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La prensa de Mozambique reacciona al adiós de Nueva Pescanova: «Una lápida para un marisco»

Alude al «fin de una era» y achaca la decisión de la pesquera, más allá de una reorganización interna, a la mala gestión de los recursos

Acto de entrega del Ponta Timbué

Acto de entrega del Ponta Timbué / NPVA

Lara Graña

Lara Graña

Vigo

Nueva Pescanova se asentó en Mozambique, como Pescanova SA, en el año 1980. Lo hizo con el Gobierno del país como aliado y socio, con el compromiso de explotar los recursos naturales en sus aguas pero también con el de contribuir al desarrollo industrial de su economía. Fue un proyecto más que próspero: la pesquera gallega se convirtió en un actor indispensable, líder en exportaciones alimentarias --compartió mercado con Krustagroup, que era de la también española Amasúa hasta su venta en 2012--, y referencia también en formación o reparación naval.

El grupo que ahora dirige Jorge Escudero ha decidido desprenderse de esta filial, de nombre Pescamar, como publicó FARO en exclusiva. Tiene la consideración de activo no estratégico: posee astillero con dique seco, taller de reparaciones y una flota de 26 unidades, 3 de ellas de nueva construcción, para la pesca de langostino salvaje premium. La prensa local ha reaccionado a esta desinversión con una amplia cobertura y la enmarcan, más allá de un procedimiento vinculado a la reorganización interna de Nueva Pescanova, con la mala gestión pública de los recursos naturales.

«Una lápida para un marisco», ha publicado el periódico Zitamar. Business Insider, Mozambique360 o Diario Económico también se han hecho eco de la información avanzada por el Decano.  Nueva «Pescanova se retira en parte por motivos internos: la empresa se está reestructurando y el mercado mozambiqueño no es estratégico. Pero la situación en Mozambique no ayuda», describe Zitamar.

«Las presiones ambientales han aumentado [...] y la contaminación de sedimentos relacionada con la extracción de arenas minerales en las provincias de Nampula y Zambezia ha dañado zonas de reproducción costeras clave». La actividad extractiva de langostino llegó a generar para el país unos 100 millones de dólares anuales; la facturación anual de Pescamar ronda ahora los 25. «Es el fin de una era», zanjan los medios locales.

En el aspecto económico, la aportación de Pescamar es limitada, como lo será también su retirada del perímetro de consolidación. Cuestión distinta es el aspecto sociolaboral —la desinversión conllevará la eventual subrogación de más de medio millar de trabajadores— y, si se quiere, el de arraigo cultural. Además de la propia actividad pesquera, esta subsidiaria cuenta con un astillero dotado de dique seco —Beiranave, presta servicio a terceros dada su ubicación estratégica— y talleres que han trabajado incluso para Caminhos de Ferro, la compañía ferroviaria pública mozambiqueña.

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