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El motor relevó al ladrillo a la cabeza de la producción en Galicia en la pandemia

A pesar del parón, el valor de los bienes y servicios generados en la comunidad superó a todos los años de la doble recesión | La automoción creció un 16% | Las agencias de viajes se desplomaron casi un 76%, un 48% el refino y alrededor del 40% la hostelería

Operarios de la factoría de Stellantis en Vigo.

Operarios de la factoría de Stellantis en Vigo. / Marta G. Brea

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Julio Pérez

Julio Pérez

Vigo

Entre los dos sucesos más disruptivos de la historia reciente pasaron un año, once meses y trece días. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), declaró oficialmente el COVID-19 como una pandemia el 11 de marzo de 2020. “No es una palabra para usar a la ligera o descuidadamente. Es una palabra que, si se usa incorrectamente, puede causar un miedo irrazonable o una aceptación injustificada de que la lucha ha terminado, lo que lleva a un sufrimiento y muerte innecesarios”, afirmó, tras una larga jornada de análisis de la evolución de los brotes. “Estamos profundamente preocupados tanto por los niveles alarmantes de propagación y gravedad –confesó Adhanom–, como por los niveles alarmantes de inacción”. En aquel momento había unos 118.000 casos contabilizados en 114 países y 4.291 fallecidos. El 24 de febrero de este 2022, cuando los casos acumulados superaban los 430 millones y el número de víctimas mortales ascendía 5,9 millones, el mundo volvió a contener la respiración con los primeros movimientos del ejército ruso para invadir Ucrania. Como se temía, el conflicto agravó los problemas que había ya en las cadenas de suministro por la brusca recuperación de la economía tras la primera ola del coronavirus y empujó la inflación a niveles inéditos en las tres últimas décadas.

produccion economica W

produccion economica W / Hugo Barreiro

Además del giro de 180 grados en la política fiscal y financiera de los países, claramente expansiva frente a la apuesta por el austericidio de las crisis anteriores, “estos acontecimientos constituyen un shock que supondrá con toda seguridad un cambio en el rumbo de la globalización, que había alcanzado su cima tras la Gran Recesión”, apuntan Raymond Torres y María Jesús Fernández, director y economista sénior del área de Coyuntura Económica de Funcas en un monográfico que el centro de análisis acaba de publicar sobre los efectos del coronavirus en la economía española y el salto a este nuevo periodo repleto de incertidumbres otra vez.

Entre dos crisis

La crisis energética, los cuellos de botella “y la desorganización de las cadenas de suministro en consonancia con la desglobalización” marcarán “el rumbo durante los próximos años en materia de crecimiento”, con el apoyo de “algunos importantes factores de resiliencia”, como la buena salud del empleo, el superávit externo, la solvencia del sector privado y los fondos Next Generation. “Una oportunidad para transformar el modelo energético –remarcan ambos expertos de Funcas– y cerrar por completo las secuelas de la pandemia”.

Cuando se declaró la emergencia sanitaria, Galicia venía de batir un récord en producción de bienes y servicios. El valor ascendió a 122.748 millones de euros en 2019.

El impacto "heterogéneo"

En uno de sus primeros informes de situación, el Banco de España anticipó “un impacto heterogéneo” entre países e, incluso, dentro de España, por las medidas adoptadas para el control del coronavirus en función de “las diferencias en la estructura productiva y en las conexiones intersectoriales”. Trazó dos posibles escenarios con un confinamiento de corta o larga duración. En cualquiera de ellos, Canarias, Baleares, País Vasco y Madrid sufrían la mayor caída de actividad, mientras que Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía serían las menos afectadas. Galicia estaba teóricamente más cerca de las primeras por, entre otras causas, el “efecto arrastre o indirecto” de la parálisis a lo largo de “los vínculos intersectoriales”, sobre todo en sectores muy vinculados “a las cadenas globales del sector”. “Este efecto es particularmente elevado en las comunidades en las que la fabricación de automóviles tiene un peso más alto”, apuntaba el supervisor.

El Foro Económico de Galicia, en cambio, pronosticó justo lo contrario. La menor dependencia del turismo extranjero, la gran relevancia de la industria agroalimentaria –uno de los sectores considerados esenciales desde el inicio de la pandemia– y la rapidez con la que el grupo Stellantis salió del letargo después de la primera ola aventuraban un golpe más contenido en la comunidad. Así fue. El Producto Interior Bruto (PIB) mermó el 9,1% en 2020, casi dos puntos menos que el retroceso del conjunto del Estado (10,8%). Hubo diez autonomías con mayor recorte que Galicia, donde la automoción fue el gran motor económico inesperado.

Cuentas anuales

La producción de bienes y servicios descendió un 6,5% en el primer año del COVID-19 en la comunidad, hasta los 114.748 millones de euros, según los detalles de las Cuentas económicas anuales que acaba de publicar el Instituto Galego de Estatística (IGE). A pesar del brusco parón, la cifra es muy superior a la registrada en todos los años de la doble recesión financiera, entre 2009 y 2013, y supera también los volúmenes de 2014, 2015 y 2016.

No fue todo tan negro como cabría esperar en lo estrictamente económico. Un tercio de las ramas de actividad elevaron su producción en 2020. Entre todas destaca la fabricación de coches, que alcanzó los 8.900 millones de euros, un 15,8% más que el ejercicio anterior y cerquísima de su máximo histórico de 2007 (8.870 millones). Por primera vez en la historia, la industria del motor encabezó la producción de bienes en Galicia. Concentró el 7,7% del total, acabando con el tradicional liderazgo de la construcción, que retrocedió un 11%.

Caras y cruces

¿Cuáles fueron las otras ramas expansivas en medio de la crisis del coronavirus? La producción de la industria láctea aumentó un 13,9%; cerca de un 10% las actividades de seguridad e investigación, servicios a edificios y auxiliares; un 9,5% la programación, consultoría e informática, arrastradas por el acelerón digital; el 8,4% crecieron las actividades jurídicas y de contabilidad; y el 7,5% los seguros. Las actividades sanitarias y de servicios sociales de no mercado –es decir, las desempeñadas por parte de las administraciones– medraron un 7,4%. En la industria alimentaria sobresalieron también las cárnicas (5,7%) y el grupo que engloba a la fruta, las harinas y la panadería (5,6%). Por las mismas razones que la sanidad, la educación dentro del segmento de no mercado se elevó un 5,3%.

Las agencias de viajes y los operadores turísticos son el ejemplo más claro de la desigualdad en el golpe de la pandemia. Su actividad se desplomó un 75,6%, con únicamente 45,2 millones de euros. El refino de petróleo, azotado por el bajón del consumo de carburantes, y el transporte marítimo cayeron alrededor del 47%. Un 44% se redujo la producción de los servicios de alojamiento y la otra parte de la hostelería, los servicios de comidas y bebidas, descendieron un 39%, lo mismo que las actividades artísticas y recreativas.

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