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Faro de Vigo

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La producción hidroeléctrica se hunde con la sequía y aviva la quema de carbón en España

La generación de los embalses cae a la mitad en un año y se queda en los 556 GWh: no hay precedentes desde el año 1990 de un registro tan bajo | Las térmicas reviven y las no renovables elevan su potencia más del 30%

Estado actual del embalse de Zamáns, en el término municipal de Vigo. JOSÉ LORES

El mundo se seca. “Es solo cuestión de tiempo antes de que se cierren plantas en la industria química o siderúrgica, los aceites minerales y los materiales de construcción no lleguen a su destino o ya no se puedan realizar transportes grandes y pesados”. Es la advertencia del lobby industrial alemán BDI (Bundesverband der Deutschen Industrie), ante el bajísimo nivel de los canales fluviales navegables que sirven de vías de transporte interno en el país. “Las empresas se están preparando para lo peor”. En Sichuan, uno de los pulmones industriales de China, la producción fabril se ha visto paralizada tras la orden de Pekín de racionalizar el uso de energía debido a la peor sequía en seis décadas. Se seca el mundo y lo hace también España: la producción hidráulica –Galicia cuenta con más del 20% de la capacidad instalada– se ha hundido a niveles desconocidos en al menos 32 años, hasta los 556 gigavatios hora (GWh), como certifica el balance de Red Eléctrica. Un escenario que ha dado aire a tecnologías de generación repudiadas desde Madrid: el gas, para el que se ha requerido reducir su uso, y el carbón.

Sin visos de precipitaciones a corto plazo, los embalses amparados en la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil marcaban este jueves un promedio inferior al 50%. El último parte semanal difundido por la entidad que preside José Antonio Quiroga es poco alentador. Desde el año 1980, cuando arrancan los registro disponibles, la precipitación acumulada en los seis sistemas (Miño Baixo, Limia, Cabe, Miño Alto, Sil Inferior y Sil Superior) ha rozado los 1.150 mm/año. Hasta la primera semana de este mes de agosto apenas sumaba más de 600 mm/año. Se trata de un parámetro inaudito en toda la serie, en más de 30 años.

La producción gallega con la quema del mineral negro alcanzó en abril –último balance conocido– los 146 megavatios hora (MWh), con la reactivación de la central de As Pontes durante el pico de tensiones en el precio de la electricidad tras la invasión de Ucrania. Fuentes de Endesa apuntaron a FARO que la actividad de estas instalaciones, y la combustión de carbón, finalizó en junio, previamente a una parada técnica por mantenimiento en uno de los dos grupos disponibles. Al margen de que concluyan estas tareas periódicas, la compañía está “a la espera de que el Ministerio para la Transición Ecológica emita un informe” que pueda viabilizar o enterrar su vuelta al trabajo en función de las previsiones de demanda y generación de cara al invierno. La titular de la cartera, Teresa Ribera, no está por la labor.

A quemar

Con la producción hidráulica en mínimos históricos, y pese a la aportación de la eólica o la fotovoltaica, la generación de fuentes de energía no renovables no para de crecer. Un 30% en agosto en comparación con el mismo mes del año pasado, concretamente, y con el carbón como protagonista. Su peso en el panel se ha agigantado un 160%, por encima del ciclo combinado (127%) y las turbinas de gas (50%). Y reaperturas como la que se produjo en As Pontes se repiten por varios países del continente. La central Emile-Huchet, en la localidad francesa de Saint-Avold, volverá a operar este invierno después de que la Ley de Energía y Clima de Emmanuel Macron precipitara su cierre la pasada primavera. Operaría de forma “puntual y temporal” para paliar el impacto de las consecuencias de la guerra. “En cualquier caso, produciremos menos del uno por ciento de la electricidad a partir del carbón” y “no utilizaremos carbón ruso”, ha matizado el Ministerio de Transición Energética galo. Reino Unido ha tomado una decisión similar al habilitar la operativa de las térmicas hasta el 31 de marzo y ante la perspectiva de un último trimestre convulso. Ocho de cada diez hogares británicos utiliza gas para la calefacción y habrá interrupciones. Es más, una compañía local (West Cumbria Mining) ha solicitado permisos para volver a extraer carbón, treinta años después, en la localidad de Whitehaven.

Estado del Rhin, debido a la sequía. Efe

Pero no solo los gobiernos se entregan a los brazos de las instalaciones térmicas, pese a la elevadísima contaminación que generan y a la penalización por los derechos de emisión de CO2. Las familias del centro de Europa ya han empezado a hacer acopio de carbón de cara al invierno, ante la previsión –una certeza, más bien– de que exista racionamiento en el suministro de gas. “Incluso si es malo para la salud, es mejor que tener frío”, expuso un comprador berlinés a la agencia AFP. De los casi dos millones de hogares que hay en la capital alemana, se calcula que unos 6.000 todavía utilizan el carbón regularmente. Ahora, son los que conservan sus estufas los que están haciendo pedidos, con listas de espera de hasta dos meses. “Las cosas serán radicalmente distintas cuando empiece a hacer frío fuera”, resumió el empresario Frithjof Engelke al mismo medio.

España pide a Francia una respuesta clara a favor del gasoducto que reclama Alemania

El canciller alemán, Olaf Scholz, pidió el jueves pasado finalizar la construcción de un gasoducto que conecte la Península Ibérica con Europa Central. Estas palabras se interpretaron como un impulso a un proyecto similar al MidCat, que atraviese Cataluña hasta los Pirineos. España aseguró dos días después que su parte del proyecto podría estar construida en ocho meses, costaría unos 370 millones de euros y permitiría el transporte de gases renovables. Pero necesita el beneplácito de Francia, que debe continuar dicho gasoducto hacia el centro y el norte de Europa. Una semana después, el gobierno de Emmanuel Macron mantiene su argumentario tradicional de que es un proyecto lento y costoso y dice que hay todavía muchas “incertidumbres” sobre poder transportar hidrógeno, según fuentes de su ministerio para la Transición Ecológica. Pero el Gobierno español responde que no tiene constancia de “ningún comunicado oficial” y espera que el país se pronuncie oficialmente y al más alto nivel, según fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica.

En respuesta a las preguntas de los medios de comunicación sobre si está a favor de la construcción de un nuevo gasoducto, después de que la semana pasada Alemania y España hayan apostado por ponerlo en marcha, el ministerio para la Transición Ecológica francés remite un comunicado en el que insiste que “un proyecto de este tipo tardaría muchos años en estar operativo y, por tanto, no daría respuesta a la crisis actual”. La alternativa, para Francia, es la instalación de terminales flotantes de gas natural licuado (GNL) en aquellos países con costa al tratarse de una fórmula que requiere “una inversión menor” y una construcción “más rápida”.


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