Industria extractiva
Galicia entra en la nueva era de la minería y las materias primas críticas con su mínimo histórico de explotaciones
El número de yacimientos apenas supera los 200, con una producción de 317 millones de euros y casi 3.600 empleados
Transición Ecológica remarca que la aceptación social será clave en los nuevos proyectos

Explotación de pizarra de A Fraguiña en Carballeda de Valdeorras. / Cafersa

Galicia refleja a la perfección los profundos cambios estructurales de la minería española a lo largo del siglo XXI, empujados por el contexto económico internacional, la transición energética y climática y la llamada a la autonomía industrial de la UE. Aquí se alimentó a las centrales térmicas durante 60 años con yacimientos propios. La comunidad es la gran potencia nacional en roca ornamental. Y ahora tiene sobre la mesa tres de los grandes proyectos para las ansiadas materias primas esenciales: la mina Doade de litio y feldespatos en Beariz, incluida en el listado de Proyectos Estratégicos de Bruselas; y la mina Penouta, en Viana do Bolo, la única de coltán de toda Europa Occidental, en la que el Gobierno acaba de autorizar la compra por parte del grupo australiano Energy Transition Minerals (ETM); y la mina O Pino-Touro de cobre.
«El sector ha pasado de un modelo con fuerte presencia del carbón y una minería metálica en retroceso a otro en el que ganan peso la minería metálica ligada a materias primas estratégicas, los minerales industriales y los productos de cantera, en un entorno de mayores exigencia ambientales y sociales», explica el Ministerio para la Transición Ecológica en el balance que acaba de publicar sobre la situación del sector. Aunque los problemas venían ya de antes, la crisis financiera global de 2008 desencadenó una oleada de cierres de explotaciones en áridos, piedra natural y determinados materiales industriales, las ramas más ligadas a la construcción y la obra civil y afectadas por el pinchazo de la burbuja del ladrillo. Al nuevo ciclo en la minería metálica con la reactivación de yacimientos de cobre, zinc, plomo, oro, wolframio y estaño-tántalo a partir de la década de 2010 se le une ahora la creciente demanda internacional de metales, particularmente, los considerados críticos por su papel esencial en baterías, paneles solares, turbinas y tecnología de consumo.
La nueva era de la minería pilla a la comunidad con el mínimo histórico de explotaciones activas. En 2024 había 206, según el departamento liderado por Sara Aagesen. Son 8 menos que el ejercicio anterior y la mitad que hace dos décadas, cuando llegaron a superar las 400. A minerales industriales se dedican 15; 101 a productos de cantera; y 90 a rocas ornamentales. El valor de la producción cayó también con fuerza, aunque menos. Alcanzó los 317 millones de euros tras un descenso del 5,9% respecto a 2023 (337,1 millones) y del 40% en comparación con el récord de 2007: 546,4 millones de euros. Emplea a 3.579 personas, de las que unas 1.600 son obreros de producción. Las inversiones rozaron los 22 millones de euros en ese último año analizado por Transición Ecológica.
Cuarta zona
A pesar del recorte, la comunidad se mantiene como la cuarta gran zona minera del país. La producción nacional superó los 3.628 millones de euros en 2024, un 1,6% más, principalmente por el empuje de los productos de cantera. El liderazgo de la producción está en Andalucía con cerca de 1.300 millones de euros. Le siguen Castilla y León (434 millones) y Cataluña (403 millones).
La evolución del sector en los próximos años dependerá «de la capacidad para consolidar los proyectos estratégicos ya aprobados, poner en marcha nuevas iniciativas competitivas y socialmente aceptadas, aprovechar oportunidades de la transición ecológica y digital y mantener elevados estándares ambientales de gobernanza», indica el ministerio, que cree que la minería española «puede desempeñar un papel clave en el suministro de materias primas para Europa, al tiempo que contribuye al desarrollo sostenible y a la cohesión territorial de las regiones mineras».
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