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Manel Pazo Paniagua Presidente de la Asociación Eólica de Galicia (EGA)

“Los 106 millones en impuestos a la eólica deben ir a los concellos con parques”

“Tras los recursos a los proyectos hay intereses políticos. Todos se basan en lo mismo”

El presidente de EGA, Manel Pazo. XOÁN ÁLVAREZ

La eólica gallega tenía todos los mimbres para convertirse en un vector de la transición energética en España aprovechando el acelerón europeo en la descarbonización. Después de la larga travesía en el desierto por el fracaso del concurso eólico de 2010, la reforma que finiquitó las primas a las renovables y la doble recesión financiera, el sector recuperó el aire gracias a los repartos de potencia del Gobierno central, pero la parálisis administrativa en las tramitaciones y los movimientos en contra de los proyectos provocaron otros tres años sin apenas actividad. “No entiendo cómo van a hacer tantos proyectos industriales que se están promocionando sin nueva generación”, avisa el líder de la patronal eólica en la comunidad, que pronostica otro ejercicio casi en blanco. Manel Pazo reconoce que los promotores “ahora” son conscientes de que “no llega todo lo que tiene que llegar” de la recaudación fiscal de los parques a los concellos donde se instalan, pero cree también que la ola de protestas responde “a intereses políticos”.

–La Axenda Enerxética 2030 esboza “un nuevo mix” con el hidrógeno verde, gases renovables, biocombustibles, almacenamiento y eólica marina. ¿Por qué no hay rastro de la eólica terrestre?

–Pues es un tema que llevamos preguntando desde hace tiempo. Ni recoge el incremento de energía renovable, ni fija porcentajes para ninguna tecnología.

–Pero sí identifica qué tecnologías se potenciarán y la eólica terrestre no aparece.

–Por eso desde el sector reclamamos una planificación a corto, medio y largo plazo. No sabemos qué tienen en mente.

–Y cuándo les preguntan, ¿qué responde la Xunta?

–Que tienen autorizados 600 megavatios.

–¿Coincide con los datos que maneja el sector?

–Es posible, pero como tardaron tanto, tanto tiempo en autorizarlos, las máquinas previstas están obsoletas. No existen ya en el mercado. Si las empresas quieren actualizar el proyecto, que sea una modificación sustancial o no depende de la interpretación de los técnicos de los departamentos ambientales que van imponiendo novedades continuamente. La única forma de corregir ese vacío es a través de una modificación legislativa.

–¿Cuáles son esos vacíos?

–El fraccionamiento, los incendios, que si una pala ahora tiene que ser de color negro, la apertura a proyectos que están fuera del plan sectorial... Hay muchos temas sin definir.

–¿Y el problema es para el promotor o para el funcionario que tiene que dar los permisos?

–Para los funcionarios, los promotores y los financiadores por la inseguridad jurídica. Ahora cualquier proyecto se recurre políticamente. Lo digo y lo repetiré mil veces. Las bases de los recursos son siempre las mismas. Si la UE quiere acelerar las tramitaciones, habrá que ponerse de acuerdo para realizar los parques que se puedan realizar.

–Cuando habla de recursos políticos, ¿se refiere a intereses de formaciones políticas?

–Entidades que no piensan en el ciudadano, sino en política pura y dura.

–¿Por qué?

–Aquí nadie se esconde. La mayoría de alegaciones a los parques y en todos los sitios con movimientos contrarios son del mismo grupo político.

–¿El BNG?

–El BNG. Se ve en todas las noticias. La última manifestación coincidiendo con el Día Mundial del Medio Ambiente estaba liderada por un partido que hizo más en tres años que el propio PP en doce.

–¿Los tres últimos años del bipartito?

–Es que es absurdo. Ellos en su día aceptaron el plan sectorial, convivieron con él sin modificarlo e impulsaron más parques eólicos que en estos últimos doce años con el PP. Ahora lideran una oposición total. No les vale ningún parque.

–Posiblemente los movimientos en contra de la eólica no hubieran tenido recorrido si la gente de los concellos con parques tuvieran la certeza de algún beneficio, más allá de la importancia indiscutible de la producción renovable para luchar contra el cambio climático. ¿No pecó el sector de desligarse del territorio?

