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India también quiere jugar a los barcos

Su gobierno prepara una batería de ayudas en efectivo, bajadas de impuestos e incentivos para “reindustrializar” esta actividad y competir con el naval europeo

Instalaciones de Cochin Shipyard Limited. | // CSL

“Si bien la importancia de las carreteras y los ferrocarriles en la economía es innegable, también existe una mayor necesidad de alentar al sector marítimo para que pueda alcanzar su máximo potencial”. Esta sentencia resume una política económica, a juicio del propio Gobierno de la India, que ha evolucionado de espaldas al mar y que ha dejado pasar la oportunidad de competir con países como Corea del Sur, Japón, Vietnam o China. “La construcción naval necesita su propio ministerio, el país haría bien en aprender de Pekín”, ha zanjado, en el periódico The Print, el almirante Arun Prakash. El gabinete que dirige el primer ministro Narendra Modi está decidido a ponerle remedio de forma inmediata, con una ingente batería de medidas que buscan una “reindustrialización” del sector para convertirlo en un competidor de primer nivel. Y muy low cost. India quiere construir barcos, muchos barcos, y poner las cosas todavía más complicadas al naval europeo, que acaba de ver cómo las gradas chinas cogen expertise en el mercado de los grandes cruceros.

En primer lugar, India pretende conceder al naval de la condición de industria estratégica prioritaria, lo que allanará su acceso a la financiación bancaria. Las condiciones geográficas son óptimas –cuenta con una línea de costa de más de 7.500 kilómetros de longitud–, pero sin una hoja de ruta clara. “India no tiene ni los medios económicos ni la necesidad de competir en una carrera armamentista naval con China –abunda Prakash–. Pero necesitamos asegurar una capacidad naval adecuada para salvaguardar nuestros intereses vitales”. Ahí estará el objetivo. De inmediato, con una partida específica en los próximos presupuestos, que diseña ya la ministra de Finanzas Nirmala Sitharaman. Según ha avanzado Reuters, la construcción naval dispondrá de ayudas en efectivo por 10.000 millones de rupias (algo más de 120 millones de euros) a través de un fondo de un fondo de desarrollo marítimo. Pero Sitharaman desplegará también un programa específico de incentivos –todavía sin aclarar– y rebajas fiscales para mejorar la competitividad de los astilleros del país vía subsidios.

El punto de partida no llama a un excesivo optimismo a corto plazo. Según los últimos datos disponibles, facilitados por la consultora Clarksons Research, India cerró el primer semestre con una cartera de pedidos de 13 unidades por valor de unos 1.300 millones de euros, al tipo actual de cambio, con 528.000 toneladas CGT. Más de la mitad de sus astilleros están de brazos cruzados: la industria está compuesta por 28 atarazanas, de las que seis pertenecen a un conglomerado público estatal, dos son de gobiernos regionales y otros veinte están en manos privadas. En los últimos meses, Modi ha estado de visita en las instalaciones coreanas de Hyundai Heavy Industries y en las rusas –en compañía de Vladimir Putin– de Zvezda Shipbuilding Complex. El pasado agosto, ya en suelo indio, participó en la inauguración de las nuevas instalaciones de Cochin Shipyard Limited, a orillas del río Hugli, y que se centrará en cruceros fluviales y pequeñas embarcaciones costeras.

El fiasco del “Vikrant”

Los planes pasan asimismo por la adjudicación de 50 buques, aunque los funcionarios consultados por Reuters no aclararon de qué segmento serán o cuál podría ser el porte, aunque sí indicaron que una de las prioridades es reducir el coste derivado del comercio internacional. Con todo, arrebatar a Corea o China las medallas en el mercado de los portacontenedores o gaseros se antoja como un horizonte utópico, por más que el equipo de Narendra Modi aspire a fijar a la India como “líder marítimo mundial”. El pasado septiembre, el primer ministro acudió al acto de entrega del portaaviones INS Vikrant, construido en el astillero Cochin. “Vikrant no es solo un buque de guerra. Este es un testimonio del arduo trabajo, el talento, la influencia y el compromiso de la India en el siglo XXI. Si las metas son distantes, los viajes son largos, el océano y los desafíos son infinitos... entonces la respuesta de la India es Vikrant”, exhortó. El problema es que, tras múltiples retrasos, este portaaviones ya estaba obsoleto cuando se finalizó: la quilla, por ejemplo, se puso hace 13 años. Con equipamiento militar contratado en Rusia, la guerra en Ucrania retrasó todavía más su ejecución. No entrará en servicio hasta 2023.

Sea como fuere, el naval indio quiere crecer con la mecha de los subsidios públicos y una política de bajos costes capaz de dar la batalla a sus gigantes vecinos.

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