ¿Y no se les puede ilusionar con más salario?
— Sin duda. El salario es algo que, digamos, probablemente no esté al nivel. Pero eso tiene que ir relacionado con la competitividad y la productividad. Hemos mejorado mucho la herramienta y sin embargo las horas siguen disparadas. Hemos perdido muchísima productividad de la que teníamos hace unos años, tenemos que premiar de alguna forma subiendo salarios a la gente que sea productiva porque de nada sirve que subamos salarios si perdemos competencia. Tenemos que conjugar que tenemos una clase obrera de mucho nivel, buenos artesanos, con que somos capaces de subir los salarios en paralelo a subir la productividad. Lo que también es muy cierto es que los astilleros languidecen, cierran y es porque estamos perdiendo productividad. ¿Cómo vamos a mejorarla? Ese es el gran reto de los próximos años.

Santiago Martín, en las instalaciones de Armón Vigo. / Pedro Mina
— ¿Preocupan que situaciones como las que vive Cardama puedan afectar a todo el naval?
— Por supuesto, claro. Nuestra relación con Cardama es muy buena y por lo tanto nos preocupa lo que pueda ocurrir con el tema. Los astilleros estamos aquí por la historia que hemos desarrollado. Han sido más de 100 años desde que empezamos a construir barcos de cierto porte y nivel y hemos creado generaciones de gente muy capaz. Se ha creado talento, se ha generado conocimiento muy puntero, hay gran profesionalidad. Pensar en montar un nuevo astillero mañana es prácticamente imposible y los que vayan cayendo no van a ser sustituidos. No vuelven. El valor en Vigo está basado en nuestra competencia, una masa crítica, social, un sector con buenos trabajadores. Estamos aquí porque muchos astilleros han trabajado muy bien durante mucho tiempo y cada vez que pueda verse uno afectado es un drama absoluto para todos.
— Han entrado en el sector de la defensa o el de la eólica marina. ¿Pasa el futuro por esos dos nichos?
— Si nos hubiéramos mantenido en barcos típicos cargueros o solo pesca, en China ya lo están haciendo mucho más barato. Nosotros necesitamos buscar el mercado. El problema es que ahora mismo el riesgo es muy grande, con unidades de tanto valor que nos jugamos nuestro futuro como empresa en cada unidad que contratamos. Hay que tener cuidado también con dónde te metes. Nos metimos en la oceanografía y hemos liderado en el mundo. Nos metimos en el mundo de los ferris y nos ha ido bien. Nos hemos metido también en nuevos combustibles. Quizás nuestro valor como grupo es que el riesgo lo tenemos un poco más diversificado por el hecho de que construimos muchas unidades al año, lo que nos permite poder asumir riesgos en unidades concretas y entrar en mercados nuevos.
«Nos jugamos nuestro futuro como empresa en cada unidad que contratamos»
— ¿Vale también para el sector de la defensa?
— Es algo que tenemos que plantearnos. Hace 10 años todo el mundo llamaba a nuestra puerta con nuevos combustibles y hace 2 años dejaron de llamar por eso y solo llaman por temas de defensa. Y la defensa es muy compleja. Creo que vamos a empezar con éxito con una armada de lo más exigente como es la sueca, que no son barcos de combate, es un producto que conocemos de nuestra experiencia en el offshore. Necesitamos seleccionar el proyecto, explicar a nuestros clientes que no tenemos problema con el producto.
— ¿Y hay algún nicho o tipo de barco en el que no quieran entrar?
— Bueno, nosotros no somos constructores de yates, ni creo que queramos serlo. No entendemos que ese pueda ser nuestro mercado porque es difícil compatibilizar el tipo de barcos que hacemos con los yates. Creo que hacemos barcos de mucho nivel, pero son barcos de trabajo y así lo entendemos.
— ¿Hay algún contrato nuevo en ciernes?
— Me gustaría por decir algo más, hay muchas posibilidades, pero no hay nada. Creo que es momento de seleccionar y no podemos equivocarnos. Y sobre todo muy centrados en que lo que nos hemos comprometido en hacer somos capaces de entregarlo en tiempo y forma. Es fundamental.
— El concurso para los dos remolcadores de Salvamento, tras el recurso ganado, parece casi cerrado. ¿Cómo de importante sería conseguirlo?
— Es un proceso público y Savalmento es supertransparente. Creo que nos vamos acercando, pero no tengo ninguna información que no sea la pública. Es importante porque nos daría la continuidad. Es un gran cliente de toda la vida y encajaría muy bien porque es un producto que hacemos perfectamente y que nos permite de alguna forma seguir centrados en las construcciones que todavía nos queda por entregar.
— ¿Qué espera de Navalia?
— Como siempre, que traiga trabajo para el futuro. Aquí se han hecho cosas buenísimas y no hemos sido capaces de venderlo. Es un escaparate maravilloso para explicarle al mundo que hacemos barcos con superpunteros a nivel tecnológico y que si alguien quiere hacer un barco de calidad se tiene que venir a Vigo.
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