El naval registra su mayor actividad en 15 años con 1.200 millones en pedidos
Los astilleros privados gallegos firmaron 18 contratos en el año 2024 y agrupan más de la mitad del negocio de toda España
Garantizan 6,8 millones de horas de carga de trabajo

Construcción C-307 de Nodosa, un arrastrero para Talley’s Limited. / Nodosa / Cedida

Oceanográficos, pesqueros de última generación, buques de apoyo a polígonos marinos eólicos (commissioning service operation vessel, CSOV), patrulleras militares de altura, megayates, dragas, remolcadores. La enumeración de proyectos se alarga de mano del momento dulce que vive el sector, penalizado, eso sí, por la falta de mano de obra cualificada. Pero la industria de construcción naval casi que cuenta los meses por hitos, por encargos revolucionarios capaces de ubicar, en solo dos puntos de la geografía española —las rías de Vigo y Pontevedra—, una aldea gala resistente a la apisonadora asiática. Según los datos facilitados a FARO por Pymar, sociedad que agrupa al grueso de los astilleros privados españoles, los 18 barcos que entraron en vigor en Galicia el año pasado «supusieron el mayor registro de contratación de los últimos 17 años», elevando además en un 80% la media contractual de este mismo periodo. Los astilleros carburan, en alianza constante con el nutrido ecosistema local de auxiliares, pese a la falta de contribución en nuevas construcciones de infraestructuras de la dimensión de Metalships & Docks o San Enrique. La cartera del naval gallego ascendió hasta diciembre a los 1.200 millones de euros, sin contar la asignación posterior de encargos como el CSOV eléctrico de Armón para Bibby Marine, el oceanográfico Dana V de Freire para Dinamarca o el arrastrero de merluza negra de Nodosa para Pesantar (joint venture de Profand y Newsan).
De nuevo, destaca en esta actividad la estructural «orientación exportadora» de los astilleros, como apunta el equipo que lidera Almudena López del Pozo: cerca del 90% de los pedidos son para armadores extranjeros, diez puntos por encima del promedio de toda España. Teniendo en cuenta los buques firmados en lo que va de año, en la cartera hay buques para 15 países (sin contar con la Polinesia Francesa, territorio de ultramar del país galo). Los pedidos de armadoras españolas —o que llevarán bandera de España— se limitan a la unidad de apoyo a buceadores adjudicada a Freire por la Armada, un remolcador de altura de Nodosa para el grupo Amare Marin, el palangrero híbrido de Armón para Veraguas Lar y un multipropósito del astillero ferrolano Blascar para Maritime Global Services.
Los importes
Las cifras oficiales que maneja Pymar eleva las unidades en cartera, hasta el pasado 31 de diciembre, a 34: equivale a más de la mitad de la actividad del naval de todo el país y el volumen más alto en los últimos 15 años. Pero es que la elevada complejidad de los pedidos y su íntegra personalización para la empresa armadora —los astilleros gallegos no trabajan modelos seriados— aumentan además el importe conjunto de las operaciones en marcha. El oceanográfico asignado por la universidad danesa DTU (Danmarks Teksnike Universitet) a Freire, de 70 metros de eslora, está presupuestado en casi 427 millones de coronas —fue incrementado, de inicio la dotación económica era de 390 millones de coronas—, que al tipo actual de cambio equivalen a unos 57 millones de euros. Le supera ampliamente el contrato de dos patrulleras de vigilancia de altura (OPV, offshore patrol vessel) que construirá Cardama para el Gobierno de Uruguay. El pesquero de Pesantar para la codiciada pesquería de la merluza negra argentina —será el reemplazo del Echizen Maru y entró en vigor este 2025— costará cerca de 40 millones; es el encargo singular más costoso realizado por una armadora de capital gallego. En suma, la cartera contabilizada por Pymar es generadora de 6,8 millones de horas de trabajo para el sector.
Hay un aspecto que hace todavía más singularísima a esta industria gallega: su liderazgo absoluto, y a escala global, en el segmento de buques de investigación oceanográfica. De acuerdo a los registros del año 2023, por ejemplo, solo Rusia contaba con más pedidos de este tipo, y en su caso buena parte de la actividad está en manos del consorcio United Shipbuilding Corporation, controlado por el Kremlin. Tampoco hay más oceanográficos en construcción en España fuera de las instalaciones de Grupo Armón y Construcciones Navales Paulino Freire. Y es un nicho que seguirá ofreciendo oportunidades a corto y medio plazo teniendo en cuenta la edad media de los buques operativos a día de hoy. “Considerando solo el baremo de la edad [de los barcos], aproximadamente la mitad de la flota oceanográfica ya ha alcanzado la vida media recomendada para el reemplazo o está a punto de hacerlo”, ha apuntado a FARO la ingeniera naval y directora científica de la European Marine Board (EMB), Paula Kellett. Solo en Europa sería preciso reemplazar en torno a medio centenar de unidades. La EMB ha llamado la atención esta misma semana, además, del hecho de que el 90% del fondo marino está inexplorado, hecho que urge corregir.
El «MAGA» de Trump, también para los astilleros
El término «MAGA» se ha vuelto ultrapopular en los últimos meses y en torno a él tienen cabida todo el histrionismo ideológico de Donald Trump. En rigor, son las siglas de Make America Great Again (un «Haz de nuevo grande a América», en referencia a los Estados Unidos), que aplica a casi todas las actividades económicas que, a su juicio, han sido vilipendiadas por la competencia extranjera. Ahora quiere aplicar su receta MAGA a la industria de construcción naval y, para ello, firmó el pasado miércoles una orden ejecutiva ya bautizada como Make Shipbuilding Great Again («haz grande de nuevo a la construcción naval»).
«Estados Unidos siempre ha sido una nación marítima, pero hoy el sector de construcción naval de China ha establecido una posición de dominio en el mercado global a través de prácticas desleales», se puede leer en dicha orden, que fija la creación de una oficina gubernamental especializada y adscrita a la Casa Blanca.
«Para impulsar nuestra base industrial de defensa, también vamos a revitalizar la industria de la construcción naval estadounidense, incluyendo la construcción naval comercial y la militar», abunda. Creará un fondo específico para financiar nuevas construcciones y facilitará incentivos financieros para asegurar pedidos a sus astilleros.
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