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El textil gallego pide gravar el impacto de la ropa «de usar y tirar» de Shein o Temu

Cointega rechaza un arancel a la importación de prendas, pero defiende una tasa ambiental ante los residuos de la moda ultrarrápida: «No puede ser que los contenedores estén llenos»

La aplicación de Shein.

La aplicación de Shein. / Raul Ariano

Vigo

Más de 600 votos a favor, 46 abstenciones y solo 26 en contra. El Parlamento Europeo se pronunció alto y claro esta semana sobre el tarifazo que Bruselas quiere imponer a los productos low cost de compañías como las chinas Shein y Temu; empresas que se benefician de la exención de derechos de aduana de la Unión Europea siempre que el valor de sus envíos sea inferior a los 150 euros. La iniciativa promovida por el Ejecutivo comunitario plantea que estas firmas asuman un cargo de dos euros por paquete, pues según su informe más de la mitad de los mismos están «deliberadamente infravalorados» para aprovecharse de esta ventaja y eludir los controles fiscales. La Comisión Europea busca con ello poner fin a los trapos sucios de la moda ultrarrápida que promueven estas plataformas de venta en línea, que ofrecen a un precio irrisorio camisetas, pantalones o sudaderas «de usar y tirar» cuyo impacto recae en los Veintisiete.

Sobre sus residuos y la huella que generan precisamente llama a actuar el Clúster Textil Moda de Galicia (Cointega), que ve con buenos ojos una tasa ambiental razonable, siguiendo el principio de «quien contamina paga», para las multinacionales que exportan prendas a la comunidad con una vida útil mínima por su ínfima calidad. Conforme exponen en una entrevista concedida a FARO su presidente y su secretario general, Javier Guerra y Alberto Rocha, el tratamiento de los residuos que ocasiona esta avalancha de ropa, en su mayoría procedente de Asia, corre a cargo de la ciudadanía y la industria gallega, «que sí hace las cosas bien», a través de sus impuestos. «No puede ser que los contenedores estén inundados», destacan en este sentido.

De ahí el gravamen propuesto, más sobre el efecto que sobre el producto, y vinculado a desincentivar la importación de ropa «de usar y tirar»; cubrir el coste de su reciclaje y compensar el que hoy asume la administración pública, y promover la economía circular. Desde el sector cifran el impacto de la fast fashion en unos 15.000 millones de euros anuales en Europa. Si este montante se reparte entre los millones de prendas importadas, aquellas que incumplen los principios de sostenibilidad, se podría estimar un cargo por unidad.

Según los datos del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, la comunidad compró el año pasado ropa made in China por valor de más de 330 millones de euros: cifra que supone el récord histórico. Entraron la friolera de 12.620 toneladas, un 6,6% más que el año anterior, a razón de casi 35 diarias. Pese a ello, la estadística no permite conocer qué peso tienen sobre el total de esta remesa las ventas de empresas como Shein o Temu —incumplidoras per se y que no solo poseen almacenes en el país asiático— y cuál es la aportación de las vestimentas que sí pasan los requisitos exigidos.

Es por este motivo por el que Cointega rechaza entrar en una guerra de aranceles sobre el textil, teniendo en cuenta que pueden ser «contraproducentes» para las firmas gallegas que venden al extranjero y también en los muchos casos en los que importan productos que pasan con creces los estándares de calidad, así como por la inseguridad jurídica que pueden suponer. «Galicia no puede ni debe competir en precio», indica Guerra asimismo, citando además de la calidad otros valores propios del modelo gallego como el diseño, la marca, la diferenciación, la sostenibilidad y la internacionalización. Eso sí, como remarca Rocha, «cualquier producto que entre en la Unión Europea tiene que cumplir los mismos estándares que nosotros». «Si no se cumplen, pedimos que nos defienda. Y actualmente por lo que vemos no los cumplen», señalan de igual modo desde el sector.

Como parte de su estrategia, el Clúster Textil Moda de Galicia está llevando a cabo diferentes proyectos dirigidos a reforzar la posición de las compañías asociadas. Entre ellos, trabajan en impulsar el reciclaje y la economía circular; abrir nuevos mercados, por ejemplo a través del acuerdo suscrito con el Clúster Saúde de Galicia para diseñar y fabricar ropa sanitaria sostenible y competir en licitaciones públicas; impulsar la formación textil en el territorio gallego, profesionalizando más la industria, o promover una cooperativa entre pymes gallegas para acceder a grandes canales de distribución de forma conjunta.

Portugal exige un cargo de 20 euros por paquete

Veinte eurazos. Ese es el abultado cargo que por su parte piden desde la Associação Têxtil e Vestuário de Portugal (ATP) para los productos que se venden a través de Temu, Shein y demás plataformas de comercio electrónico low cost. «Dos euros es una cantidad ridículamente baja», denunció Ana Paula Dinis, directora ejecutiva de de la patronal lusa, en declaraciones al Diário de Notícias. A diferencia de Galicia y el holgado valor añadido de su industria, en el país vecino hay muchas plantas que corren el riesgo de desaparecer.

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