Los supermercados se convierten en los nuevos bares con otro acelerón del 15% en las ventas de platos preparados en Galicia
Los frescos se disparan el 27% y un 12% los congelados
La facturación mensual supera los 18 millones de euros
La compra de este tipo de productos rozó ya el 19% de alza en 2024

Una clienta en la zona de platos preparados de un supermercado de Galicia. / Xoán Álvarez

El recién estrenado nuevo Mercadona de la céntrica Avenida García Barbón de Vigo cuenta con un amplio espacio con mesas, sillas y microondas para que los clientes puedan consumir allí mismo la amplia gama de productos del servicio Listo para comer. Su presidente, Juan Roig, profetizó hace justo un año que las cocinas en las casas están de capa caída. «Lo dije y lo mantengo: a mitad del siglo XXI no habrá cocinas», aseguró en la presentación de los resultados de 2024. Fueron unas declaraciones muy polémicas, que dieron que hablar durante días y días, con opiniones enfrentadas. ¿Exageración o realidad a la vista?
Los datos por el momento no permiten vislumbrar a medio plazo un cambio de semejante calado, pero sí muestran la tendencia clara a encender menos los fogones. Los hogares gallegos gastaron casi 153 millones de euros en la compra de platos preparados en 2024. Un año después, el desembolso creció el 7,6%, hasta los 164,6 millones de euros. El incremento en 2024 llegó a casi el 19%, con 195,6 millones de euros. Ese importe ya se superó en el acumulado de enero a noviembre de 2025: 203,4 millones de euros, un 15,3% por encima del mismo periodo del ejercicio anterior, según el último balance que acaba de publicar el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Ahora mismo se llevan alrededor de cuatro de cada cien euros de la cesta de la compra, alrededor de 18 millones al mes. En volumen, la escalada es algo inferior —por el efecto de la subida de los precios—, pero también intensa. Alcanzaron los 31,5 millones de kilos tras un repunte del 8,3%.
Perfil mayoritario
La evolución de los platos preparados contrasta con la contención en las compras en general de alimentación en la comunidad desde el huracán inflacionario de 2022 que todavía se deja sentir en algunos productos. El departamento liderado por Luis Planas llama la atención del «componente estacional» porque su consumo repunta «durante los meses de diciembre y enero, periodo coincidente con las navidades y época de una mayor preparación de comidas y cenas en los hogares». Familias con niños, independientemente de la edad, y las monoparentales dibujan el perfil mayoritario en la compra de platos preparados. Destaca, sobre todo, los casos de parejas con niños de edad media, donde se concentra casi uno de cada cinco kilos del consumo total.
El gasto en platos preparados en conserva por parte de los gallegos aumentó el 14,9%, hasta los 24,4 millones de euros. En los congelados se elevó el 12,2% (29,9 millones); un 7,7% en sopas y cremas (10,9 millones); el 5,5% en pizzas (40,6 millones de euros); y el 27% en otro tipo de formato, como los frescos. Cae el 8,3% en los preparados de pasta (6,6 millones de euros), y el 6,8% en tortillas refrigeradas (3,6 millones).
Sector creciente
«Los platos preparados han pasado de ser una opción puntual en la mesa de los españoles a una solución integrada en su dieta cotidiana, adquiriendo incluso un papel cada vez más relevante en celebraciones donde su presencia habría sido impensable hace apenas unos años», explicó Álvaro Aguilar, secretario general de la Asociación Española de Fabricantes de Platos Preparados (Asefapre), durante la comparencia de este jueves para dar cuenta del comportamiento del sector a lo largo del pasado 2025. El consumo per cápita alcanzó los 18 kilos, un 4,7% por encima de 2024 y frente al 0,6% de avance en el conjunto de los alimentos. La facturación rozó los 4.310 millones de euros en 2025 y el consumo batió récord con 715.052 toneladas tras un incremento del 3,8%.
La organización, donde se integran, entre otras, las compañías gallegas Congalsa, Pescanova, Alfrío y Cabomar, apunta como razones de la expansión la falta de tiempo para cocinar «y el hecho de que cada vez hay más multiculturalidad y la gente quiere comer opciones gastronómicas diversas». A eso se suma el bum turístico. «Los turistas, cuando viajan, no vienen a cocinar y optan por lo ya preparado, y, segundo, porque se está produciendo una migración del consumo del ámbito de la restauración hacia las tiendas de conveniencia y los nuevos 'mercaurantes', supermercados que sirven comidas listas para consumir», indicó David Aldea, presidente de Aseprafe.
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