La mitad de los autónomos gallegos abandonan la actividad el primer año
Agricultura y ganadería sufren una mayor sangría que el comercio
La inmensa mayoría trabajan solos, sin asalariados
El 55% cotiza por la base mínima, menos de 1.000 euros

Cartel de liquidación por cierre en un comercio de Vigo. / Alba Villar

La primera referencia oficial a los autónomos se remonta a diciembre de 1942 con la obligación de crear un seguro obligatorio de enfermedad para cubrir a «los trabajadores económicamente débiles», a «aquellos que con su trabajo intervengan en España en un ciclo cualquiera de la producción, bien sea por su cuenta o por cuenta ajena». Su regulación tardó unos cuantos años. La ley de Bases de la Seguridad Social los reconoció como una forma de ocupación más en 1963 y en 1970 se aprobó el régimen especial en el que cotizan. Desde entonces, el colectivo forma parte de la columna vertebral del mercado laboral de Galicia. Un territorio donde históricamente han estado muy presentes por el relevante peso de la agricultura, la ganadería y la pesca, sectores de cabecera para el autoempleo.
La comunidad sigue siendo la que más autónomos tiene en proporción con la población en edad de trabajar —127,6 por cada 1.000 habitantes de 16 a 64 años, según el balance de septiembre del Ministerio de Trabajo y Economía Social—, pero en la comparativa con el total de afiliaciones a la Seguridad Social se sitúa ya en el tercer puesto del ranking autonómico (19,4%). El empleo en Galicia sufre un problemón por la falta de relevo generacional, particularmente grave en el caso de los trabajadores por cuenta propia. En octubre había 222.882 de alta, casi 2.100 menos que en el mismo mes de 2023.
Van ya ocho años consecutivos de caídas, con la única excepción del repunte de 2021 (441 nuevos autónomos) tras el shock del coronavirus. Y no se ve el freno de momento. En la tendencia a la baja influyen la falta de jóvenes en general por el invierno demográfico, la mejor imagen que todavía proyectan los puestos de asalariado y también la bajísima tasa de supervivencia del empleo autónomo en Galicia. Alrededor de la mitad deja la actividad antes de cumplir un año de alta, según revela el Instituto Galego de Estatística (IGE) en su primer análisis sobre el colectivo publicado ayer. De las 24.900 altas en 2021 en el régimen especial de autónomos en la comunidad, solo el 55,7% se mantenían en el último día hábil de 2022.
El porcentaje ha ido variando en los últimos años, pero sin grandísimas oscilaciones. En 2013 rondaba el 50%; en 2014 alcanzó el 52%; el 50,5% en 2015; el 47,9% en 2016; el 50,9% en 2017; el 50% en 2018; el 53,4% en 2019; y el 55,8% en 2020, la tasa más alta de supervivencia de la serie recogida por el IGE por el plus de resistencia con las prestaciones por cese de actividad durante la pandemia.
¿Y cuántos autónomos siguen adelante después de dos años en Galicia? El 44,3%. El 36,5% aguantó tres. Solo el 19,3% se mantienen de alta al cabo de nueve años. El diagnóstico realizado por la Consellería de Emprego, Comercio e Emigración para poner en pie la Estrategia Impulso Autónomo Horizonte 27 reconoce también una «manifiesta alta tasa de mortalidad en los primeros años de la puesta en marcha de negocios» que atribuye a «la falta de rendimientos para mantenerlo y para promover su consolidación». Pesa la reducida dimensión y la presencia habitual en «sectores sobreexplotados y con escaso valor añadido, como el comercio minorista o la hostelería».
Así es. En el comercio minorista están el 13% de todos los autónomos y cerca del 9% en la hostelería. Las otras actividades con mayor cuota de trabajadores por cuenta propia en la comunidad son la construcción especializada (8,7%) y el campo (10,6%), donde se está dando la caída más abultada de los cotizantes: 879 menos a lo largo de 2023. En comercio al por menor se perdieron 770.
La mayoría de los autónomos en Galicia, unos 184.800, está solo al frente de las tareas. Otros 20.500 tienen entre 1 o 2 empleados; 5.700 dan trabajo a entre 3 y 5 personas; y alrededor de 1.800 superan los 5 ocupados en nómina. El 55% cotizaba en 2022 por la base mínima (960,60 euros al mes en aquel momento). El 28% llegaba como mucho a los 1.441 euros; el 8,4% se movía hasta el doble de la base mínima; el 7,3% entre esa cantidad y el triple de la cuota más baja; y únicamente el 1,3% superaba los 2.881 euros mensuales.
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