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El drama inmobiliario

Esperar a heredar, la única esperanza de la mayoría de los jóvenes para acceder a una vivienda en propiedad

El elevado precio de los alquileres y las dificultades para conseguir el importe mínimo para dar la entrada de un piso quita el sueño a muchos y especialmente a los jóvenes. Tener una propiedad a su nombre parece una utopía y, pese a las ayudas públicas, consideran a las herencias la única puerta abierta por fin a su esperado proyecto vital.

Las moañesas Raquel Rodríguez y Yai Juncal.

Gonzalo Núñez

Vigo

El acceso a una vivienda en propiedad es un sueño que cada vez dista más de la realidad. Los jóvenes expresan su «frustración» y «pena» como resultado de la cruda situación actual en la que independizarse está lejos de sus posibilidades. Ante esto, esperar a heredar se configura como la única esperanza, aunque no todos tienen la suerte de llegar a percibir una propiedad de manos de sus padres o abuelos en un futuro. «Intenté alquilar un piso, pero no pude por lo caro que está todo. Es imposible porque los pisos están cada vez menos asequibles y no encuentras nada por menos de 700 euros. Con un sueldo normal de 1.200 o 1.300 euros, dedicar solo ese dinero al alquiler, sumado a gastos básicos como la compra y las facturas de agua, luz, etcétera, te obliga a gastar todo el sueldo», expresa Yai Juncal, una moañesa de 22 años.

Su caso es el reflejo de millones de jóvenes que día a día ven frustrado su sueño de poder acceder a una vivienda en estos momentos. Es un problema generalizado que trasciende las edades y afecta a la población en su conjunto, pero las nuevas generaciones, con menores salarios, peores condiciones de contratación y la necesidad de encontrar un hogar para emanciparse, lo sufren especialmente. La base de cotización media mensual de los trabajadores menores de 35 años ronda los 1.756 euros. El neto a cobrar cada mes se quedaría en 1.382 euros. Teniendo en cuenta que las nuevas hipotecas formalizadas en Galicia a lo largo del pasado año alcanzan los 605 euros de cuota mensual, tendrían que dedicar cerca del 44% a pagar el crédito, muy por encima del umbral del 30% de riesgo considerado por los expertos. Y eso sin contar con los 40.000 euros de entrada necesarios para formalizar la operación.

«Al ritmo que vamos, posiblemente solo podré tener una vivienda en propiedad cuando herede, es la única opción que veo. En mi caso, mi abuela materna tiene un piso que lo heredaría mi madre, pero como mis padres ya tienen uno, esa herencia vendría directamente para mí», explica Miguel Casal, un chapelano de 21 años. El estudiante ya había denunciado previamente esta problemática real sobre el encarecimiento de alojamiento, que dificultaba el desarrollo de sus prácticas. El pensamiento de los jóvenes de adquirir una vivienda se reduce al mínimo. «Veo posible ahorrar para poder comprar a muy largo plazo en caso de vivir con tus padres, sin pagar alquiler, y si no tienes ningún tipo de gasto fijo. Yo, que tengo que pagar todos los meses el dentista, lo veo imposible», considera Juncal. Estas circunstancias obligan a los jóvenes —y no tan jóvenes— a «vivir de una manera que no me gustaría», como por ejemplo, compartir piso o seguir en casa de los progenitores durante un tiempo indefinido, que se espera que, por desgracia, sea duradero. «Aunque con papá y mamá se vive muy bien, me hubiese gustado independizarme. Por mi trabajo, intenté buscar un piso cerca para no gastar tanto dinero en transporte para venir a trabajar, pero es inviable», señala el joven de Chapela, lamentando que ya no se plantea la emancipación. «Se supone que una vivienda y tener un sitio donde poder simplemente vivir —añade— es algo básico para cualquier persona de este mundo. Entonces, me parece muy triste e injusto que haya mucha gente que no pueda acceder a una y que ello dependa de la familia que tienes. Deberíamos de tener la oportunidad todos, no solo unos pocos». Valora también que «no hay muchas opciones para poder alquilar» y que uno de los factores que influyen en este hecho, además del económico, es «el miedo a que entren okupas».

