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Despliegue de las renovables

Transición Ecológica pincha la burbuja de los grandes parques eólicos en Galicia tras tumbar una treintena por su impacto

El ministerio sí ha dado el visto bueno a más de una veintena de instalaciones a cambio de reforzar las medidas de protección al entorno, aunque de momento solo seis tienen ya autorización de construcción

Se llegaron a solicitar casi 100 y muchos de ellos ni llegaron a pasar el examen al completo

Aerogeneradores de un parque eólico en Galicia.

Aerogeneradores de un parque eólico en Galicia. / Agostime

Julio Pérez

Julio Pérez

Vigo

El parque eólico Satrebares inauguró las compensaciones a los concellos donde se iba a implantar, siguiendo los dictados de la ley de beneficios sociales y económicos de la Xunta. Aunque su tramitación corresponde al Estado por superar los 50 megavatios (MW) de potencia, la promotora reformó el proyecto inicial para incorporar un plan de «Responsabilidad Social Local» financiado con el 2,5% del beneficio neto anual de las instalaciones durante los primeros cinco años en operación; el 1,5% entre el sexto y el décimo ejercicio; y el 1% en los diez restantes de vida útil prevista. Maracaibo Solar, filial del grupo manchego de renovables ID Energy Group, incluso propuso abrir el accionariado del complejo ubicado en Guitiriz, Monfero, Aranga, Curtis, Oza-Cesuras y Abegondo a inversores locales y la sociedad público-privada Recursos de Galicia (RDG), consciente del peregrinaje en las tramitaciones en la comunidad, «muchas veces complicado debido a la desconfianza de la población y las autoridades».

No fue el único cambio. El parque contemplaba en un principio seis subparques con 124,98 MW en total repartidos en 29 aerogeneradores. Tras pasar por la fase de exposición pública y de consultas, la empresa redujo los molinos a 29 —con 4 de ellos en localizaciones diferentes a las previstas—, desplazó la subestación eléctrica y modificó el trazado de la línea de evacuación. Pero el impacto ambiental era insalvable. Los dos informes desfavorables emitidos por la Dirección Xeral de Patrimonio Natural del Ejecutivo autonómico ponen el foco en la metodología empleada para detectar la presencia de vegetación y hábitats de interés comunitario: «No reúne el nivel de detalle ni la escala adecuada y se basa en cartografía antigua». La misma pega de la Subdirección General de Biodiversidad Terrestre y Marina del Ministerio en relación al análisis sobre la afección a la fauna, sobre todo las aves. El estudio de impacto ambiental y la adenda posterior identifican, además, «un escenario de alta saturación de parques eólicos en el entorno del proyecto». Hay 17 en funcionamiento y 7 en tramitación en la envolvente de 10 kilómetros de Satrebares.

¿Conclusión? Se identificaron «posibles impactos negativos sobre el medio ambiente para los que las medidas propuestas no son garantía suficiente de su adecuada prevención, corrección o compensación», señala la resolución de la Dirección general de Calidad y Evaluación Ambiental del Ministerio para la Transición Ecológica publicada ayer en el Boletín Oficial del Estado (BOE) con la declaración de impacto «desfavorable».

Más casos

Satrebares fue uno de los muchos proyectos que alimentaron la idea de un bum de grandes parques eólicos en Galicia desde la reactivación del sector en 2019 tras un largo período de sequía por la reforma energética durante la etapa de Mariano Rajoy al frente del Gobierno que liquidó las primas a las renovables. Y es el ejemplo también de que la burbuja se ha pinchado. Con él van alrededor de una treintena de proyectos con más de 50 MW tumbados por el ministerio en todo este tiempo por las mismas razones. La incompatibilidad con el entorno y las insuficientes medidas para paliar las consecuencias, a menudo amplificadas por colindar con otros proyectos. La potencia conjunta de todos los parques con declaración de impacto negativa supera los 2.400 MW. Parte de ellos se extendían por varias provincias e, incluso, afectaban a más de una comunidad autónoma.

«No van a ser los últimos», confirman fuentes del sector consultadas por FARO. Basta ver el emplazamiento propuesto «para saber que están abocados a una declaración de impacto desfavorable». Entre otras razones, porque hubo proyectos anteriores que se postularon para las mismas zonas y recibieron el «no» de la administración; porque ahí se aprobaron ya parques de competencia autonómica; o porque proponen soluciones de evacuación «inasumibles» por la longitud de los tendidos y su trazado.

Un centenar de solicitudes

El sector acumula cerca de un centenar de solicitudes que superan los 7.000 MW en la ventanilla de Transición Ecológica. De ellos, 69 fueron sometidos a información pública (5.380 MW). Un número muy relevante de las instalaciones se quedó atrancado en la fase potestativa porque durante mucho tiempo la Xunta no informó de ellos. Presentó los informes que le correspondían exclusivamente para aquellos considerados estratégicos por suministrar energía a industrias de relevancia en la comunidad.

Transición Ecológica sí ha dado el visto bueno ambiental a 21 parques que reúnen 1.750 MW. En la mayoría de casos, con una larga lista de requisitos para garantizar la mitigación de los efectos en el entorno. Uno de los últimos es el Abalar, impulsado por Moewe. Son 18 aerogeneradores y una potencia total de 78 MW en los concellos de Vimianzo, Muxía y Dumbría. El informe favorable obliga a cambiar las posiciones de varios aerogeneradores y a extremar las precauciones y la vigilancia con el patrimonio natural, el paisaje y la fauna.

¿Cuántos van en camino de la construcción? De momento, únicamente 6. Son cinco parques de Endesa con 490 MW y uno de Greenalia, de 52 MW, vinculados a los contratos de suministro a largo plazo (PPA, por sus siglas en inglés) firmados con Alcoa y Resonac.

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