Pescanova desempolva su historia

La firma, que cumple 64 años este mes, inicia una catalogación de su patrimonio industrial

Un mural de Lugrís, rescatado del buque factoría “Galicia” en 1978, el objeto más preciado

Lara Graña

Lara Graña

Treinta y seis millones y medio de pesetas, casi cuatro veces por encima del presupuesto. Es lo que pagó Compañía Trasatlántica por la construcción del buque Alfonso XIII, botado en Sestao el 14 de septiembre de 1920 en una ceremonia presidida por los monarcas Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Faltaban tres años para el golpe de Estado de Primo de Rivera y otros once para que, con la llegada de la Segunda República, el barco fuese rebautizado como Habana. Durante la Guerra Civil fue utilizado para la evacuación masiva de refugiados a Francia, Reino Unido o Rusia, y terminaría convirtiéndose en buque hospital en el puerto de Burdeos. Reconvertido a finales de los años cuarenta en una unidad mixta de carga y pasaje, la recién constituida Pescanova (junio de 1960) lo rescató de un desguace seguro para convertirlo en un buque factoría, el Galicia, con capacidad para congelar 100 toneladas diarias de pescado en los caladeros sudafricano y canario-sahariano. A bordo de aquella fábrica flotante de 146 metros de eslora y 18,6 metros de manga, en el comedor de oficiales, un tesoro artístico hacía de talismán: un inmenso mural del genial Urbano Lugrís, de más de cuatro metros de ancho, con los castillos y ríos que fueron dando nombre a la genial flota de la multinacional.

El Galicia iría a desguace en 1978 –se vendieron a peso hasta las turbinas y calderas ERK, instaladas en 1971–, tres años después de su último servicio en alta mar. Aquel imponente mapa de Galicia, flanqueado por unas particulares interpretaciones de la Virgen del Carmen y de San Telmo, pasó al recibidor de la sede central de Chapela. A preguntas de FARO, fuentes de (ahora) Nueva Pescanova han apuntado que la obra luce hoy en un lugar “más discreto” y que la empresa va a proceder a catalogar todo su patrimonio industrial, repleto de maquetas o útiles de navegación. El artístico, indican, se limita a esta joya de Urbano Lugrís.

La otra obra de Lugrís

En ella aflora el perfil del Castelo de Lemos, como el buque construido en 1961 y concebido erróneamente como el primer congelador del mundo (honor que corresponde al Fairtry); el Castelo de Sobroso, cuyo sosias se entregó en 1962 a cargo de Ascón; el río Sil, como el arrastrero de 1986, ahora propiedad de Lafonia; el Castelo de Vimianzo, por el que fue nombrado el pesquero de 1963. Y el Andrade, Pambre, Doncos, Ulla, Eo, Allones, Louro, Eume, Avia...En las filas de la multinacional sobrevive en activo el Ribadavia, ensamblado también en Meira en 1974, y que opera hoy bajo pabellón de Namibia. El Betanzos, del mismo año y que faenó krill para la filial Antarctic Sea Fisheries, trabaja ahora como buque de apoyo al desarrollo científico en la Antártica para la compañía chilena Grupo DAP.

Así que el trabajo de Lugrís (1908-1973) es también una especie de hemeroteca, un recorrido por la historia y los trabajadores que, a bordo o en tierra, convirtieron Pescanova en un faro para la pesca a escala planetaria. Una instantánea a pincel de lo que la compañía fue y lo que supuso.

Uno de sus colegas, compañero de tertulias en el Derby de Vigo y uno de los que más y mejor valoró su trabajo, fue precisamente el cofundador de Pescanova Valentín Paz Andrade, padre del que fue el líder de la expansión pesquera del grupo, Alfonso Paz-Andrade, CEO en Chapela hasta 2007.

Vigo, 30 de Nadal de 1973. Andaba escrito que o Ano teria que rematar con malas novas. O dia de Noiteboa enterramos a Urbano Lugrís en Pereiró”, escribió textualmente Valentín Paz Andrade a Luís y Maruxa Seoane, en una misiva que consta en el fondo documental del Consello da Cultura Galega. “O pobre Lugrís derrubóuse d-un dia pra outro. O seu xenio persoal, desordeado e sin liña firme nin siquera frente a vida, viña mascarando a gravedade das suas doencias [...] Nos mesmos dias, sin saber que se atopaba doente, e como outros anos, andabamos Alfonso i-eu a procura do pobre amigo pra non deixar que pasara a Noiteboa isolado. Non pudemos senon acompañal-o no camposanto, pois xa o levaran ao deposito de cadavres”.

Su legado, el de los tres –el de la creación de la empresa, de la expansión global, de su matrimonio con Galicia–, al igual que el de José Fernández o Manuel Fernández, pervive en ese mural de castillos, ríos y la mar arbolada.

Suscríbete para seguir leyendo