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Desplome de la inversión e inflación anticipan un otoño negro en Galicia

La subida de tipos y los precios condicionarán la economía tras el subidón del consumo previsto este verano | Los expertos urgen impulsar un pacto de rentas “y de beneficios”

Venta de fruta en un comercio de Vigo. Los productos frescos han experimentado una fuerte subida de precio Alba Villar

Después de cuatro meses con los peores datos de todo el país, la producción industrial en Galicia abandonó el terreno negativo en mayo. Aumentó un 10,5%. La inmensa mayoría de las ramas manufactureras rebotaron intensamente, el caso de la automoción (28,5%), la confección de ropa (50,1%), las bebidas (30,6%), la fabricación de maquinaria y equipamiento (62,8%), y, de hecho, el principal responsable de que la actividad en su conjunto se mantenga aún con una caída del 2,9% en el acumulado del año es el suministro de energía y gas, que se desplomó un 31%. En la evolución de la economía conviven magnitudes como esta, el histórico dato de las afiliaciones a la Seguridad Social y la mejora cualitativa de los salarios, el récord también de las exportaciones o las inmejorables previsiones del turismo para el verano, con otras que sí abren la puerta a una crisis en el horizonte, capitaneadas por la galopante inflación. Los precios marcarán la vuelta al cole, una especie de cuesta de enero muy adelantada al otoño, donde, además, se notarán los efectos de la anunciada subida de los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo.

“No veo mucho margen de maniobra en los hogares para aguantar los actuales niveles de inflación. Estamos tirando de ahorros”, apunta José Francisco Armesto, uno de los miembros destacados del Foro Económico de Galicia. Con la clara tendencia al alza del euríbor –y el encarecimiento de las hipotecas–, “la capacidad adquisitiva y de ahorro será mínima”. “Por eso se puede hablar de un otoño complicado y con el problema adicional en Galicia de la caída de la inversión empresarial, tan importante como el consumo, desde finales de 2019 –añade Armesto–. Hay una situación difícil para las familias, pero igualmente para las empresas, sobre todo micropymes y negocios de barrio”.

Durante la presentación ayer de su informe de coyuntura socioeconómica del primer trimestre, el Foro Económico de Galicia recordó que el Producto Interior Bruto (PIB) de la comunidad se enfrenta a la nueva encrucijada sin recuperar todavía los niveles previos a la pandemia. El avance del 5,1% entre enero y marzo es inferior a la expansión del PIB nacional (6,4%) y de los países del entorno. Portugal, sin ir más lejos, creció un 11,9% y sí recuperó todo lo perdido por el shock del coronavirus. “Crecemos, pero no tanto como España. Generamos empleo, pero no tanto como España. Y tampoco somos capaces de cambiar la estructura productiva”, lamenta Fernando González Laxe, catedrático de Economía Aplicada de la Universidade de A Coruña.

  • -2,5%. Caída de la formación bruta de capital en 2022

    La inversión empresarial acumula diez trimestres en negativo, desde finales de 2019, con la única excepción del rebote del segundo trimestre de 2021.

La gran duda, según el también expresidente de la Xunta, es si los riesgos son coyunturales o permanentes, “si estamos ante una perturbación intensa o suave”. “No es fácil controlar la inflación”, avisa González Laxe, porque tampoco hay una única razón detrás de la subida. “El gas necesita instalaciones de transporte y almacenamiento, por eso sube, mientras que el petróleo es un bien universal, por eso puede bajar –detalla–. Al igual que hay alimentos básicos que hacen temer por el hambre en el mundo y otros que están más vinculados en sus costes a la cadena de suministros”.

A la espera de que el BCE siga los pasos que hace meses empezó a dar la Reserva Federal de EE. UU. con “el proceso de normalización financiera”, la única manera, según Fernando González Laxe, de evitar una espiral inflacionista –“La subida entrelazada de precios y salarios, lo peor que puede ocurrir”, alerta– es “el pacto de rentas y de beneficios” e “ir ajustándolos permanentemente”. ¿Se puede hablar de recesión? “No seamos agoreros. Hay incertidumbre, claro que sí. Es que las economías de guerra no están en los libros –señala el catedrático–. Pero también tenemos imaginación”.

“Quien hable de recesión, lo confunde con ralentización. Si es político, será demagogia. Si es académico, falta de formación. Pero ahora mismo, ya veremos más adelante, no se puede hablar de recesión”, comparte Armesto, que coincide en la necesidad del pacto de rentas “y beneficios”. “No pueden cargarse los costes siempre sobre los mismos, ni tampoco un reparto en el mismo grado –rechaza– porque hay sectores a los que les va de maravilla”. 

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