Galicia encadena diez años ya con caídas sin tregua de los autónomos
El colectivo se sitúa por debajo del 20% de las afiliaciones, mientras crece en el conjunto de España | La mitad de los trabajadores por cuenta propia supera los 50 años

Anuncio de liquidación por cierre por jubilación en un comercio de Ourense. / Iñaki Osorio

En la Mesa do Emprego Autónomo que comparte con las principales organizaciones representativas del colectivo en la comunidad (APE Galicia, ATA y Agtamar-UPTA), la Xunta acaba de confirmar que lanzará otra vez una orden única con todas las ayudas de apoyo al emprendimiento. El presupuesto asciende a 41 millones de euros. El Bono Remuda que la administración autonómica tiene en marcha para facilitar el relevo generacional en los negocios aumenta a 1,5 millones y la cuota cero para nuevas altas en la agricultura, ganadería y silvicultura se extiende hasta los 24 meses. El secretario xeral de Emprego e Relacións Laborais, Pablo Fernández, estima que las ayudas beneficiarán a unos 9.000 autónomos «por su papel fundamental a la hora de generar empleo, vertebrar el territorio y fijar población». El Ejecutivo regional recuerda que Galicia es la tercera comunidad con mayor presencia de los trabajadores por cuenta propia con «cerca del 20%» de los ocupados, cuatro puntos por encima de la media estatal.
Los autónomos suponen, concretamente, el 19,3% de las afiliaciones a la Seguridad Social en la región. En noviembre había 212.282, incluidas las inscripciones de los trabajadores del régimen del Mar que trabajan por cuenta propia. Se mantiene esa brecha por encima del conjunto del país, donde el colectivo representa el 15,7% de los cotizantes (3,4 millones), pero cada vez es más estrecha porque a, diferencia de lo que pasa aquí, el empleo autónomo crece con intensidad en otros territorios. En el último año aumentaron en 38.400 por el tirón de la Comunidad Valenciana (12.530), Andalucía (8.479), Cataluña (6.310); y Madrid (5.121).
Otra tendencia aquí
En Galicia, en cambio, hay 37 afiliaciones menos. La caída podría ser mayor al cierre del ejercicio porque diciembre siempre deja números rojos en el régimen de autónomos. Van ya diez años de crisis del colectivo en la comunidad. Su presencia no ha dejado de menguar desde 2016, con la única excepción del efecto rebote de 2021 tras la hecatombe de la pandemia del coronavirus. Durante todo este tiempo Galicia perdió 14.300 autónomos, el equivalente a prácticamente al empleo al completo en la pesca y la acuicultura. El retroceso sería incluso mayor sin el impulso de los extranjeros, que solo en el último ejercicio elevaron las afiliaciones en el régimen en 1.100.
«En un mundo cada vez más competitivo, y frente a las dificultades que se presentan a la hora de entrar a formar parte de una plantilla de trabajo, convertirse en trabajador autónomo puede ser una solución que muchas personas eligen para desarrollar sus habilidades profesionales y no depender así de ofertas laborales que no se ajusten a su perfil específico o a sus necesidades», señala el Servicio Público de Empleo Estatal (Sepe) en la radiografía que acaba de publicar sobre la evolución reciente del colectivo en España. Al igual que la Xunta, el organismo dependiente del Ministerio de Trabajo y Economía Social subraya el «importante» papel jugado por los autónomos en el «entramado productivo». Pero matiza: «resulta evidente que la elección del autoempleo viene siempre acompañada de una serie de ventajas y desafíos».
Cara y cruz
Entre los beneficios encumbra el control total sobre la actividad propia, la flexibilidad horaria, la oportunidad de tener ingresos más altos que un trabajo realizado por cuenta ajena o la facilidad de acceder a ayudas y subvenciones destinadas exclusivamente al colectivo. Juegan en contra, como recuerda el Sepe, la necesidad de contar con un capital inicial para lanzarse al mercado, asumir que los ingresos pueden variar en cada periodo, los problemas para obtener financiación «y el mayor nivel de responsabilidad para cumplir con los objetivos propuestos».
Sobre el colectivo merodea la alargada sombra del envejecimiento. No es algo exclusivo de los trabajadores por cuenta propia. Afecta a la sociedad en general y se extrapola al mercado laboral. Pero sí es cierto que en su caso con mayor incidencia. El Sepe asegura que ATA les ha trasladado que, además de la información pública de la Seguridad Social, sus propias bases de datos reflejan el fenómeno. «Cada vez tenemos más defunciones porque está aumentando mucho la edad del colectivo», asegura la principal patronal de los autónomos, en paralelo a «una falta de emprendimiento en los más jóvenes» y «muchos problemas de sucesión empresarial».
Más de 50 años
Basta mirar qué ocurre en Galicia, epicentro del invierno demográfico de España. El grupo de edad mayoritario entre los autónomos de la comunidad es el de los 50 a los 54 años, alrededor de 36.700. Desde ahí al resto de las edades más elevadas suman unos 104.000. Ahora mismo, la mitad de los trabajadores gallegos por cuenta propia supera los 50 años, mientras que los menores de 30 años rondan los 11.300, solo el 5,5% del total.
La Xunta pone el foco en el sector primario porque lidera los fortísimos recortes de afiliaciones. Entre octubre de 2024 y octubre de este año, según los últimos datos por ramas de actividad publicados por el Instituto Galego de Estatística (IGE), agricultura y ganadería destruyeron 827 empleos por cuenta propia. Le sigue el comercio minorista con 652; pesca y acuicultura con 411; el comercio al por mayor con 345; el transporte perdió 165; la reparación de electrodomésticos y artículos personales sufrió un descenso de 145; y las actividades postales, donde se integran los repartidores, otros 70.
Alta cualificación
Justo lo contrario de lo que sucede en sectores que, hasta ahora, no habían sido nichos de referencia para el autoempleo. La educación sumó 385 nuevos cotizantes autónomos en Galicia en un año; 302 los llamados «otros servicios personales» (por ejemplo: lavanderías, peluquerías, funerarias y actividades de mantenimiento físico); 287 la sanidad; 232 la construcción especializada (demoliciones, fontanería, electricidad, acabado de edificios...); 201 las actividades inmobiliarias; 197 ganaron la programación, consultoría y otras áreas vinculadas a la informática; 180 la publicidad y los estudios de mercado; 162 la construcción de edificios; 137 las actividades de sede central y consultoría de gestión empresarial; 127 las actividades profesionales, científicas y técnicas; y 122 las jurídicas y de contabilidad.
«Las tendencias de futuro apuntan hacia un crecimiento del empleo autónomo en sectores de alta cualificación», confirma el Sepe, especialmente los vinculados a «la tecnología, la salud, la sostenibilidad, los servicios personales y el bienestar, ámbitos que ofrecen amplias oportunidades de desarrollo y profesionalización». Los que más sufren la falta de relevo generacional son los que ya de por sí arrastran un problema de envejecimiento: agricultura, comercio y oficios tradicionales. «En muchas ocasiones, además -añade el análisis-, las zonas más afectadas son las rurales, en las que se están desarrollando medidas que apoyan el freno a la despoblación».
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