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El arranque de las energías «offshore»

El primer diagnóstico científico del parque eólico marino al sur de Galicia descarta «una alteración generalizada» para la pesca y las aves

La consultora Blue Grid y los investigadores del Centro de Ciencias Marinas y Ambientales de la Universidad de Lisboa y del Instituto Politécnico de Leiria concluyen que el entorno de las instalaciones se ha convertido en refugio para especies de peces y el pulpo

«Es un ejercicio de propaganda empresarial disfrazado de ciencia», asegura la Plataforma en Defensa de la Pesca

Los tres aerogeneradores del WindFloat Atlántic al norte de Portugal.

Los tres aerogeneradores del WindFloat Atlántic al norte de Portugal. / WindFloat Atlantic

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Julio Pérez

Julio Pérez

Vigo

El primer parque eólico marino flotante del mundo necesitó cinco largos años de pruebas, entre 2011 y 2016, para medir la resistencia de un prototipo de turbina de 2 megavatios (MW) en condiciones meteorológicas extremas, con olas de 17 metros de altura y una velocidad del viento superior a los 111 kilómetros por hora. Ubicado a 18 kilómetros frente a la costa de la localidad portuguesa de Viana do Castelo, el proyecto impulsado por Engie, EDP Renovables, Repsol y Principle Power tardó otros cuatro años en reunir todos los permisos. En 2018 cerró con el Banco Europeo de Inversiones (BEI) un préstamo de 60 millones de euros. Y empezó la construcción. Lleva sangre gallega. Las estructuras semisumergibles de acero fueron fabricadas en el astillero de Navantia en Fene en colaboración con Windar y el montaje con las turbinas se realizó en el puerto de Ferrol, desde donde viajó el esqueleto del parque hasta su emplazamiento final. Inició la producción de electricidad en febrero de 2020 y desde julio de ese mismo ejercicio está plenamente operativo.

Al otro lado de la frontera con Galicia, los tres aerogeneradores del WindFloat Atlantic se han convertido en un campo de pruebas para el estreno de la eólica offshore a gran escala en el sistema energético luso y también en España. No es un desembarco fácil porque hasta ahora los parques marinos se asentaban en zonas con aguas más profundas y estructuras ancladas al fondo. El Ministerio para la Transición Ecológica daba el pistoletazo de salida al despliegue con el lanzamiento el pasado febrero de la consulta pública previa para identificar cuáles son las mejores ubicaciones dentro de las zonas identificadas como aptas en los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo (POEM), qué tamaño deberían tener las primeras instalaciones y los requisitos que deberán pedirse a los promotores. La pesca volvió a dejar clara su opinión. La flota artesanal y las cofradías descartan que pueda haber una convivencia equilibrada entre ambos sectores y exigen «la suspensión inmediata» del proceso hasta que «se completen evaluaciones ambientales rigurosas, independientes y plenamente contrastadas».

También para eso la experiencia acumulada en el WindFloat Atlantic puede ayudar. En los últimos ocho años se ha hecho un seguimiento de las interacciones del parque eólico con el entorno y sus responsables acaban de divulgar los resultados. Es el primer informe científico de este tipo que sale a la luz. Lo firma la consultora independiente Blue Grid en colaboración con investigadores del Centro de Ciencias Marinas y Ambientales de la Universidad de Lisboa y del Instituto Politécnico de Leiria. «En términos generales, los resultados indican que el proyecto WindFloat Atlantic no ha provocado una alteración generalizada del ecosistema y que los patrones ecológicos siguen estando determinados en gran medida por la variabilidad estacional e interanual natural», concluyen.

Observación

Los impulsores del proyecto reconocen que la evaluación de los impactos ambientales de la eólica marina, «una de las fuentes más fiables para la expansión de la producción de energía renovable, es «crucial» porque este tipo de instalaciones «introducen nuevas infraestructuras y actividades en ecosistemas marinos que a menudo se comprenden poco». «Entre otros aspectos, una evaluación rigurosa permite no solo detectar riesgos potenciales —subrayan, pensando en propuestas similares en otras zonas y de mayores dimensiones—, sino anticipar oportunidades (incluidos los efectos positivos), orientar el diseño del proyecto y ayudar a garantizar que la transición energética se lleve a cabo de manera sostenible».

