La armadora Pevasa encarga a la banca que le busque comprador y acreedores se mueven para tomar el control
Su presidente ha hecho la encomienda a CaixaBank con el aval de una mayoría del accionariado
Entidades se desprenden de su deuda, que fue reestructurada con un plan de ajuste y ascendía a unos 55 millones

Buque atunero «Playa de Laga», operado por Pevasa / Pevasa

Pesquería Vasco Montañesa (Pevasa) es una de las armadoras de mayor ascendencia y trascendencia en la pesca española. Fundada en noviembre de 1961 —antes que las también emblemáticas Echebastar, Albacora o Atunsa—, su desempeño ha sido determinante para el desarrollo de la industria pesquera española en general, y la de túnidos en particular. Fue una de las tres patas sobre las que se creó el malogrado proyecto Atunes y Lomos (Atunlo), mano a mano con la también armadora de Euskadi Compañía Internacional de Pesca y Derivados (Inpesca) y la viguesa Comercial Pernas (Coper).
Pevasa se deshizo de su participación en Atunlo a cierre de 2022, pero aquella venta —sus títulos se los repartieron Inpesca y Pernas, hasta la entrada de la panameña Marpesca Europa— no sirvió de dique de contención para los problemas que sobrevendrían más tarde. La compañía se acogió a la normativa concursal para reestructurar su deuda financiera y se deshizo de buques para aliviar la carga de pasivo, aunque ahora se asoma a un horizonte completamente nuevo.
La presidencia de la sociedad, en manos de Felipe Ruano, ha encomendado a CaixaBank la búsqueda de potenciales compradores, según pudo verificar FARO en fuentes internas. Y lo ha hecho, abundan, con el respaldo de una holgada mayoría del capital social, superior al 75%. Este mandato fue trasladado esta misma semana, en paralelo a movimientos de compraventa de posiciones de deuda que tenían otras entidades del pool bancario. Este periódico se ha dirigido a la empresa por escrito, con acuse de recibo, sin que hasta la fecha hayan querido aportar comentario alguno sobre esta decisión corporativa.
Las últimas cuentas depositadas en el Registro Mercantil, correspondientes al ejercicio 2024, dan cuenta de ventas por 32,07 millones de euros, frente a los 41,7 millones del año anterior, y resultado positivo. La armadora de Bermeo se desprendió de los atuneros congeladores Playa de Bakio (ahora bautizado como Vasco), Playa de Aritzatxu (ahora Beti Aurrera) y Playa de Noja (luce en el casco hoy el nombre Beatriz Cristina), además del macicero Zillarri.

Sede corporativa de Pevasa, en Bermeo / Pevasa
El proceso
Ahora mismo son dos los procesos paralelos que flotan alrededor de Pevasa. Por una parte, el mandato a la entidad financiera para la búsqueda de comprador; por otra, la irrupción de actores externos vía compra de paquetes de deuda de otras entidades, convertidos así en acreedores y decididos a tomar el control. Las nuevas entidades acreedoras que han adquirido las posiciones de los bancos salientes han ofrecido negociar al órgano de administración, oferta que «ha sido rechazada en varias ocasiones». La armadora cuenta a día de hoy con una flota de cinco atuneros cerqueros congeladores, asignados tanto a la matriz como a las filiales de Belize y Seychelles: Playa de Ris, Playa de Azkorri, Playa de Anzoras, Playa de Laida y Playa de Laga.
La reestructuración de la deuda de Pevasa —la apertura de las negociaciones con acreedores fue notificada en septiembre de 2024— afectó en exclusiva al pasivo bancario, por importe de hasta 55 millones de euros. No hubo quitas, sino un replanteamiento del plan de pagos a fin de acompasar la generación de caja con las amortizaciones. El pool bancario lo conformaban CaixaBank, BBVA, Banco Santander, Bankinter, Caja Rural de Navarra y Abanca. Dentro del plan de reestructuración de la pesquera se incluyeron, como también ha podido comprobar FARO, unas cláusulas resolutorias, cuyo incumplimiento devendría en la anulación del conjunto del ajuste. «Si una de esas cláusulas se incumple, toda la deuda reestructurada volvería a la situación anterior, es una novación jurídica, y se considera deuda vencida», explican fuentes conocedoras de las negociaciones.
Una de esas disposiciones del plan de reestructuración era la que estipulaba la obligación de constituir garantías sobre los buques, una hipoteca en favor de los acreedores, en un plazo máximo de dos meses a contar desde la homologación judicial del plan de ajuste. No se formalizó y, aunque Pevasa solicitó un waiver —es una dispensa para tener más plazo—, le fue rechazado. De modo que, ahora mismo, el escenario en complejo al extremo para la compañía vasca. Al menos cuatro bancos del pool se han desprendido ya de sus posiciones de deuda.
En el informe de auditoría de las cuentas de 2024, elaborado por PwC, constaban salvedades sobre el cumplimiento del plan de negocio incorporado al plan de reestructuración. «Dicho plan de negocio toma como base determinadas hipótesis sometidas a las incertidumbres del mercado. En este sentido —dice textualmente su informe—, desviaciones relevantes en dichas hipótesis del plan de negocio podrían dar lugar al incumplimiento de los compromisos del plan de reestructuración [...] Estos hechos o condiciones [...] indican la existencia de una incertidumbre material que puede generar dudas significativas sobre la capacidad de la Sociedad para continuar como empresa en funcionamiento».
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