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La industria gallega, expectante ante el nuevo plan «Made in Europe» de Bruselas

Automoción, metal, naval y la Xunta ven con buenos ojos que la Unión Europea prime la producción comunitaria en contratos públicos y ayudas, a la espera de que presente formalmente su nueva ley: «No hemos perdido el tren todavía, pero estamos perdiendo posiciones de manera clarísima»

Trabajos de soldadura en un astillero de la comarca de O Morrazo.

Trabajos de soldadura en un astillero de la comarca de O Morrazo. / GONZALO NUÑEZ

Vigo

Salvo que se posponga por tercera vez, la Comisión Europea presentará este miércoles su Ley de Aceleración Industrial (IIA), una medida sin precedentes en el seno del bloque comunitario para fomentar la reindustrialización de los Veintisiete y reducir la dependencia cada vez mayor del extranjero. El contenido de los borradores que se han ido difundiendo a lo largo de los últimos días sobre este plan —Made in Europe o Buy European— contempla dar preferencia a los productos industriales europeos estratégicos en la contratación pública y primarlos en las ayudas. Todo para que el sector secundario europeo vuelva a representar el 20% del producto interior bruto (PIB) de la alianza en 2035.

Las fábricas electrointensivas, el automóvil y las tecnologías de cero emisiones de carbono serán, en principio, los grandes favorecidos por la legislación en desarrollo, que busca que las compras y licitaciones de las administraciones «impulsen la seguridad económica y la resiliencia en las cadenas de valor». Se trata de una propuesta extraordinaria que se implementará en el conjunto de los Estados miembros. Pero que llega tarde si se tiene en cuenta que las grandes potencias mundiales ya cuentan desde hace años con distintos esquemas que ofrecen fuertes incentivos de puertas para adentro, además de imponer durísimas barreras hacia afuera, para dinamizar su industria. Como es el caso de Estados Unidos, China o Rusia.

Reforzar la competitividad

En Galicia, según los datos más actualizados, la contribución del sector industrial al PIB autonómico fue del 15,7% en el tercer trimestre de 2025, todavía por debajo del objetivo que se marca la Unión Europea. A ojos de Enrique Mallón, secretario general de Asime, «Europa tiene que proteger su know-how». «Lo hemos abandonado en las últimas décadas siendo demasiado aperturistas con empresas de muchas latitudes», recuerda el responsable de la patronal del metal gallego. Y advierte: «No hemos perdido el tren todavía, pero estamos perdiendo posiciones de manera clarísima».

En el caso del motor, los borradores filtrados este mes exponen que la Comisión Europea planea condicionar las ayudas públicas de los vehículos eléctricos a que estén ensamblados dentro del bloque comunitario, exigiendo asimismo que el 70% del coste de fabricación de los modelos provenga de piezas y mano de obra de Europa. A ojos del Clúster de Automoción y Movilidad de Galicia (Ceaga), «introducir requisitos de local content en la cadena de valor de la automoción va en la dirección correcta para reforzar la competitividad industrial europea». «Vemos esta iniciativa como una oportunidad», abunda la entidad, aun remarcando que «lo importante será definir bien los porcentajes, los plazos y los mecanismos de transición» para asegurar que todas las empresas «puedan beneficiarse sin generar distorsiones o cargas excesivas».

De igual modo se pronuncia Óscar Gómez, gerente de Aclunaga, respecto a la situación del naval, expectante en cuanto a cómo se armará finalmente el plan Made in Europe de Bruselas. «Lo recibimos con un poco de incredulidad. Ha habido muchos intentos y peticiones», manifiesta, reiterando que «para protegernos del exterior hay que invertir en la industria y que no muera; darle todas las facilidades para que en los próximos 10 años pueda competir».

También en declaraciones a FARO, el secretario xeral de Industria, Nicolás Vázquez, ofrece una valoración «positiva, pero con matices» sobre el planteamiento de la Comisión Europea, a la espera de ver «cómo queda configurado». «Por ahora lo vemos correcto, sobre todo en un momento como el actual en el que la economía y la industria están cambiando. Porque nuestras empresas tienen que competir con otras a las que se les imponen unos requisitos totalmente diferentes y que asumen costes laborales o medioambientales absolutamente diferentes». «No podemos exigir que nuestras empresas sean las más verdes, las que más invierten en prevención laboral o las que más pagan y que el precio de sus productos sea el mismo. Esto va de un modelo de sociedad distinto», subraya, alentando a Bruselas a «proteger» a los sectores industriales: «Llevamos bastante tiempo reclamando que se adopten este tipo de medidas».

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