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Del «papel» a fabricar barcos: la ingeniería viguesa Ingemar compra Astilleros Triñanes

Nace Samala Shipyard, que toma el relevo en las instalaciones situadas en Boiro

Trabaja en la construcción de dos embarcaciones y mantendrá los trabajos de reparaciones

El histórico Astilleros Triñanes, con el nuevo logo de Samala Shipyard

El histórico Astilleros Triñanes, con el nuevo logo de Samala Shipyard / FdV

Adrián Amoedo

Adrián Amoedo

Vigo

El naval gallego, en especial el que no se dedica a la producción o reparación de grandes barcos, está en un situación delicada. Sectores como el de la pesca, que tradicionalmente ha dotado a los pequeños astilleros de trabajo de construcción y mantenimiento, ha ido decayendo complicando la viabilidad de un buen puñado de instalaciones, que se ven también afectadas por la falta de relevo generacional. Por eso, que nazca una nueva atarazana es algo difícil de ver, pero no imposible. La ingeniería viguesa Ingemar ha decidido dar el paso y lo hace en Boiro con la compra de Astilleros Triñanes, un histórico de la carpintería de ribeira. Con ello ve la luz Samala Shipyard.

Triñanes es una de las empresas de referencia de Galicia en barcos de madera y, como tal, forma parte de Agalcari, la Asociación Galega de Carpentería de Ribeira. Fue fundada en 1978 por José Triñanes Dominguez (conocido como O Laberco) y estaba ahora siendo dirigida por su hijo, Gerardo Triñanes. Su base de operaciones está en la zona de Cabo de Cruz del concello coruñés, donde cuentan con una nave y rampa de varada con dos vías de 80 metros.

Según explica el CEO de Ingemar, Clemente Lage, la relación entre su empresa y Asteleiros Triñanes Dominguez SL se remonta a 2010, cuando la oficina de ingeniería estaba radicada en Boiro (antes de pasar a la ciudad olívica hace una década). Desde los inicios ambos mantuvieron una estrecha relación comercial, una colaboración que evolucionó tras la construcción de los últimos barcos de madera y el inicio de la fabricación de embarcaciones de pesca y acuicultura de PRFV (plástico reforzado con fibra de vidrio).

El «Nogueira Segundo», uno de los barcos diseñados por Ingemar y fabricados por Triñanes

El «Nogueira Segundo», uno de los barcos diseñados por Ingemar y fabricados por Triñanes / Ingemar

En el marco de su proceso de expansión (abrió una delegación en Argentina, por ejemplo), Ingemar quería dar el salto y pasar de ser una oficina de ingeniería a tener un astillero. Lage y su equipo buscó entonces un socio que pudiese llevar a la realidad las embarcaciones que plasmaban en papel y que los clientes demandaban. «En los últimos años intentamos varias fórmulas de colaboración y analizamos la compra de varias unidades productivas en Galicia, e incluso la construcción de un nuevo astillero en A Coruña», comenta el CEO.

La oportunidad llegó finalmente con la jubilación de Gerardo Triñanes, que apostó por el proyecto que defendía su socia para proceder a la venta de la empresa familiar. El propio Clemente Lage destaca (y agradece) «las facilidades, apoyo en las negociaciones y en el proceso de transmisión» a la familia Triñanes.

La central de Ingemar seguirá estando en Vigo

La central de Ingemar seguirá estando en Vigo / Cedida

Ahora, la firma viguesa busca «dar continuidad» al trabajo realizado por el astillero en su casi medio siglo de vida, tanto en la parte de nuevas construcciones como en la de reparación. En el primer caso, apostando por el sistema de molde perdido (one off), que permite construir unidades únicas y exclusivas; en el segundo, con la varada de unos 80 barcos al año. «Queremos modernizar el proceso productivo e internacionalizar las construcciones», enfatiza Lage, cuyas primeras acciones se centran en la compra de una máquina de control numérico (CNC) para el corte y fresado de los moldes y la creación del departamento de gestión, que tendrá por objetivo lograr las certificaciones ISO de Calidad y Medioambiente.

Para articular todo nace la marca Samala Shipyard, cuyo logo ya es visible en la nave de Boiro. Bajo ese nombre llegarán los primeros barcos: una embarcación auxiliar de acuicultura de 20 metros de eslora y 7,3 metros de manga, ya en obras, y otra de pasaje de 14 metros.

La compra se firmó el mes pasado e Ingemar ya está trabajando en la incorporación de cuatro personas más (son una docena ahora) y invertir para mejorar capacidades. En total, Lage estima una inversión medio millón de euros en los próximos cinco años.

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