El naval vigués, atento: el CSIC planea renovar toda su flota costera y la Armada trabaja en un nuevo buque hidrográfico

El objetivo pasa por dotarse de oceanográficos de pequeño porte con el naval gallego

Defensa desarrolla un barco de 90 metros

La última mesa  redonda de la jornada, a bordo del “Odón de Buen”

La última mesa redonda de la jornada, a bordo del “Odón de Buen” / Alba Villar

Adrián Amoedo

Adrián Amoedo

El astillero vigués del grupo Armón se adjudicó el pasado 2021 la construcción de la nueva joya oceanográfica española, el Odón de Buen. Ayer, una sala de este buque de 84,3 metros de eslora sirvió de escenario para una de las mesas redondas de la jornada técnica organizada por el Colegio y Asociación de Ingenieros Navales de España (AINE), que tenía como tema central la construcción de este tipo de embarcaciones científicas. Durante la celebración del evento, responsables del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Armada desvelaron los planes inmediatos de la renovación de la flota investigadora del país. En el primer caso, el objetivo en los próximos años será el de sustituir las embarcaciones de carácter costero o regional, con hasta seis unidades que podrán ser renovadas; en el segundo, además de continuar con la –larga– tramitación para un nuevo Hespérides, el Instituto Hidrográfico de la Marina quiere dotarse de un buque con capacidad oceánica, de 90 metros de eslora, y de cinco lanchas hidrográficas. Y en todo ello, el know-how del naval gallego será capital.

La jornada constó de tres mesas redondas de alto contenido técnico en las que se analizaron las tendencias en los buques oceanográficos, con participación destacada de empresas del naval olívico como Armón, Freire Shipyard, Industrias Ferri o Vicus DT. Entre ellos se colaron las ponencias del coordinador de flota del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), Pablo Carrera, y de Luis Manuel Rusillo Díaz-Obrego, del Instituto Hidrográfico de la Marina.

Carrera comenzó su intervención situando el estado de la flota actual y las últimas bajas, las del José María Navaz y el García del Cid. Con estas dos embarcaciones fuera de servicio y las otras cuatro de carácter costero/regional afrontando sus últimas mareas, el responsable de flota cree que el reto más acuciante al que se enfrentan en materia de renovación se centra en estas seis unidades. “Nuestros buques costeros están al final de su vida operativa”, recordó sobre los barcos Francisco de Paula Navarro, Lura, Mytilus y Volandeira.

Según el investigador, este tipo de unidades “son muy importantes” debido a que los ecosistemas que estudian “son los más vulnerables”. “No es un buque para nosotros, es para prestar servicio a la sociedad”, insistió Carrera.

Interior del "Odón de Buen" durante una de las ponencias

Interior del "Odón de Buen" durante una de las ponencias / Alba Villar

Sobre cómo deben ser estos barcos, el responsable de flota se decanta por un tipo catamarán, con laboratorios a poder ser portátiles para desplazarlos y embarcarlos donde sea necesario. “Mínima tripulación, mínimo consumo y optimización del espacio interior”, recalcó.

Tras la ponencia de Carrera, Luis Manuel Rusillo Díaz-Obrego, del Instituto Hidrográfico de la Marina, tomó la palabra. Tras introducir el papel clave de los trabajos centrados en hidrografía que se realizan en España, el capitán recordó que los medios de los que disponen para estas labores son “muy antiguos”. “Son barcos viejos y ruidosos”, resumió, “y llevamos planteando desde hace años la renovación de hidrográficos, que también pueden ser científicos”.

Así serán los buques hidrograficos que fabricará Navantia para la Armada

Así serán los buques hidrograficos que fabricará Navantia para la Armada / Armada

El Gobierno ya se puso manos a la obra. A mediados del pasado año se confirmó el pedido asignado a Navantia para reemplazar los anticuados buques Tofiño y Malaspina, por nuevas unidades de 47 metros de eslora cuya entrega está prevista para 2027 y 2028. Ahora la idea es la de continuar con el resto de la flota, un total de cinco embarcaciones de medio porte, y la incorporación de un buque de clase oceánica y capacidad polar de unos 90 metros de eslora.

Sobre este último, Rusillo comentó que están “en pleno proceso documental” para perfilar las características del barco, pero desveló que tendrá un desplazamiento de más o menos 3.000 toneladas, capacidad para 48 personas, autonomía para operar durante 25 días y equipado con dos lanchas hidrográficas. Con ello, esperan no depender del buque Hespérides para ciertas misiones.

En lo que respecta a los barcos de menor porte, quieren cuatro unidades de 9 metros de eslora, eléctricas, fabricadas en aluminio y configuradas para que operen de forma autónoma, manual o en remoto. Junto a ello, el instituto quiere también otra embarcación de tamaño medio, con 18 metros de largo y una mayor autonomía, de por lo menos siete días.

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