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Tecnología

La viguesa Kinarca lleva sus sistemas de frío a cuatro palangreros de Egipto e irrumpe en el procesado de brécol en México

La firma celebra su 40 aniversario en un 2026 en el que espera aumentar su facturación hasta los 25 millones

Tiene carga laboral garantizada para dos años: «Hay mucho trabajo y muy diverso. Vivimos un momento dulce»

Narciso Argones, director gerente de Kinarca, en las instalaciones de la compañía en Camiño do Romeu.

Narciso Argones, director gerente de Kinarca, en las instalaciones de la compañía en Camiño do Romeu. / Marta G. Brea

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Vigo

Ramón (Qui)ntana, (Nar)ciso Argones y José Rodríguez (Ca)stro. Con ellos empezó hace ya 40 años la andadura de la viguesa Kinarca, en sus inicios un pequeño taller centrado en el mantenimiento de los equipos frigoríficos de la flota pesquera local. Una firma modesta pero de gran potencial, que fue creciendo poco a poco en el segmento de las reparaciones y tras ello, en la primera mitad de los pasados 90, cogió impulso para dar el salto a las nuevas construcciones. En plena caída de la Unión Soviética, la compañía supo aprovechar la gigantesca oportunidad que le brindó la extinta Factorías Vulcano cuando el astillero forjó la serie de ocho megaarrastreros encargados por el Ministerio de Pesca ruso y la empresa Bergen Industries and Fishing Corp. El Sotrudnichestvo, el Stanovlenie, el Solidarnost, el Kapitan Azarkin, el Vladimir Starzhinsky, el Vigo, el Mekhanik Kovtun y el Kapitan Demidenko fueron los primeros barcos que Kinarca equipó íntegramente con sus sistemas de frío, tecnología 100% olívica que permite congelar el pescado a muy bajas temperaturas —conservándolo y prolongando su vida útil— como la que desde entonces ha seguido diseñando y fabricando en sus instalaciones de Camiño do Romeu.

Hoy Kinarca pisa con más fuerza que nunca, habiéndose consolidado como un referente del sector en España, donde copa el 80% del mercado naval, así como a nivel internacional, continuando con su estrategia de expansión en América Latina, África y Asia. Atrás queda ese joven obrador que atendía como podía las necesidades de la pesca más próxima. La sociedad cuenta en estos momentos con medio centenar de profesionales en plantilla y se apoya en otros 30 trabajadores externos para dar salida a su alta carga laboral, con contratos que garantizan empleo estable al menos durante los próximos dos años.

Una de las piezas que se construyen en Kinarca.

Una de las piezas que se construyen en Kinarca. / Marta G. Brea

«Hay mucho trabajo y muy diverso. Vivimos un momento dulce», asegura Narciso Argones, director gerente de la compañía. Conforme indica, la empresa contempla en su cartera de pedidos la construcción o la rehabilitación de los sistemas de frío de más de una decena de buques, entre ellos cuatro palangreros para Egipto, otros cuatro barcos españoles (para pesqueras como Profand y Pescapuerta), uno para Taiwán y cuatro atuneros para México.

En tierras mexicanas, concretamente en León, Kinarca está abordando también el suministro de los equipos de congelación de dos plantas procesadoras de brécol, un alimento cuyo cultivo se concentra en el estado de Guanajuato, líder nacional en la producción de este vegetal y que permite al país americano ser su segundo mayor exportador mundial. A ello se suman otro par de instalaciones de transformación de langostino y más proyectos en Paraguay, Ecuador, Chile, Perú o Arabia Saudí. El objetivo de la empresa, que en 2025 cerró con una facturación de entre 22 y 23 millones de euros, es incrementar sus ingresos entre un 5% y un 10% este año, poniéndose como gran hito superar los 25 millones.

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