Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Galicia diseña la nueva industria de la moda

El clúster textil de la región, junto con Madrid y Cataluña, preparan al sector para el inmediato Perte de Economía Circular | Las firmas de referencia se vuelcan con la sostenibilidad en la investigación de materiales disruptivos

De izquierda a derecha: modelo con un vestido de Zara a partir de CO2, tejido Nanocork de Roberto Verino y diseños de la colección Zero Waste de Adolfo Domínguez FdV

Las 186 prendas de la colección Zero Waste que Adolfo Domínguez lanzó en 2020 están confeccionadas en su taller de Ourense con lino europeo, un cultivo “amable con la tierra”, propicio para latitudes frías, que necesita menos recursos que el algodón y no usa pesticidas.

Zero. Limited Edition. Nuestra colección patronaje zerowaste sin desperdicio textil. #AdolfoDominguez Descubre más: adolfodominguez.cm/AD_LimitedEdition

Posted by Adolfo Dominguez on Thursday, August 13, 2020

Todos son modelos sin distinción de sexo y tienen un único agujero, el de la cabeza, pero incluso esa porción de tela se reutilizó para la etiqueta. Un guiño a la economía circular en fondo y forma. ¿Por qué? “La tela es un recurso valioso. Hay que extraer la fibra, tejerla, tintarla, diseñarla, bordarla... Consume energía, agua y tiempo. No es una cuestión económica, sino ética”, explica la compañía, empecinada en acabar con “la basura textil” en el proceso de corte y confección, cuando se desperdicia alrededor del 15% del tejido. Utilizando un sistema de patronaje creativo, el desecho se redujo a cero.

Zero, de Adolfo Domínguez, se hizo sin desperdiciar tela

El salto a la segunda generación en la emblemática marca gallega nacida hace casi medio siglo propulsó el viaje de vuelta a los orígenes. Aquella popular apología de su fundador a la belleza de la arruga en los 80 esconde una auténtica declaración de intenciones a favor “de las volumetrías relajadas y los materiales naturales”. Su hija y capitana ahora, Adriana Domínguez, es una abanderada de la sostenibilidad. “Lo que ofende más mi sentido sobre una prenda de vestir es tirarla porque no te compensa lavarla. Me produce mucha desazón. Aunque la economía de una persona pueda sostener ese comportamiento, el planeta sencillamente no lo aguanta”, confesaba en una entrevista con FARO tras su nombramiento como presidenta de la firma en mayo de 2020. El mismo cargo que acaba de asumir al frente del Observatorio de textil, moda y calzado, creado por el Consejo Intertextil Español (CIE) y la Confederación ModaEspaña para canalizar la particular transición ecológica y digital del sector con la palanca de un Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica (Perte).

colección Zero Waste que Adolfo Domínguez lanzó en 2020

“Esperamos noticias inmediatas”, apunta Alberto Rocha, secretario general de Cointega-Clúster Textil Moda de Galicia. La organización, junto con las patronales de Cataluña y Madrid, mueve los hilos para diseñar la industria de la ropa del próximo siglo. “Galicia juega un papel fundamental –continúa Rocha– porque su peso es fundamental también y estamos con la Xunta analizando la creación de una oficina técnica”.

La producción en Galicia supone el 18% de las manufacturas textiles de toda España

En 2019, el último ejercicio de normalidad antes de la llegada de la pandemia, el valor de las manufacturas del textil en Galicia, sin contar la rama comercial y la distribución, rozó los 1.400 millones de euros, cerca del 18% de la producción en el conjunto del España, donde el sector concentra el 9% de las exportaciones y el 4,1% del empleo.

