Adiós a un local emblemático de Vigo: Fontanería Márquez cierra sus puertas tras más de medio siglo de actividad
Tras su inauguración en 1970, el negocio baja la persiana este viernes por falta de relevo generacional, «una decisión dura pero irremediable»

La familia Márquez despide el negocio. / Pedro Mina
Como una tubería que resiste durante décadas, Fontanería Márquez ha aguantado el paso del tiempo en Vigo. Este viernes, sin embargo, el negocio familiar cierra su llave de paso para siempre tras más de medio siglo de cercanía, profesionalidad y trato humano, dejando un vacío difícil de sellar en el tejido del pequeño comercio local. La empresa, una de las más emblemáticas y veteranas del sector de la construcción en la ciudad, atendía a instalaciones de fontanería, calefacción y gas, así como al mantenimiento de viviendas, frigoríficos u hospitales.
«Es una decisión dura pero irremediable. Costó y sigue costando tomarla», expresa Moncho Márquez, uno de los propietarios junto a su hermano Pepe. Después de casi 60 años arreglando averías, Fontanería Márquez se enfrenta a una incidencia sin solución. Esta vez, no se trata de una fuga ni de una rotura, sino de la falta de relevo generacional tras la jubilación de Moncho, que ha terminado por atascar la continuidad del establecimiento. «Al jubilarme no hay nadie que venga detrás y no hay continuidad laboral. Me da mucha nostalgia, pero no nos queda más remedio que cerrar las puertas», manifiesta.
Los orígenes de Fontanería Márquez se remontan a 1970, año en el que Luciano Martínez decidió emprender en un pequeño local en la calle Canadelo. Posteriormente, sus hijos Pepe y Moncho, conocidos como «los hermanos Márquez», —que actualmente tienen 75 y 66 años respectivamente— continuaron con la tarea iniciada por su padre y consolidaron el proyecto. Se trasladaron a la calle San José hasta terminar en su ubicación final, con exposición al público. Se trata del bajo localizado en Vía Norte 25, donde se instalaron definitivamente hace 33 años.
Su estructura siempre fue familiar, «con gente muy de la casa» que permaneció durante años formando parte de un proyecto que iba más allá de lo estrictamente laboral. Los hermanos recuerdan especialmente a empleados como Elías, Alfredo, Justino, José o Juan, entre otros miembros de la plantilla que ya forman parte de la historia de la tienda.

Los hermanos Márquez, Pepe y Moncho, en el bajo de Vía Norte. / Pedro Mina
Pese a haberse jubilado hace tiempo, Pepe nunca dejó de pisar su amado local ni de perder esa cercanía que le caracteriza con sus demandantes más fieles. «Los clientes vienen por aquí, te saludan, hablas con ellos y te entretienes», defiende. Este más de siglo de trayectoria deja muchas vivencias. Desde los momentos más amargos, como «algunos problemas que siempre hubo en la construcción en los que económicamente nos vimos afectados», hasta los más dulces. «El recuerdo más bonito es cualquier instalación que hayamos hecho en la que el cliente haya quedado contento», subraya Moncho.
El paso del tiempo también ha influido notablemente en la industria. «La fontanería no tiene nada que ver con antes, ha cambiado todo», señala el ya extrabajador. Concretamente, los hermanos destacan el cambio en los materiales de construcción. «Antes trabajas con tuberías de hierro, desagües de plomo... hoy no existe nada de eso, todo es plástico», explica Pepe, quien también constata que «la mano de obra es menos especializada ahora que antes». Esta falta de cualificación profesional es una problemática de la que están alertando en el sector. Pese a todo, ambos empresarios aseguran que la construcción «tiene futuro», señalando que «si eres trabajador, competente y honrado, hay mucho trabajo todavía en el camino».

Vista exterior de la Fontanería Márquez. / Pedro Mina
Mientras que a los hermanos les produce «mucha añoranza y tristeza» el cierre, «la familia está encantada con la decisión, le parece perfecta, aunque los clientes no tanto» debido a los muchos años que los hermanos llevan ejerciendo en el oficio. «Era lo que nos gustaba y es de lo que vivimos siempre, no sabemos hacer otra cosa más que esto», confiesa el hermano menor. Ahora, el futuro de Moncho pasa por «vivir lo que no pudimos vivir con el trabajo y disfrutar de la familia». El propietario es consciente de que «bajar la persiana por última vez va a costar, pero es un cambio en la vida al que hay que adaptarse». «Nos gustaría que la gente recordase a la Fontanería Márquez como lo que somos: humildes y honrados», concluye.
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