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Nueva Pescanova busca comprador para su histórica filial de Mozambique

Tiene la consideración de activo no estratégico: ronda las 3.000 toneladas en capturas al año con 26 buques

Se dedica en exclusiva a la pesquería de langostinos de alto valor

Pesquero «Ponta Matirre», estrenado en 2020 por la filial Pescamar

Pesquero «Ponta Matirre», estrenado en 2020 por la filial Pescamar / Carlos Ojea / Armón

Lara Graña

Lara Graña

Vigo

El sector pesquero ha sido tradicionalmente un aliado de la industria gallega de construcción y reparación naval: las principales armadoras han confiado siempre, salvo excepciones, en el buen hacer de astilleros como Construcciones Navales Paulino Freire, Grupo Armón, Metalships, Nodosa, Cardama o los desaparecidos MCíes, Factorías Vulcano, Astilleros y Construcciones (Ascon) o Factoría Naval de Marín. Los nuevos encargos son un lienzo en blanco en el que incorporar últimas mejoras en sistemas de navegación o habilitación y suelen firmarse de uno en uno. Pero también se asignan macrocontratos, de varias embarcaciones, un sistema que Nueva Pescanova —antes del año 2015, como Pescanova SA— ha utilizado a menudo para renovar flota.

Lo hizo a principios de los años 60 con los primeros ramperos congeladores (Villalba y Vimianzo), a finales de la misma década (las series Tasba-100 y Tasba-100th, con cuatro unidades en total) o con cuatro barcos más (Tui, Ribadeo, Ribadavia y Betanzos) en los 70; todos se hicieron en Ascon, Vulcano y Barreras. Repitió plan ya como Nueva Pescanova en el año 2017 con la firma de un pedido de siete unidades adjudicadas a Armón Vigo por importe conjunto de 42,5 millones de euros: eran tres arrastreros fresqueros para Namibia y cuatro congeladores —finalmente se hicieron otros tres— para Mozambique. Los buques nuevos para esta última filial —Ponta Matirre, Ponta Macalonga y Ponta Timbue— son ahora activos de primer nivel dentro del proceso de venta en el que acaba de entrar la compañía, como ha contrastado FARO. Ya se han divulgado cuadernos (teaser) entre potenciales interesados.

El “Wiron IV”, de la flota de Pescanova en Mozambique.

El “Wiron IV”, de la flota de Pescanova en Mozambique. / FdV

Esta subsidiaria de Nueva Pescanova en el país africano se llama Pescamar y fue constituida en 1980 de la mano del Gobierno local, en calidad de socio: no solo era un proyecto de máximo interés para la pesquera, sino para el conjunto de la economía del país. «La sociedad —decía en su acta de constitución— debe contribuir además al perfeccionamiento de la tecnología de pesca y de procesamiento de los recursos, así como a la formación técnico-profesional de los equipos mozambiqueños». En sus inicios, la pesquera que dirigía entonces Manuel Fernández de Sousa adquirió una treintena de camaroneros de una tacada en Japón para nutrir Pescamar de capacidad extractiva. A día de hoy, de acuerdo a la última información corporativa disponible, la sociedad cuenta con 26 barcos, todos ellos de pequeño porte, cuyas capturas conjuntas están por debajo de las 3.000 toneladas anuales, frente a las 15.500 toneladas promedio de Argentina o las más de 21.000 de Namibia. Pescamar aporta un negocio de unos 25 millones al año al conjunto de la multinacional.

«Non core»

Nueva Pescanova ha arrancado este proceso de búsqueda de comprador para su filial al haberle otorgado la consideración de no estratégica o non core: este proceso de desinversión será una de las mayores decisiones estratégicas del CEO, Jorge Escudero, desde su llegada a Chapela en septiembre de 2023. «El suyo es un mercado complejo porque el esfuerzo que requiere es muy alto para sus resultados y, sobre todo, por la competencia actual».

Se refiere esta fuente del sector al hecho de que la pesquería a la que se dedica Pescamar tiene rivales de enorme envergadura como el langostino salvaje (gambón) de Argentina y, cada vez más, el vannamei de acuicultura. Los barcos de esta firma descargan en puerto —su base está en Beira— langostino jumbo, tigre, banana o langostino marfil. «Es premium, sin duda, pero le cuesta hacerse hueco», abunda el mismo directivo consultado. Un ejemplo: solo la producción de langostino vannamei de las plantas de Ecuador (filial Promarisco) y Nicaragua (Camanica) se acerca a las 40.000 toneladas en un ejercicio completo.

De modo que, en el aspecto económico, la aportación de Pescamar es limitada, como lo será también su retirada del perímetro de consolidación. Cuestión distinta es el aspecto sociolaboral —la desinversión conllevará la eventual subrogación de más de medio millar de trabajadores— y, si se quiere, el de arraigo cultural. Además de la propia actividad pesquera, esta subsidiaria cuenta con un astillero dotado de dique seco —Beiranave, presta servicio a terceros dada su ubicación estratégica— y talleres que han trabajado incluso para Caminhos de Ferro, la compañía ferroviaria pública mozambiqueña.

Incendios y milagros

Además de haber sufrido en carnes la actividad de los grupos piratas del Cuerno de África, la flota de Pescamar también fue víctima de infortunios como la sucesión de incendios que arrasaron casi media docena de embarcaciones entre 2010 y 2011. Perdió las unidades Pescanova Treze y el Ulla, ambos ensamblados en las instalaciones de Rodman, así como el Antares 1 o el Sobroso. Pero sus barcos también han protagonizado historias épicas y casi milagrosas: en marzo de 2019 los pesqueros Cygnus 1 y Cygnus 2 salvaron la vida de decenas de personas al asistirlas en el cauce del río Bruzi tras el devastador paso del ciclón Idai.

A cierre del primer semestre de 2025 —ha recuperado la contabilidad de un año natural, y no de abril a marzo— Nueva Pescanova se aproximaba a los 500 millones de euros de facturación consolidada, tras un alza del 8%, con una reducción de un 65% en las pérdidas y un ebitda positivo de 27 millones, como divulgó el grupo en un comunicado. Abanca es el socio mayoritario de la pesquera.

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