Con esas credenciales, Cointega, el resto del CIE, ModaEspaña y la Federación de Industrias del Calzado concurrieron a la Manifestación de Interés abierta por el Ministerio de Industria en busca de ideas financiables a cargo de los Next Generation. “El reto de este sector pasa por la transformación digital y la adaptación de tecnologías para optimizar los procesos de producción y logística –explicaban en el proyecto–, a la vez que avanzar rápidamente hacia un modelo más sostenible”. El pilar del plan era una plataforma digital para simplificar “la regla de las tres erres” –reducir, reutilizar y reciclar–, un sistema de recogida selectiva con una planta piloto para la valorización de los residuos e, incluso, la apertura de un marketplace para la compraventa de materiales reciclados. Además de I+D y formación para los trabajadores, el documento incluye la incorporación a las prendas de un pasaporte con toda la información de su fabricación para ofrecer al cliente “transparencia en el coste real”.

Aunque desde el Observatorio se reclamaba un Perte específico para la actividad, todo apunta, según las fuentes consultadas por FARO, a un proyecto de transformación general alrededor de la economía circular con la moda “como sector de cabecera”. Las empresas textiles aspiran a integrar la cadena de valor al completo y combinar los intereses de las grandes marcas con las pymes y enseñas de autor. “Bajo ese paraguas de la economía circular, tenemos que ser capaces de llevar a cabo medidas con un calado directo en la competitividad y la digitalización de las empresas”, indica el secretario general de Cointega. Ambas mejoras van de la mano. La incorporación de las nuevas tecnologías a la industria de la moda permite avanzar “en la identificación de residuos o tener mayor conocimiento del tejido que se está empleando”.

Roberto Verino forma parte del consorcio de 25 pymes, proveedores y tecnólogos que desarrollan el proyecto Eliit con el respaldo de la Unión Europea para la fabricación avanzada, la economía circular y los materiales inteligentes y de alto rendimiento en el sector textil. El grupo, otra de las míticas marcas que llevaron el made in Galicia en la moda por el mundo entero, se encargará del diseño y la confección de una colección cápsula a partir de un tejido de algodón con un acabado de corcho que imita el clásico denim. “En vez de un tinte tradicional, lo que se hace es una nebulización de corcho que consume menos agua, menos producto, no genera desperdicios y tiene la ventaja de que puede aplicarse en un proceso normal de acabado de lavandería”, narra Dora Casal, directora ejecutiva de la compañía.

Están en plenas pruebas con los expertos de la empresa italiana Lebiu “para conseguir los acabados, la consistencia y la calidad de nuestros estándares de producto” en el material ideado por Nanocork. “Es un tema de inquietud y conciencia”, destaca Casal. De “armario emocional”, como les gusta decir en Roberto Verino: “¿Qué hay más sostenible que una prenda que dure años, que quieras seguir poniéndola con el paso del tiempo, complementando otra ropa que compres? Esos siempre fueron nuestros valores”.

La perdurabilidad es marca de la casa también en Adolfo Domínguez. Se ha propuesto incluir en cada colección un grupo de prendas confeccionada “con alternativas más sostenibles”. A Zero Waste le siguió el pasado verano Vístete de árbol. Otra edición limitada con 14 piezas (pantalones, camisetas, polos, blusas, faldas y tops) a base de los nuevos tejidos Tencel Lyocell “procedentes de bosques gestionados éticamente”.

La ruptura de las cadenas globales de suministro durante los meses más duros de la crisis del COVID-19 provocó que al textil no le quedara otro remedio que replegar su producción en polos industriales más próximos. Por eso Portugal lideró de nuevo el abastecimiento a la moda gallega durante 2020. Duró poco. El país vecino desplomó sus exportaciones a la región entre enero y noviembre del pasado ejercicio, por debajo ya de Turquía –consolidado como el armario de Europa–, Marruecos, Bangladesh y China. No es la intención de Adolfo Domínguez, que, en su estrategia de sostenibilidad a futuro, “apuesta por producir cada vez una mayor parte de su colección en cercanía”, mirando a “la cuenca del Mediterráneo y Atlántico”. Los encargos en el norte de Portugal, “a 200 kilómetros de la sede central”, se multiplicaron por cuatro el último año.

