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La desesperación por encontrar electricistas en Galicia: «Ni con sueldos de 2.000 euros y buenos horarios conseguimos personal cualificado»

Los oficios acusan la falta de atractivo como nicho de empleo para las nuevas generaciones y sufren para hacerse con trabajadores con formación y experiencia

Rafael Suárez, gerente de Asinec, junto a un joven instalador

Rafael Suárez, gerente de Asinec, junto a un joven instalador / Cedida

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Mónica Nieto

En el amplio abanico de sectores que enfrentan dificultades para conseguir mano de obra se encuentran los oficios tradicionales, tan solicitados hoy en día precisamente por esa falta de profesionales para atender la fuerte demanda. Entre ellos están los electricistas, un gremio que atraviesa serios problemas para cubrir sus necesidades de contratación en Galicia. «No encontramos suficiente personal cualificado. La situación es muy complicada, y se pondrá peor», constata Rafael Suárez, el gerente de la Asociación Provincial de Electricistas de A Coruña (Asinec), que engloba a 344 empresas de la provincia y a un amplio perfil de instaladores: los que trabajan en el montaje de tiendas, para las distribuidoras eléctricas, para la rama industrial, en el sector residencial y de oficinas, en el ámbito de la fotovoltaica o la instalación de puntos de recarga para coches eléctricos, dos actividades estas últimas en auge.

Trabajo no falta, pero la profesión parece no enganchar a la gente joven. Rafael Suárez señala que la Formación Profesional de la rama de la electricidad cuenta con «pocos» alumnos inscritos. «Los que salen de los ciclos no llegan a nada para todo lo que se necesita», dice. Explica que una parte saltan a la universidad tras finalizar la FP para cursar una ingeniería mientras otros exploran otros caminos antes de lanzarse al mercado laboral. Y muchos ya se quedan en las empresas en las que realizan las prácticas al acabar el ciclo.

Salario y conciliación

El gerente de Asinec destaca que es un nicho de empleo con condiciones que pueden resultar atractivas para los jóvenes. «Un instalador hoy en día gana dinero». Aunque el salario depende de cuestiones como la titulación o la experiencia, señala que se puede de empezar con 1.500 euros netos y acercarse a los 2.000 euros sin acumular mucha experiencia. Pone como ejemplo que un oficial de segunda, categoría a la que se llega «rápido», cobra entre 28.000 y 29.000 euros anuales.

En lo que respecta al horario, explica que muchas empresas optan ya por la jornada continúa, lo que permite al trabajador salir a las cuatro y media o cinco de la tarde en muchos casos y aumenta su nivel de satisfacción al favorecer la conciliación. El trabajo en sí tampoco tiene la exigencia o dureza que en ocasiones podía tener antaño. Pero ni con «salarios interesantes y buenos horarios» logra ser un imán para los jóvenes.

Las empresas se prestan trabajadores

Con ese telón de fondo, el sector se ve abocado a «rechazar» obras. «Hay mucho trabajo y se retrasa todo. Si hubiera posibilidad de contratar a más gente se acabaría este problema», afirma Rafael Suárez. Par paliar en parte el déficit de personal, ha emergido una práctica que va en aumento: las empresas del ramo se prestan trabajadores de manera temporal. Los instaladores establecen una especie de colaboración o cesión para ayudarse entre sí. También se apoyan en la migración, sumando trabajadores de países como Colombia, Perú, Chile o Ecuador. «Llegan con un curso de menos de un año y ganas de trabajar», señala el gerente de Asinec. Suponen una ayuda, pero no resuelven el problema.

Más allá de las repercursiones que ya está teniendo, Rafael pone el foco también en las consecuencias a futuro, pues advierte de la ola de jubilaciones que se producirán en el sector en la próxima década. «Hay mucha gente con más de 55 años», indica. No hai relevo suficiente para cubrir las bajas que se producen pero tampoco para la continuidad de las empresas del sector.

Varios operarios trabajando en un edificio en construcción en Santiago

Varios operarios trabajando en un edificio en construcción en Santiago / Jesús Prieto

Un freno para la construcción

Esa falta de savia nueva es una realidad extensible a otros oficios como carpintero, fontanero o albañil y, en general, al sector de la construcción, que en Galicia afronta el retiro de unos 2.000 trabajadores al año de media mientras suma en torno a 1.200 nuevos afiliados. Un aspecto reseñable es que, mientras aquellas personas que dejan el sector por jubilación son expertas en la profesión, las que se contratan tienen en general poca experiencia y conocimiento del oficio. Y aun así, cubrir ese volumen de bajas resulta prácticamente misión imposible para el sector de la construcción y afines hoy en día. «Es muy difícil encontrar perfiles medios e incluso algunos altos, todo lo que tiene que ver con los oficios», señala Fernando García Novo, gerente de la Fundación Laboral de la Construcción en Galicia. En ese escenario, el sector agradece la llegada de personas migrantes que se sumen a la obra, pero buena parte de ellas carecen de «formación sólida y conocimiento» en oficios. También trata de atraer a las mujeres a la construcción.

Hay una razón a esa dificultad para cubrir las necesidades de personal que es extensible al conjunto del tejido productivo y es el hecho de contar con una población cada vez más envejecida y con menos peso de los jóvenes. Pero es que además, las nuevas generaciones no suelen poner los ojos en los oficios tradicionales como nicho de empleo, algo que no solo ocurre en Galicia sino también en España y a nivel europeo. Y en lo que toca a la construcción en concreto, Fernando García explica que el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2007 llevó al sector a perder mucha mano de obra y verse frenado durante varios años. A raíz de esa crisis, destruyó más del 40% de puestos de trabajo y muchas empresas cerraron. Vivió cerca de una década de parón, años en los que la construcción no sumó profesionales a los que ir curtiendo en el oficio. Las empresas se quedaron con los trabajadores con mayor experiencia, gente que en muchos casos está cada vez más cerca de la jubilación. Mientras, los jóvenes dejaron de ver en esta rama de actividad la oportunidad que sí percibían a inicios de los años 2000, en pleno bum inmobiliario, como sector en el que era posible ganar dinero. Hoy, las nuevas generaciones tienen prioridades e inquietudes diferentes, dando más peso por ejemplo a la conciliación que a la estabilidad laboral o incluso al sueldo.

Salarios «superiores a la media»

En lo que a las condiciones se refiere, Fernando García señala que la construcción ha dado pasos adelante para favorecer la conciliación a través de los horarios de trabajo. Y añade que el sector no es lo que era en aspectos como el esfuerzo físico o la seguridad. En lo que respecta al aspecto económico , afirma que la construcción tiene «uno de los mejores convenios» y sueldos «muy superiores a la media». Indica que «una parte importante del personal cualificado gana bastante por encima del convenio».

Esa complejidad para encontrar perfiles con preparación y experiencia limita el crecimiento del sector. Por un lado, frena la capacidad del sector para responder a la demanda, lo que se traduce en retrasos y esperas, y al mismo tiempo incrementa los costes. «Muchas empresas optan por mantener su capacidad productiva aunque eso conlleve tener que decir que no a muchos trabajos», concluye.

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