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El informe de Bureau Veritas: cara y cruz uruguayo para Cardama

A escasos días de la decisión sobre la rescisión del contrato, la auditoría encargada por el Gobierno de Uruguay desvela las bonanzas del diseño de las patrulleras y una calidad de trabajos «satisfactoria», al tiempo que apunta a futuros retrasos en la entrega, es especial tras la rueda de prensa en la que se acusó al astillero de supuesto «fraude»

La primera patrullera, a la izquierda, y la quilla de la segunda, en Astilleros Cardama

La primera patrullera, a la izquierda, y la quilla de la segunda, en Astilleros Cardama / Jose Lores

Adrián Amoedo

Adrián Amoedo

Vigo

Semana clave para Astilleros Cardama. El Gobierno de Uruguay decidirá en días si rescinde o no el contrato con la empresa viguesa para la construcción de dos patrulleras oceánicas. Un pedido de 82,2 millones, histórico para la atarazana por cuantía y tipo de barcos, pero que está en tela de juicio al otro lado del Atlántico. El motivo, según defiende el Ejecutivo de Yamandú Orsi, estaría en unos supuestos incumplimientos del contrato y en irregularidades en el proceso constructivo, todo ello negado por Cardama, y que ha entrado en una nueva dimensión con la auditoría de Bureau Veritas encargada por el país charrúa. Un informe de 28 páginas al que ha tenido acceso FARO y que da una de cal y otra de arena a la firma olívica, pero que demuestra las bonanzas del diseño de los buques y que la calidad de los trabajos realizados es «satisfactoria».

El documento, rubricado por el ingeniero naval Eduardo Carichas, se basa en una visita realizada entre los días 15 y 19 de diciembre de 2025. Fechas clave para lo que describe en su informe, toda vez que se produjo 54 días después de la rueda de prensa en la que Orsi anunció la intención de rescindir el contrato, acusando al astillero de «fraude» por irregularidades en la garantía de fiel cumplimiento. Entonces, solo se cuestionaba este documento, suscrito con Eurocommerce Bank, entidad que no existía y a la que Cardama llegó a través de un mediador, que denunció por estafa la situación.

Desde un principio Cardama intentó buscar una solución a este revés para seguir la obra. Sin embargo, la polémica saltó de la rueda de prensa al día a día del astillero, dificultando ya no solo la obra en sí, también las negociaciones con proveedores (como en el caso de los motores, cuyo contrato quedó en suspenso) o de nuevos pedidos. De ahí que Bureau Veritas refleje que está ensamblado el 43% del primer barco y que la factoría «no tiene capacidad para cumplir con los plazos de entrega» del contrato en el momento de la inspección, ofreciendo un horizonte de «aproximadamente 5 meses» a mayores. Lo mismo sucede con otra de las críticas que recoge el informe: la quilla de la segunda patrullera, que durante la visita estaba del revés y en la vía que no le correspondía, pero solo debido a la falta de hueco en aquel momento.

El documento, que en buena parte se basa en los informes internos aportados por Uruguay, recoge también en sus conclusiones (en la primera, concretamente) una falta de «cumplimiento con la normativa de bandera uruguaya», lo que supone que los barcos no se estarían fabricando sin el permiso de construcción exigido por el país sudamericano. No obstante, en el punto 24 del contrato firmado entre ambas partes se refleja que son precisamente los representantes del Ministerio de Defensa uruguayo desplazados a Vigo los que «harán, en paralelo, las tareas de certificación necesarias para obtener la bandera de los buques».

Lo que también apunta Bureau Veritas (en este caso, entre los últimos puntos de sus conclusiones) es que la calidad de los trabajos de Cardama y las auxiliares es buena. «Sobre los registros y calidad de fabricación, montaje y soldadura de los 16 bloques ya construidos y montados en la grada del astillero, verificamos en nuestra inspección que es satisfactoria, a pesar de haber bloques construidos y soldados por 5 y talleres distintos», explica, destacando también que el diseño «constituye una solución técnicamente válida para optimizar las capacidades de velocidad y autonomía de los buques». Características, estas últimas, que a juicio del ingeniero naval requieren «una mayor precisión en los procesos de ensamblaje y soldadura» y que aunque hay algunos desperfectos, son solventables. Todo ello, además, teniendo en cuenta queda cada paso ha sido validado por la clasificadora internacional Lloyd's Register.

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