¿Cuándo se llevó a cabo la monitorización? Antes de la colocación del parque, entre julio y octubre de 2019, se analizaron la calidad del agua, las condiciones acústicas y la presencia de mamíferos marinos y aves en la zona. Todos esos parámetros se siguieron midiendo con el parque en marcha, entre enero de 2021 y junio de 2023, además de incorporar los estudios de plancton, invertebrados, peces y pulpos.

¿Y cuáles son los principales resultados? La abundancia de fitoplancton en el área del parque y su zona adyacente se encuentra «en el rango típico» para las especies en hábitats como este. Lo mismo sucede con el zooplancton. Se nota una mayor presencia en ambos casos en función de las estaciones por las propias condiciones naturales. A eso también achacan los expertos los diferentes valores según e momento del año para los 75 tipos de invertebrados catalogados, sobre todo artrópodos (como el cangrejo) y equinodermos (estrellas de mar).

Se capturaron 674 pulpos en casi dos años. El mayor número en el área del parque y los de mayor tamaño cerca de las plataformas. También el espacio más cercano a los aerogeneradores concentró los niveles más altos de biomasa pesquera entre los más de 4.900 pescados observados de 52 especies distintas. Algas pardas y percebes protagonizan la colonización de las plataformas del parque como asentamiento en la actualidad. Antes lo fueron los mejillones azules y las estrellas de mar. Que estén ahí, según los investigadores, puede responder al hecho de tener un refugio estructural «y una presión de depredación relativamente reducida».

¿Beneficios ecológicos?

«Los hallazgos indican que las variaciones estacionales e interanuales naturales fueron los factores principales que influyeron en la estructura de las comunidades biológicas observadas, mientras que las diferencias espaciales entre el área del parque eólico y los sitios de control fueron más pronunciadas para los invertebrados, incluido el pulpo, una especie comercial clave, y para las comunidades de peces», añaden. Lo que sugiere que, «si bien el parque eólico no ha alterado el funcionamiento general del ecosistema, la zona de pesca restringida parece conferir beneficios ecológicos locales al proporcionar protección y refugio al hábitat».

El WindFloat Atlantic, ubicado frente a la costa de Viana do Castelo.

El WindFloat Atlantic, ubicado frente a la costa de Viana do Castelo. / WindFloat Atlantic

Algunas especies que habitan cerca del lecho marino «se beneficiaron especialmente» de la exclusión de la pesca en esa zona, explica el informe, entre ellas tres muy importantes comercialmente: lenguado de arena, lenguado común y pulpo. «La mayor abundancia y biomasa de peces e invertebrados dentro de la zona de protección de los parques eólicos marinos puede generar un efecto indirecto en áreas adyacentes», resaltan, en referencia a informes de otros parques marinos de cimentación donde aumentó el rendimiento pesquero hasta un 7%.

La monitorización ambiental integral registró 5 especies de mamíferos marinos, 33 de aves y 3 de murciélagos y 52 especies de peces en el área de WindFloat Atlantic. La zona «se utiliza principalmente como ruta migratoria, observándose una mayor actividad de delfines y marsopas durante la operación». Aunque se identificaron algunas especies vulnerables y en peligro crítico de extinción, «no se detectaron impactos negativos significativos, como colisiones de aves o refugios de murciélagos».

Reacción de la pesca

«Es un ejercicio de propaganda empresarial disfrazado de ciencia», responde la Plataforma en Defensa de la Pesca y de los Ecosistemas Marinos. Ponen el acento en la financiación del estudio a cargo de los promotores, critican que no se haya sometido a revisión y que sus conclusiones «no resisten el contraste con la literatura científica independiente».

La organización no discute que la infraestructura atraiga a la fauna marina. Ocurre «con cualquier objeto hundido, desde un pecio hasta un espigón portuario». «Lo que resulta demagógico y científicamente inaceptable es extrapolar ese fenómeno para afirmar que un parque eólico industrial es beneficioso para el ecosistema marino», arremeten, rechazando la idea de que un análisis para un parque de 3 aerogeneradores pueda ser «una verdad científica universal aplicable al despliegue de miles de megavatios». La plataforma contrapone las conclusiones con las de un estudio de Josep Lloret, del Instituto de Ciencias del Mar de Cataluña, sí revisado, que «advierte que los parques no deben considerarse, como regla general, una herramienta de conservación de la biodiversidad ni un área marina protegida de facto» porque los posibles efectos positivos «dependen mucho del contexto» y son «inciertos» en el caso de la biodiversidad.

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