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El naval chino se reivindica como fabricante de cruceros frente a Europa en la botadura del «Adora Flora City»

Es el segundo trasatlántico construido íntegramente en el país asiático, un nicho antes reservado a empresas europeas

El «Adora Flora City», antes de tocar el agua en el astillero

El «Adora Flora City», antes de tocar el agua en el astillero / Shanghai Waigaoqiao Shipbuilding

Lara Graña

Lara Graña

Vigo

El Adora Magic City fue la primera incursión de la industria china de construcción naval en el negocio de los grandes cruceros, antes reservado a los pesos pesados de la industria europea como Fincantieri, Chantiers de l’Atlantique o Meyer Werft. El mismo astillero que le dio forma, Shanghai Waigaoqiao Shipbuilding Co. —está integrado en el conglomerado público China State Shipbuilding Corporation Limited (CSSC)—, ha celebrado en las últimas horas la botadura de una segunda unidad, el Adora Flora City, con 341 metros de eslora y 2.144 camarotes.

China puso un pie en este nicho de mano, de hecho, de los italianos de Fincantieri y tras un muy criticado acuerdo de colaboración sellado en 2018. «Los grandes cruceros son productos de alta tecnología y alto valor añadido en los que China todavía no se ha especializado», decía el Gobierno de Pekín cuando arrancaron los trabajos de chapa para el primer Adora. Se da la circunstancia, además, que la industria china se introdujo en el mundo de los grandes cruceros gracias a la confianza de una empresa que pidió auxilio al erario público europeo durante la pandemia del covid.

Fue Carnival Corporation, con navieras como AIDA Cruises, Costa Cruceros o P&O Cruises, que creó una subsidiaria en Hong Kong denominada Adora Cruises a fin de explotar el mercado de trasatlánticos asiáticos. Su socio en esta aventura es, de hecho, China State Shipbuilding Corporation, controlada por el Ejecutivo que dirige Xi Jinping.

Esta, la de la transferencia a Asia de un negocio estratégico como es la construcción naval, es una rueca a la que ha dado cuerda la propia Europa. Como han condenado organizaciones como la patronal francesa Gican (Groupement des Industries de Construction et Activités Navales), el naval chino o surcoreano no tendría el músculo que exhibe a día de hoy si no fuera gracias a la huida de armadoras europeas hacia mercados de muy bajo coste. 

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