Yai Juncal observa las vivendas de Moaña.

Yai Juncal observa las vivendas de Moaña. / Gonzalo Núñez

El futuro al que aspira Miguel Casal es ya una realidad para Carmen, una viguesa de 30 años que vive sola en un piso que heredó de su abuela, junto con su hermano, tras el fallecimiento de su madre. Afirma que «heredar no fue complicado, ya que el impuesto de sucesiones en Galicia está muy exento y no hubo que pagar nada». Recibir esta herencia «ha supuesto una mejora sustancial en la calidad de vida». De no haber heredado, en este momento «estaría compartiendo piso o dejándome más de la mitad de mi salario en un piso en el que poder vivir sola». Tal y como indica Carmen, ahora puede ahorrar una mayor parte de su salario, enfrentarse a gastos imprevistos y, en general, no vivir «tan al límite».

Unión de Créditos Inmobiliarios (UCI) es una joint venture de Banco Santander y BNP que proporciona financiación sostenible al mercado a través de profesionales del sector, como agencias inmobiliarias o intermediarios financieros. Su director regional en el norte y centro de España, Óscar Habas, subraya que «el acceso a la vivienda para los jóvenes es uno de los principales retos que tenemos en este país». Culpa principalmente a dos situaciones: el problema estructural del mercado, donde «la oferta de vivienda sigue siendo insuficiente para responder a la demanda actual», lo que genera una gran tensión de precios; y el encarecimiento de la vivienda, que «no va en consonancia con los salarios». Bajo su experiencia, confirma que «se han endurecido las condiciones para acceder a una vivienda», puesto que la banca exige una mayor cantidad de ahorros para dar la entrada a la propiedad. «Antes las entidades facilitaban un porcentaje mucho más alto de financiación. En los últimos tiempos, este porcentaje no suele superar el 80%. Si a esto le sumas que el precio de la vivienda se ha disparado, cuanto más alto sea el coste, más ahorros se requiere que tenga el joven», aclara Habas. Atendiendo a un futuro próximo, se muestra esperanzado en que «las comunidades autónomas y el Estado son conocedores de esta situación y van dando pasos adelante en cuanto ayudar a la financiación». Por otro lado, apunta que, en base a un estudio propio reciente, «el sector inmobiliario espera un crecimiento entre el 5 y el 7% del precio de la vivienda, dependiendo de la comunidad. Eso va a estar seguramente por encima del incremento salarial en la mayoría de los casos de los jóvenes, por lo que esa tensión en cuanto al precio y el acceso a la vivienda todavía se va a mantener durante unos cuantos años». En cuanto a los tipos de intereses, exceptuando la situación actual derivada de la guerra en Irán, «se ha conseguido cierta estabilidad», lo que proporciona una tranquilidad al cliente en cuanto a la cuota que tiene que pagar.

Óscar Habas, director regional de Unión de Créditos Inmobiliarios.

Óscar Habas, director regional de Unión de Créditos Inmobiliarios. / FdV

Ayudas y desconocimiento

El director regional de UCI insiste en dar a conocer las ayudas públicas de financiación de viviendas. Es el caso del aval ICO, que «financia un mayor porcentaje a los jóvenes avalando al banco una parte del préstamo». Óscar alerta sobre la falta de conocimiento de estas facilidades, pues «7 de cada 10 gallegos las desconocen». Ante esto, destaca que es tan importante que se creen facilidades como que estas lleguen a los jóvenes. «Creo que si hubiese un poco más de conocimiento de estas medidas, habría más gente que podría acceder a la vivienda», asegura. En la otra parte de los avales, se encuentra el «respaldo familiar», como las ayudas económicas de los padres. Un apoyo que, «en muchos casos elimina esa barrera principal que es la entrada inicial para la vivienda».