–Sí y no. En los sitios donde estamos realmente no hay problemas, pero es cierto que ahora somos conscientes de que no llega todo lo que tiene que llegar. El político no es valiente cuando los 23 o 24 millones del canon eólico no se destinan a las zonas donde están los parques. Van 11 y no entendemos por qué. Claro, a los gobiernos autonómicos no les interesa porque existen 100 municipios con parques y otros 200 sin ellos. Y los propietarios de los terrenos están contentos. Es raro que no vean que gente de la zona trabaja en la eólica. En la Costa da Morte, por ejemplo, es difícil que alguien no tenga un familiar, un amigo o un conocido en el sector. Hay zonas que no eran nada y ahora son algo gracias a ese dinero. El problema está en que los impuestos que pagamos no repercutan en las zonas de los parques. Si hay una recaudación de 106 millones entre el canon, Sociedades y el resto de impuestos estatales, autonómicos y locales, debe ir a ellas. El reparto no es adecuado y eso debe asumirlo quien lo gestiona.

–Pero el margen de beneficio de muchos parques, especialmente en zonas donde el recurso es de mucha calidad, daría para proyectos concretos al margen de los impuestos y no se hacen.

–Se realizaron muchos proyectos locales.

–No ahora.

–Yo tuve una nave de operaciones de mantenimiento donde se hacían programas de software y control para toda Europa. Evidentemente hubo un frenazo durante 12 años porque no se instaló prácticamente nada de potencia. Además, existe una confusión general. Hay parques que tienen PPAs [contratos de suministro directo a precio fijo con grandes consumidores] y parques que no. No podemos generalizar diciendo que todo el mundo está ganando mucho dinero en este mercado. Es tan cierto que no nos va mal, como que hay parques con contratos de venta a precio fijo pactado hace tiempo. De verdad que no es todo oro lo que reluce en la generación eléctrica y lo que le puede corresponder a un productor, un transportista o un comercializador.

Manel Pazo, presidente de EGA. // Xoán Álvarez

“La Xunta cambió su estrategia de oposición a todo lo que no fueran zonas del plan sectorial porque está agotado”


–¿Cuántos parques se van a desarrollar este año en Galicia?

–Creo que ninguno. Ya lo puedo adelantar. Ninguno después de solo 46 megavatios en tres años.

–Eso es llamativísimo con la coyuntura energética actual y la apuesta por la descarbonización.

–Sin duda. Y yo tampoco lo entiendo. Una cosa es que haya en cola 250 expedientes, pero, como siempre le digo a la administración, algunos estarán bien, ¿no? Si tenemos ganas de realizar algo y solucionar el problema, se deben facilitar instrumentos para llevar los proyectos adelante. Esto está pasando en toda Europa, pero más en España y, sobre todo, en Galicia. No es comprensible que el Estado tenga una zonificación, Galicia otras protecciones diferentes, que se manden cartas diciendo que hay que pintar una pala de negro cuando el fabricante no lo tiene homologado porque desequilibra la máquina y cosas así. ¿De dónde vienen estos intereses? No se quieren hacer cosas para no generar conflictos sociales. Esto es así.

–A pesar de las diferencias entre Estado y Xunta, las competencias están repartidas. Hay parques de más de 50 megavatios en tramitación en Transición Ecológica que siguen adelante por mucho que el Ejecutivo autonómico informe desfavorablemente.

–Las competencias en materia urbanística y medioambiental son muy fastidiadas. Basta que emitas un informe negativo para que el proyecto se vaya al traste.

–Pero lo cierto es que esos proyectos siguen adelante.

–También habría que hacer una reflexión sobre el plan sectorial de Galicia del año 2000 con los sitios donde se podían hacer parques. Desde el momento en el que se admiten fuera, se abre la espita.

–¿Los que la Xunta puede autorizar discrecionalmente?

–La Xunta, sí.

–Como ocurre con los parques de los acuerdos de suministros a largo plazo con Alcoa.

–Y a cualquier otro proyecto tractor de Galicia.

–¿Por qué la Xunta, que tanto se opuso a los parques tramitados en el Estado aferrándose a los límites del plan sectorial, apoya los contratos con Alcoa cuando son gracias a ese tipo de parques?

–Parece que ha cambiado esa estrategia porque que los fondos europeos están ligados a nuevos proyectos y que el plan sectorial está agotado. La única forma de impulsar proyectos grandes de hidrógeno, apoyar a Alcoa o lo que sea es abrir el mercado. Lo que no sé es si es una planificación suficientemente razonable o si se está improvisando. Es muy fácil hablar de eólica marina o de hidrógeno verde y obviamente hay que hacerlo, pero todo lo que se haga con esas dos tecnologías no será antes de 2026, 2027, 2028... La única realidad es lo que tenemos ahora, la eólica terrestre, que es la que realmente deberían ordenar.

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