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Havila Kystruten, la desdicha perpetua de un cliente del naval gallego

La naviera noruega sigue sin digerir el fiasco por el mal diseño de sus buques y el crac del astillero Barreras

Refinancia 456 millones de deuda

El ferri «Havila Castor» fue encargado ya de inicio en Tersan (Turquía).

El ferri «Havila Castor» fue encargado ya de inicio en Tersan (Turquía). / Havila

Lara Graña

Lara Graña

Vigo

Dos buques costeros de pasajeros con propulsión híbrida, con la mayor cantidad de baterías a bordo del mundo y capacidad para navegar cuatro horas sin emitir un gramo de CO2. Esta fue la carta de presentación de las construcciones 1710 y 1711 de Hijos de J. Barreras, consideradas entonces (otoño de 2018) como contratos revolucionarios para la industria naval gallega.

Eran un encargo de la naviera noruega Havila Kystruten: se había hecho con una parte de las rutas marítimas licitadas por Oslo entre Bergen y Kirkenes —rompía un largo monopolio de la empresa Hurtigruten— y necesitaba cuatro ferris para enero de 2021. Así que firmó dos en el desaparecido astillero vigués y otros dos en el turco de Tersan. Casi todo le salió torcido y todavía arrastra mal fario: acaba de refinanciar una deuda de 456 millones de euros tras haber sido incapaz, de momento, de digerir los reveses de su proyecto.

El primero fue consecuencia de errores en el diseño y a cargo de una empresa de su propio grupo, Havyard Design. Cada ferri no podía superar los 5,2 metros de calado porque, de lo contrario, encallarían en buena parte de los 34 puertos noruegos de su ruta. Pero tenían sobrepeso, de 1.200 toneladas, exactamente, así que hubo que redefinir toda la estructura. Tersan optó por aligerarla, cambiando bloques de acero por aluminio, mientras que Barreras barajó un alargamiento; su construcción quedaría a medias en las gradas de Vigo.

Havila Kystruten llevó a juicio —y ganó— a la nueva propiedad de Barreras (Ritz-Carlton) por la cancelación de su pedido, pero nunca ingresó los casi 43 millones de euros que determinó la High Court of Justice of England and Wales.

Aunque la naviera optó por contratar con Turquía los ferris que habían quedado empantanados —los cuatro fueron bautizados como Pollux, Polaris, Capella y Castor a petición de los nietos del armador, Per Sævik—, financió los que iban a ser vigueses mediante un sistema de arrendamiento con la compañía rusa GLTK, considerada un «activo estratégico» para Vladímir Putin. Con la invasión de Ucrania y las sanciones al Kremlin Havila se quedó sin esquema financiero para sus buques, incumpliendo por tanto el contrato que había firmado con el Gobierno de Noruega para realizar las rutas costeras. Los fiordos tuvieron que esperar; la tranquilidad que ansía Havila espera asirla aún ahora.

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