Industria de la moda
«De Vigo al mundo»: un día en la casa donde Bimba y Lola diseña su globalidad
FARO accede a la nueva sede de la firma, que avanza a los 250 millones en ventas y su «globalización» con nuevos mercados de Europa, Asia y EE UU

Vista del interior de la nueva sede de Bimba y Lola /
Desiderio Pernas dibujaba como era. Con una energía incontenible «digna de su vehemencia». «La velocidad a veces era pasmosa. Cogía el lápiz de una forma imposible de transcribir y lo apretaba contra el papel con la fuerza que debía darle su propia resolución», contaba José María Catalán Pérez de Lis, un estrecho colaborador, en el obituario que escribió tras la muerte del arquitecto vigués por antonomasia en 1996. Hizo de todo y en todo dejó su huella, levantando obras con tanta personalidad que se han erigido en símbolos de la ciudad olívica. De la facultad de Filología, a la reforma del Teatro García Barbón, pasando por las iglesias del Rocío y Alcabre y buena parte de los bloques de viviendas del polígono de Coia. Fue un hombre sensible, con formación artística, musical, plástica y humanista, claramente influenciado por su profesor Mies van der Rohe.
El legado formativo del último director de la mítica escuela Bauhaus salta a la vista en el juego con los espacios y la rotunda estructura de hormigón armado del concesionario de Comercial Automoto que Pernas proyectó en 1965 en la Avenida de Madrid. Dos edificios en uno, dividido entre el espacio dedicado a la venta de coches y el taller de reparaciones, en medio de un entorno rústico. Este icono de la arquitectura industrial viguesa durante los años del despegue de la automoción disfruta de una segunda vida reconvertido en la casa del «colectivo creativo» que forma Bimba y Lola y donde el propio Pernas y su pulsión por el arte seguramente no desentonarían.
«El edificio permite trabajar en equipo de una manera totalmente natural», cuenta el CEO
«Este edificio ha funcionado muy bien desde el minuto uno, permite trabajar en equipo de una manera totalmente natural», cuenta el consejero delegado, Jose Manuel Martínez, en un paseo con FARO por las instalaciones. Mantienen intacto el espíritu industrial, sin apenas paredes. Las hay solo en los dos únicas estructuras incorporadas al edificio para colocar el taller de costura y las salas de reuniones. En las paredes de la planta baja se pueden ver todavía los azulejos primitivos con la estampación del famoso muñeco Michelín. Los cubículos del suelo donde los mecánicos examinaban los bajos de los vehículos son ahora curiosos puestos para comer en la cantina. Todo el proyecto desarrollado por el arquitecto portugués Emanuel de Sousa y el estudio vigués Villacé y Cominges encaja con la identidad de la marca, que ha conseguido la certificación BREAM (Building Research Establishment Environmental Assessment Methodology) por la excelencia en sostenibilidad del inmueble.
Después de descartar la opción de construir desde cero un nuevo corazón corporativo en Porto do Molle, los responsables de la compañía de moda se quedaron prendados del piso superior del concesionario, un enorme espacio abierto sin columnas, repleto de luz y una espectacular cercha curva en la cubierta. Había metros y metros de superficie disponible para el área de producto, que en la antigua sede de Mos estaba repartido en plantas distintas, lidiando con la falta de sitio. Se necesitaba un lugar lo suficientemente grande para reunificar a todo el personal de la central, alrededor de 300 personas; y que fuera diáfano y abierto para retroalimentar la comunicación entre ellas y enriquecer el proceso creativo. «Si hablas con los equipos, una de las cosas que más agradecen es tener cerca el área de visual merchandising, donde se trabaja la presentación del producto en tienda. Antes estaban a 12 kilómetros y era difícil acercarse a trabajar la colección en tienda. Ahora la tienen a 12 pasos», detalla Martínez.
Los 12 pasos llevan al homenaje a la danza en la colección de primavera-verano de 2026. Prendas ligeras que bailan con los contrastes a través de la superposición de texturas y colores. Dos de los trabajadores testan la distribución de los bolsos en tono pastel en una de las estanterías para decidir cómo quedarán después en los puntos de venta. No es una tienda piloto, como ocurre en otras cadenas textiles. Bimba y Lola trabaja cada parte del establecimiento por separado para disponer de varias alternativas adaptables a los diferentes tamaños de los establecimientos. Al lado están los tres impresionantes platós donde el equipo de imagen hace su magia para viralizar las campañas.