Compartir vivienda

Compartir piso es precisamente el escenario en el que se encuentra Rubén Franco. El trabajador de 28 años vive junto con una amiga en A Coruña. Se considera «un afortunado» por el «buen precio» al que le dejó el alquiler la casera, debido a la relación de amistad que mantiene con una amiga suya. «Estaba buscando y no encontraba ninguna habitación por menos de 400 euros ni ningún piso por menos de 700», narra. Franco ve difícil el acceso a una vivienda a su nombre, pues tanto su familia como él ni tienen propiedades «ni vamos a heredar nada, a no ser que venga una herencia sorpresa de un pariente lejano, que no creo que pase». Tampoco ve posible comprar. «Yo trabajo en comercio y los sueldos están regulados por convenio. Ahora ascendí, estoy de encargado, y ni siquiera con un poco más de lo que suele cobrar la gente me veo con la capacidad de lo que piden para una entrada de un piso», relata Rubén. No obstante, valora su experiencia positivamente: «Me mudé a Londres un año y allí también está el tema de los alquileres bastante mal. Tuve que vivir con un matrimonio gallego y, cuando volví a Galicia, también compartí piso. La experiencia es buena, nunca tuve problema, pero obviamente no es lo mismo que vivir tú solo, que tienes tu independencia y puedes tener la casa como tú quieras», reflexiona. Añade que, de ser posible, daría la entrada para un piso y pagaría su propia casa, «porque en el fondo le estoy pagando el alquiler a otra persona». Alega que, a pesar de las ayudas existentes hoy en día, «tienes que tener un colchón inicial muy grande» y «o ahorras sin gastar absolutamente en nada y no tienes vida o es imposible llegar». Una opinión que comparte Raquel Rodríguez. La veinteañera se suma al pensamiento generalizado de que «es imposible ahorrar para poder comprar porque cada vez los gastos de la vida cotidiana son más altos». «Es desmotivador porque o me toca la lotería o es imposible con los sueldos que tenemos y lo caro que es ir al supermercado o, mismamente, desplazarse al trabajo», se apena Raquel. Se considera una «chica independiente» a la que le gustan conseguir las cosas por sí misma. Recalca que le encantaría tomar sus decisiones «en el tiempo que crea adecuado», sin tener que estar esperando a heredar. «Gracias a Dios, cuento con el apoyo de mi familia y de momento vivo con ellos, pero me desmotiva y no me hace sentir bien tener que depender de algo así», termina Rodríguez.

Raquel Rodríguez delante de los pisos de O Rosal.

Raquel Rodríguez delante de los pisos de O Rosal. / Gonzalo Núñez

Herencia en peligro

El caso de Yai Juncal es distinto, pero lleva al mismo pensamiento: «Es totalmente imposible permitirme alquilar algo porque me quedaría a deber. Lo he intentado, pero no pude». Confiesa que se sintió «muy frustrada» cuando se dio cuenta de que comprar una vivienda «era algo casi imposible». Manifiesta que cada vez entiende más que la gente emigre y se vaya a vivir al extranjero «porque hay más posibilidades que en este país». La moañesa cuenta con nostalgia su situación familiar: «Creo que no voy a contar con ninguna vivienda nunca porque no creo que pueda heredar, ya que mis padres tenían varias viviendas que iban a quedar para los hijos, pero por la crisis y la falta de dinero tuvieron que vender todo y ya no contamos con esas viviendas». Es un tema recurrente en las conversaciones familiares «porque mis padres siempre tuvieron claro que querían dejar una vivienda a cada hijo y tener que venderlas nos frustró bastante y nos dio mucha pena». Subraya que el contexto económico actual afecta a todos sin distinción, ya que «hasta dos personas adultas ya asentadas con una vida estable, tuvieron que vender sus propiedades para poder sobrevivir». «Si no eres una persona que cuentes con un buen colchón de dinero previo o tuviste la suerte de heredar algo, ya puedes tener los años que sean, que si vives al día estás jodido», concluye.

