El frenazo eléctrico de Stellantis tumba dos de sus cuatro «gigafactorías» de baterías en la Unión Europea
El grupo cancela las fábricas previstas para Alemania e Italia y vende también su participación en la de Canadá
Filosa carga contra la planificación de Tavares: «El 75% de las pérdidas se debe a estrategias que resultaron ser erróneas»

La gigafactoría francesa de ACC, en la que participa Stellantis / ACC

La llegada de Antonio Filosa como CEO de Stellantis trajo consigo un profundo cambio de estrategia, en especial en lo que respecta a la electrificación. Un nuevo modelo que, como reconoció la compañía la semana pasada, deja un roto en sus cuentas, con cargos extraordinarios por valor de 22.000 millones de euros, pero que servirá, según el italiano, para un necesario cambio que haga aflorar números verdes. Después del anunció, que hundió a la compañía en la Bolsa de Milán, se confirmó algo que era casi un secreto a voces: el frenazo eléctrico tumba dos de sus cuatro gigafactorías de baterías en la Unión Europea, elevando así la importancia de la ya en funcionamiento en Francia y, sobre todo, la que levanta en Zaragoza con la china CATL.
Automotive Cells Company (ACC) es el nombre de la joint venture formada por Stellantis con TotalEnergies (sumándose más tarde Mercedes-Benz) para repartir fábricas de baterías en la UE. La primera, ya en funcionamiento, se anunció para Douvrin, en Francia, y hasta la fecha fue la única que pasó de las promesas a la realidad tras su inauguración en 2023. Las otras dos se adjudicaron a dos puntos estratégicos para el grupo: el hogar de Fiat, Italia, y el de Opel, Alemania. En concreto, para las localidades de Termoli y de Kaiserslautern, que junto a la francesa representaba una inversión de más de 7.000 millones de euros, para lo que Stellantis recibió cuantiosas ayudas.
Aunque el consejero delegado de ACC, Yann Vincent, ya había dejado en suspenso el futuro de las dos plantas en 2024, todo acabó definitivamente el fin de semana, tras la vuelta de tuerca a la estratégica eléctrica de Stellantis. «La dirección de ACC nos ha confirmado esta mañana lo que nos temíamos desde hace tiempo: que el plan de ACC de construir una gigafactoría en Termoli ha sido descartado definitivamente, al igual que en Alemania», apuntó Gianluca Ficco, secretario nacional del UILM, sindicato italiano que también avanzó que el grupo se comprometió a «ofrecer oportunidades de reubicación» para los 34 trabajadores que ya habían sido contratados para el proyecto de Termoli.
«Mientras la competencia anuncia ampliaciones de capacidad e innovaciones, la empresa conjunta de Stellantis, Mercedes-Benz y Total está echando por tierra sus planes y conmocionando a toda la región», indicó por su parte el responsable de distrito de la central sindical alemana IG Metall, Jörg Köhlinger, que criticó duramente la decisión de ACC, calificándola de «irracional e irresponsable».
Norteamérica
La otra gran zona en la que Stellantis quiso hacer énfasis en su transición al coche eléctrico fue Norteamérica, su mercado número 1. Para mostrar su compromiso, la empresa confirmó la construcción de dos gigafactorías: una en EE UU y la otra en Canadá, en ambos casos en formato de empresas conjuntas con socios surcoreanos, Samsung al sur y LG Energy Solution al norte. Y si la modificación de la hoja de ruta impactó en el caso de ACC, lo mismo sucede al otro lado del Atlántico: el grupo venderá a LG su participación del 49% en la joint venture NextStar Energy, que ahora tendrá «una base de clientes más amplia».
Los planes de Stellantis para las gigafactorías fueron impulsados en su momento por el anterior CEO, Carlos Tavares. Un modelo contra el que ha cargado estos días Filosa. «El 75% de los costes extraordinarios está relacionado con hipótesis estratégicas que resultaron ser erróneas, basadas en un optimismo excesivo con respecto a la adopción de la electricidad en Europa y, sobre todo, en EE UU», dijo en una rueda de prensa con periodistas italianos, en la que además censuró que el 25% restante correponde al duro ahorre de costes impulsado por el portugués, «hasta el punto de que decidimos despedir a miles de ingenieros».
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