En esa misma línea va su apuesta por un nuevo tipo de tienda con “materiales honestos y de kilómetro cero”. “La mayor parte son reutilizados, evitando pintarlos o recubrirlos de compuestos no orgánicos”, cuentan en la empresa. El establecimiento de Ourense, por ejemplo, tiene “tablones recuperados para formar el suelo, así como restos de pizarra y piedras de canteras próximas en la provincia” y una colaboración con la cesteira local Idoia Cuesta.

El reciente informe de KPMG sobre la transformación sostenible del sector textil recuerda la comparativa que la presidenta de la Comisión_Europea hizo del fast fashion: “Es veneno”, advirtió Ursula Von der Leyen, que confía el antídoto a “la circularidad, una manera de crear, de distribuir, de consumir y, fundamentalmente, de pensar”. Pero, ¿está preparado el cliente para cambiar también su manera de actuar? “La realidad del consumidor español, más aún desde la situación excepcional vivida, evidencia que aún existe una doble mirada a las cuestiones sostenibles: pueden penalizar, pero, salvo en colectivos minoritarios, aún no son claves de preferencia”, recoge el análisis de la consultora.

El 81% de los agentes del sector consultados para el estudio señala que el precio es la prioridad, muy por encima de la experiencia de compra (42,8%) y la trazabilidad de la prenda (42,8%). Un tercio de los encuestados apunta a la relevancia de los materiales, un 19% incluye entre las principales causas la durabilidad del producto y solo el 4,8% identifica el uso de plásticos en el embalaje. ¿Y cuáles son los mayores desafíos, los puntos débiles en los que la industria de la moda española debe hacer más esfuerzos? El 57% urge la transformación del modelo de negocio dentro de la economía circular y el reciclaje textil y casi la mitad apuesta por la integración de materiales sostenibles.

A simple vista, la colección cápsula de cinco vestidos de noche en color azabache que Zara anunció a finales del pasado año no desentonarían entre las tendencias de cualquier pasarela internacional. Moda pura... pero innovadora a nivel top. Los trajes incorporan tejidos elaborados con dióxido de carbono en colaboración con LanzaTech, start-up especializada en la transformación y reutilización de gases de efecto invernadero.

Zara elaboró cinco prendas con CO2 y Roberto Verino trabaja en una alternativa al denim

Tras su captura en centros industriales que lo emiten, el CO2 es sometido a varios procesos de fermentación y reducción de contenido en carbono para posteriormente convertirlo en hilo de poliéster. Supone el 20% de la composición de la revolucionaria colección de Zara y el 80% restante es ácido tereftálico purificado. La iniciativa ilustra el camino del Inditex para reinventarse como un faro de la moda sostenible, con una potente imagen de marca personificada en su futura presidenta, Marta Ortega, y lo que puede dar de sí Sustainability Innovation Hub, la nueva plataforma de innovación abierta del gigante textil para alimentar tecnologías disruptivas.

“Es que estamos en un momento único para el sector con un cambio disruptivo de las condiciones de mercado, de producción y de todo lo demás, lo que, unido al conocimiento, la infraestructura y el capital que hay aquí –argumenta Alberto Rocha–, ponen las condiciones para que pueda darse una oleada de creación de empresas del textil en Galicia como en los años 60 y 80”. Ya sean nuevos proyectos “diferentes, innovadores”, o compañías veteranas que opten por diversificarse. “Si eso ocurre, habrá una o varias empresas que acaben convirtiéndose en punta de lanza. ¿Está sucediendo? No lo veo todavía, por desgracia”, lamenta.

El futuro de los tejidos ya está aquí

La moda gallega busca nuevos materiales que ayuden al sector en el desafío de la sostenibilidad. Arriba a la izquierda, modelos de la colección Zero Waste de Adolfo Domínguez sin desperdiciar la tela. A la derecha, dos de los vestidos de Zara a partir de CO2.

El tejido de Nanocork con el que hace pruebas Roberto Verino.

Compartir el artículo

stats