En la comunidad gallega, según recoge el II Pacto de Vivienda de Galicia 2026-2030, la edad media de los propietarios residentes es de 62 años y, de acuerdo con los datos de la UCI, el promedio de edad de personas que compran su primera vivienda y solicitan una hipoteca es de 42,5 años. En 2007, se inició la construcción de 45.383 viviendas, pero a causa de la crisis económica de 2008, el dato desciende a casi la mitad: 23.421. A partir de ese año, se desploman en picado hasta 2017, cuando tras iniciarse 1.564 obras, se observa un ligero aumento hasta cerrar el año 2024 con 4.065. Atendiendo al Instituto Galego de Vivenda e Solo, el precio del alquiler en Galicia casi se duplicó en una década, pasando de una media de 363,10 euros en 2015 a prácticamente 600 euros en 2025. El incremento fue del 63,8%. El número de hipotecas también cayó en dos décadas: de 44.453 en 2004 a 15.644 en 2024. Sin embargo, las transmisiones de viviendas registran una tendencia estable en los últimos años, con un ligero aumento en 2024, donde se contabilizaron un total de 23.641 traspasos, 17.758 de los cuales son de vivienda usada, es decir, un 75%. Los concellos del interior son los menos demandados, destacando A Coruña y Pontevedra sobre Lugo y Ourense.

Radiografía del mercado inmobiliario

Radiografía del mercado inmobiliario / Hugo Barreiro

Crisis demográfica

En datos del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud en España, a mediados de 2023 solamente el 15,3% de los jóvenes gallegos estaban emancipados, un punto porcentual menos que en el resto del territorio nacional. Desde la entidad señalan que «el precio de la vivienda, tanto en propiedad como en alquiler, resulta muchas veces inasumible para las personas que inician su vida independiente, especialmente en zonas urbanas donde los precios están en constante aumento». Este hecho «contrasta con la precariedad laboral» caracterizada por «los bajos salarios y la dificultad para acceder a créditos hipotecarios». Todo ello deriva en otra relevante problemática: una «importante crisis demográfica». «Si no se facilita que la juventud pueda permanecer en el territorio y desarrollar un proyecto de vida autónomo, la despoblación de las zonas rurales y el abandono de núcleos pequeños continuará agravándose», alertan desde el Observatorio de Emancipación.

Generación en desventaja

En comparación con sus progenitores, los jóvenes consideran que «nuestra generación vive muchísimo peor que la de nuestros padres» al presentar una mayor dificultad a la hora de acceder a una vivienda. Defienden que «la vida que ellos podían tener con 20 años, no la podremos tener nosotros ni con 50». «Ellos en cuanto empezaban a trabajar prácticamente podían permitirse tener su propia casa y nosotros llevamos años trabajando y cotizando y, aun así, con ahorros desde hace tiempo, no podemos permitirnos ni un triste alquiler», argumenta Yai. Añade que «es triste pensar que nuestros padres podían independizarse a los 17 años teniendo una vida normal e independiente y nosotros cada vez lo hacemos más tarde o incluso no podemos llegar a hacerlo, pese a que nos encantaría».

«Actualmente, solo un 30% de los jóvenes —menores de 35 años— disponen de vivienda en propiedad. Hace diez o quince años, este porcentaje superaba con creces el 50%», confirma el director regional de UCI. «Las viviendas antes eran mucho más baratas en relación con el salario que se cobraba, entonces era mucho más fácil acceder a ellas. Si los salarios aumentan un 3%, hay muchos momentos en los que el crecimiento de la vivienda es de dos dígitos. También creo que antes había más estabilidad en el trabajo y ahora cuesta muchísimo encontrarla, hay una mayor precariedad laboral», razona Habas.

Parentalidad en cuestión

El panorama financiero también incide en la parentalidad. Tener descendencia conlleva un gasto considerable al que muchas parejas no son capaces de hacer frente, aunque les gustaría. De este modo, la capacidad económica se relaciona con la natalidad. «Tampoco te puedes plantear tener hijos porque si no te puedes permitir ni un alquiler, o lo haces malamente, ¿cómo vas a pensar en tenerlos?» reflexiona Yai Juncal. La moañesa comenta que «tengo amigos que tienen un hijo y les encantaría tener otro, pero no pueden» como consecuencia del aumento del coste de la vida. Un hecho que «a nuestros padres no les pasaba». «Económicamente, nos estamos yendo a la mierda», zanja la joven.

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