El taller de costura situado en la planta superior / FDV
En uno de los laterales de la zona de diseño, de espaldas a la gran cristalera que se asoma a los 15.700 metros cuadrados de zona ajardinada, Uxía Domínguez habla por teléfono. La mesa de la presidenta de Bimba y Lola es una más en el enjambre de patrones, prints hechos con acuarela, muestrarios y tablones repletos de imágenes inspiradoras en el que nace el personalísimo estilo de una de las enseñas de moda más exitosas en la historia reciente del sector en España. Ella y su hermana María, hijas de Jesús Domínguez —fundador de Sociedad Textil Lonia—, se embarcaron en su propia aventura empresarial para llenar el hueco que veían en el mercado para una firma de accesorios de gama media. Bimba y Lola acaba de cumplir 20 años. Incorporó la ropa. Tiene más de 300 tiendas repartidas por medio centenar de países y llega a casi todo el mundo con la plataforma digital. La plantilla ronda los 1.000 trabajadores. En su último ejercicio fiscal completo alcanzó una facturación de 234,2 millones de euros y, por el ritmo que lleva, en el actual que se cierra el 28 de este mes rondará los 250 millones.
«La empresa está en un punto de madurez», afirma el consejero delegado, tras cruzar el umbral de las dos décadas «con una forma de trabajar, unas operaciones y unos sistemas que nos permiten competir en todo el mundo». «Estamos en una etapa donde el reto es llevar el éxito y fuerza de la marca a nuevos mercados, que pueden ser en Europa, en Asia, quizás EE UU», avanza José Manuel Martínez. Una tercera fase de expansión tras el intenso arranque en España y Portugal con una red de tiendas que se hizo muy visible en la calle; y la conquista de países de habla hispana después —especialmente México—, aprovechando el conocimiento que ya había de qué era Bimba y Lola.

Uno de los pocos pasillos del inmueble, junto a las salas de reuniones / FDV
Como marca española, «ir a países como Polonia o China es un reto distinto». No se puede replicar la misma estrategia. Además de abrir puntos de venta, se necesita inversión en marketing, apoyarse en el mundo digital... Una forma de construir que lleva más tiempo y consume más recursos. El lema «From Vigo to the World» [De Vigo al Mundo]resume el plan estratégico en manos del grupo. Bimba y Lola es internacional, pero quiere ser también global. «Aún falta. Poco a poco», resume Martínez.
Sin un gigante detrás que, como sucede en otras marcas del segmento en el que compite, inyecte capital para un despliegue masivo, la compañía viguesa exprime lo que mejor sabe hacer: «tirar de ingenio». En el producto y en todas las acciones de comunicación que le han llevado a colaborar con celebridades tan aparentemente diferentes como la cantante Nathy Peluso, la actriz Rossy de Palma, la influencer Lourdes Leon (hija de Madonna) o el diseñador Palomo Spain, con el que la firma sacó ya dos colecciones cápsula.
¿Qué tiene que tener un artista para atraer la atención de la compañía? «Como decimos, que sea Bimba y Lola», responde José Manuel Martínez. ¿Y qué es ser Bimba y Lola? «Que sea creativo, valiente, diferente...», añade. «Arriesgado, disruptivo», suma Ariadna Losada, al frente de Comunicación. «Auténtico, que tenga personalidad. Que al final se la identifique también a ella o a él», indica Belén Montenegro, directora de Recursos Humanos y responsable de la Fundación Bimba y Lola. Para la creatividad no hay techo, ni límites. Los equipos lo tienen muy interiorizado. Una vez que una idea «es Bimba», puede ser «todo lo loca que se le ocurra a quien la está llevando a cabo».

Zona dedicada a prendas y accesorios. / FDV
En un mercado sin fronteras y con esa vocación de globalización, Bimba y Lola enarbola su ciudad como bandera. Da igual que Vigo no sea París, Milán, Londres, Nueva York o cualquier otra capital de la moda. Aquí quiere también expandir su faceta social por «la necesidad y casi la obligación y la responsabilidad de devolverle al tejido social de Vigo la suerte y el privilegio que tenemos», relata Montenegro.
Primero fue la acción, empezando con las primeras donaciones con la recaudación de los dos mercadillos anuales internos para dar salida a los productos de final de temporada. Al principio, las ONG «flipaban porque éramos nosotros los que llamábamos para colaborar». Y luego se creó la fundación para envolver todas las iniciativas. Entre ellas, el apoyo a la Asociación de Familias de Personas con Parálisis Cerebral (Apamp) y los vínculos creados con las Casas de Familia de Vigo para dar una oportunidad a aquellos jóvenes que necesitaban una primera oportunidad laboral tras cumplir los 18 años.
«Llevamos más de 20 chavales que se han incorporado en distintas promociones de nuestra logística. Los integramos como uno más. Se llevan, al menos, la experiencia de 6 meses trabajando. Y tenemos a unos cuantos que se han quedado y siguen con nosotros», explica Montenegro. A los niños de las Casas de Familia se les ofrece la oportunidad de recibir clases de surf —un deporte en el que Bimba y Lola es pionera con su respaldo a los campeonatos adaptados a personas con discapacidad— para paliar el escaso ocio al que tienen acceso. Los mercadillos han pasado a ser organizados por las propias organizaciones y hace pocos días salía a la luz la colección de prendas y accesorios con los dibujos y tipografía del alumnado con diversidad funcional de Igualarte. «La creatividad seguramente sea el punto donde la diversidad se encuentre mejor», asegura Montenegro. Y las dos partes son “creativos super libres”. «Tenemos que dar oportunidades —reitera—. Ser coherentes con la diversidad».

Concesionario de Comercial Automoto diseñado por Desiderio Pernas en 1965 /
Los 60 años de un icono arquitectónico
Desiderio Pernas diseñó el edificio para el taller y concesionario de Comercial Automoto en 1965, cuando la Avenida de Madrid de Vigo era básicamente una amplia superficie rústica. El proyecto de rehabilitación de Bimba y Lola apostó por mantener toda la estructura original por las enormes posibilidades que daba a la firma para reagrupar a su plantilla y facilitar el trabajo en equipo.
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