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Faro de Vigo

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Mercado

España quiere ser otra vez el granero de Europa

La situación de desabastecimiento de trigo, maíz, cebada o semillas de aceite de girasol por la guerra en ucrania empuja a productores locales a planificar más superficies de cultivo de cereales en España | El gobierno lo pedirá en Bruselas

Productor de cereales de Bocairent.

Recordaba el historiador Joan Reglà (1917-1973) en su ensayo ‘El dualismo en València y sus desequilibrios’, publicado a mediados del siglo pasado y parafraseando un poeta popular, que "quan en Odessa i Moscou sonen el canons de bronze el arrós, que hui està a nou, demà pujarà hasta onze". Así se expresaba al referirse al ‘boom’ producido en el precio del arroz motivado en toda Europa a finales del XIX por la guerra de Crimea (1854-1856). Y ahora, de nuevo, aquella región del viejo continente vuelve a estar en conflicto por la invasión de Ucrania por parte de Rusia, lo que conllevará, según el sector agrario, un nuevo escenario en el que se definan estrategias agroalimentarias en la Unión Europea (UE) capaces de flexibilizar algunas medidas de la Política Agraria Común (PAC) capaces de incrementar las producciones de cereales.

Un productor de arroz de la variedad ‘bombón’ en la marjal de Pego, en una imagen del pasado verano. Juani Ruiz

"La Comisión Europea debería activar nuevos mecanismos para garantizar más derechos de plantación en territorios nacionales", comenta el agricultor valenciano Daniel Ponce desde Camporrobles, donde explota tierras de cultivos de cebada, trigo y centeno. El cierre del ‘granero de Europa’; es decir Ucrania, "abre las posibilidades de incrementar la superficie de cereales en toda España", explica este productor asociado a AVA-Asaja . En la actualidad, la Comunidad Valenciana mantiene una superficie dedicada a la producción de cereales -más allá del arroz (15.447 hectáreas)- todavía muy residual: trigo (4.604 ha), cebada (14.138 ha), maíz (320 ha) y centeno (699 ha). Sea como fuere, tras los cañones que suenan desde el este de Europa los cereales vuelven a cotizar al alza y se presentan como "una oportunidad para incrementar este tipo de cultivos durante las próximas campañas", reconoce Daniel Ponce. Eso sí, habrá que ver cómo hacer frente a los elevados costes de explotación: gasóleo agrario, abonos, herbicidas...

Campo de trigo en la comarca de l’Alcoià, en una imagen de 2021. Juani Ruz

El suelo cultivado de cereales en la Comunidad Valenciana representa aproximadamente el 3% del total de suelo agrícola, aunque acapara sólo el 0,32% de la renta generada por la Producción Vegetal Valenciana; es decir, el 0,25% de la Renta final agraria. Las comarcas con mayor superficie cultivada son Utiel-Requena, Valle de Ayora y Los Serranos. No obstante, la importancia del cultivo de cereal respecto a los totales del suelo cultivado es distinta según territorios. Así, por ejemplo, en Els Ports es el principal cultivo y ocupa el 54% del total de la comarca. En el Valle de Ayora supone el 22% de ese suelo agrario; en el Alt Millars representa el 14%; en l’Alcoià el 12% y en el Racó d’Ademús, el 11%.

Desde las organizaciones agrarias se aplaude la decisión del Gobierno de España expuesta esta semana en la reunión del ministro Luis Planas con las comunidades autónomas. Pretende que la Comisión Europea (CE) permita que los Estados miembros puedan incrementar la producción de cereales y proteaginosas, así como adoptar medidas para flexibilizar la entrada de materias primas, sobre todo para alimentación animal, con el fin de que el sector agrario cuente con los suministros necesarios para llevar a cabo su actividad. Respecto a las medidas que España defenderá ante la CE, el ministro citó la activación del artículo 219 de la Organización Común de Mercados Agrarios. Se trata de emplear la llamada ‘reserva de crisis’, un mecanismo para intervenir en casos de graves perturbaciones de mercado y que deberían dar lugar a la habilitación de recursos para los sectores más afectados.

Además, el ejecutivo central ha solicitado "flexibilidad" para poder destinar las superficies de barbecho o superficies de interés ecológico a la producción de proteaginosas o de cereales y para pastoreo, así como excepciones en la rotación y diversificación de cultivos.

PAC más flexible

España apuesta también por medidas inmediatas, como el incremento del porcentaje de los anticipos de los pagos directos de la Política Agraria Común, la flexibilización de los controles para agilizar éstos y una aplicación más sencilla y flexible del concepto de causa mayor, para los casos en los que no se puedan cumplir las condiciones de elegibilidad como consecuencia de la situación actual. Además, propone que se puedan financiar con Fondos Europeos Agrarios de Desarrollo Rural –segundo pilar de la PAC- actuaciones específicas de apoyo al sector como ya se hizo para hacer frente a la pandemia de la covid-19.

Más allá de las medidas que pueda aprobar Bruselas, los productores de cereales miran de reojo los precios en España a la espera de la llegada de los primeros barcos de Estados Unidos, sobre todo de maíz, que marcarán las referencias del mercado. En el caso del trigo, el posible cierre de las exportaciones rusas y la sequía en EE UU animan a los mercados . Y sigue la incertidumbre sobre si una Ucrania en guerra podrá normalizar las siembras que tendrían que empezar a realizarse en próximas fechas.

Pendientes del impacto a largo plazo que pude generar la guerra en Ucrania, la Unió de Llauradors recuerda en un informe los serios problemas de rentabilidad que lleva atravesando el sector cerealista durante los últimos años, en especial ligados a los precios percibidos por los productores, que se mantienen con valores constantes desde hace más de 20 años. A esta crisis, favorecida por la especulación de las grandes corporaciones en los mercados internacionales, habría que añadirle los continuos recortes que se vienen sucediendo en la PAC en las últimas reformas y la nueva propuesta de la Comisión de recortar un 13% su presupuesto para el periodo 2021-2027, lo que puede hacer que muchas explotaciones cierren sus puertas por falta de rentabilidad y España tenga que incrementar las importaciones de cereales, con el consecuente impacto en el precios de los alimentos y en el medio ambiente.

La organización recuerda la elevada dependencia que tienen las explotaciones cerealistas de las ayudas PAC, que representan el 52,3% de su valor añadido neto, muy por encima de la media del 25,4% del resto de producciones.

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