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Asturias

El puerto de Gijón guarda combustible en su reserva para cubrir dos días la demanda de todo el país

Así son las entrañas de uno de los mayores depósitos de la reserva estratégica de petróleo

El Musel guarda combustible en su reserva para cubrir dos días la demanda de todo el país.

“Voy a la zona exterior con una visita. Es para que no os alarméis”. Juan Marcos Fernández es el único trabajador que se encuentra en las desangeladas oficinas de Petróleos Asturianos, pero tras la llamada telefónica queda claro que hay más ojos atentos a lo que pasa dentro de la planta de almacenamiento de combustibles que la empresa tiene en el puerto de El Musel, en Gijón. En caso de una crisis de suministro energético en España, sus depósitos situados a orillas del Cantábrico se convertirían en gigantescos salvavidas para mantener a flote la actividad que aún mueve el petróleo. Es uno de los mayores almacenes de existencias estratégicas de España. Un depósito de reserva listo para activarse si se iluminaran al mismo tiempo todos los testigos con forma de surtidor de los coches del país.

“Poneos estos chalecos reflectantes para que se os vea bien”, pide Juan Marcos antes de salir de las oficinas y guiar la visita por los depósitos. “Cuatro son de gasóleos, dos de gasolinas y uno, el más pequeño, de agua”, explica el responsable de la planta. Los seis tanques de combustibles miden 28 metros de altura, el equivalente a un edificio de nueve plantas. Los cuatro de gasóleos tiene un diámetro de 50 metros, como el largo de una piscina olímpica, y los dos de gasolinas la mitad, 25 metros. “Hay pocos depósitos de combustibles en España con estas medidas”, señala con orgullo el guía. “Tienen capacidad para almacenar 240.000 metros cúbicos de combustible y están siempre llenos”, añade. Esa cantidad de combustible permitiría satisfacer toda la demanda de gasóleo y gasolina de España durante dos días y medio. Un pulmón si el combustible dejara de fluir.

Las tensiones en el mercado del gas, el encarecimiento de la electricidad y de los combustibles y, sobre todo, la campaña del Gobierno de Austria para preparar a la población del país centroeuropeo ante un gran apagón, han encendido las alarmas y han puesto en el foco los sistemas de respuesta para hacer frente a una crisis de suministro energético. En España, hablar de respuesta a una crisis energética es hablar de Cores, un desconocido para la inmensa mayoría de los españoles pero que es un agente esencial en estos casos.

Cores es una corporación sin ánimo de lucro que está tutelada por el Misterio para la Transición Ecológica y que se dedica a garantizar la seguridad de suministro de productos petrolíferos y gas natural en España. Son miembros obligados de Cores, y tienen que pagar sus cuotas, todos los operadores al por mayor de productos petrolíferos y los comercializadores de gas natural. En el caso de los productos petrolíferos, Cores se encarga de hacer cumplir el mantenimiento de existencias mínimas de seguridad, que en España están fijadas en 92 días equivalentes a las ventas del año anterior o a los consumos computables. De esos 92 días de obligación, Cores debe mantener 42 días. Son lo que se conocen como existencias estratégicas y son de su propiedad. Por su parte, la industria del sector tiene que mantener los 50 días de reservas restantes en sus depósitos y Cores se encarga de supervisar el cumplimiento. El reparto se modificó temporalmente este año ante las tensiones en los mercados de la energía, pasando a ser de 50 días para Cores y 42 días para las industrias.

Dueño y arrendador

Cores tiene una pequeña capacidad de almacenamiento propio y el resto de las existencias estratégicas las aloja en instalaciones de compañías logísticas y de refinerías distribuidas por cinco áreas del país: Norte, Levante, Zona Centro, Zona Sur y Canarias. Para utilizar esas instalaciones, Cores firma contratos de arrendamiento a largo plazo. Una de esas plantas alquiladas es la de Petróleos Asturianos en el puerto de El Musel. Fue construida y activada en 2008 por la compañía asturiana de ingeniería y bienes de equipo Duro Felguera, que posteriormente se deshizo de ella dentro de sus obligados planes de desinversión para restablecer su equilibrio financiero. Desde 2018, la planta pertenece al holding Hafesa. “Cuando la adquirimos ya estaba dedicada al cien por cien a la reserva estratégica”, explica en conversación telefónica Diego Guardamino, director general de Hafesa, grupo que cuenta con otros tres centros de almacenamiento de combustibles en Bilbao (Vizcaya), Motril (Granada) y Ocaña (Toledo), pero estos dedicados a dar apoyo a su red de comercilización y distribución de hidrocarburos.

“Aquí en Gijón la entrada y salida de combustible es mínima. Solo se produce rotación para refrescar. Hay un acuerdo con la Compañía Logística de Hidrocarburos (CLH) por el cual cuando el combustible lleva un tiempo determinado en los tanques se bombea a la planta que ellos tienen en El Musel para su comercialización y, de inmediato, reponemos con nuevo combustible que llega en barco”, explica Juan Marcos Fernández al tiempo que señala con el dedo la ubicación de los brazos de descarga de combustible en el cercano muelle de La Osa. Una red de tuberías y bombas conectan directamente los brazos de descarga de los barcos con la planta de Petróleos Asturianos y a esta con el centro de almacenamiento de CLH en el puerto de El Musel.

La actividad diaria en la planta de reserva estratégica se limita a tareas de mantenimiento, a la comprobación de la calidad del combustible almacenado tomando muestras desde las cúpulas de los tanques (a las que se accede por escaleras de vértigo) y a la medición de niveles y temperaturas. “No se pueden tener los depósitos totalmente llenos de combustible porque con el frío y el calor se dilata y se contrae”, explica el responsable de la planta alzando la voz sobre el cortante viento que sopla del Cantábrico. Él es ovetense, pero durante años trabajó en la planta que Hafesa tiene en el puerto granadino de Motril y echa de menos el clima de la llamada costa tropical.

Acciones conjuntas

Una vez recorridas las instalaciones de la reserva estratégica, que ocupan una superficie de más de 37.000 metros cuadrados ganados al mar, y tras escuchar las explicaciones sobre su funcionamiento, surge una pregunta obligada:

–¿Pero alguna vez ha cubierto una emergencia por desabastecimiento de combustible esta planta?.

–Afortunadamente, nunca. –responde Juan Marcos Fernández.

En el caso de que la Agencia Internacional de la Energía detecte una situación de crisis de suministro, puede promover una acción conjunta de los países miembros consistente en poner a disposición del mercado un volumen determinado de reservas. Según fuentes de Cores, hasta el momento se han llevado a cabo tres acciones conjuntas en los años 1991 (coincidiendo con la Guerra del Golfo), 2005 (huracanes Katrina y Rita) y 2011 (Primavera Árabe y conflicto de Libia). En el caso de España, esas acciones se llevaron a cabo mediante la puesta a consumo de reservas de productos petrolíferos en manos de la industria. Nunca se utilizaron las existencias estratégicas que gestiona directamente Cores y, por tanto, las que almacenan los tanques de Petróleos Asturianos en Gijón.

En sus 13 años de funcionamiento, la planta nunca ha participado en emergencias. Tampoco las ha generado. Su actividad es peligrosa por los volúmenes de combustible que maneja y tiene que contar con rigurosos sistemas de seguridad. Toda la planta está abrazada de tuberías de color rojo que escalan por los tanques y forman anillos en las cúspides. Son los sistemas antiincendios que se alimentan del séptimo tanque de la planta –que en vez de contener combustible está llenó de agua– y de agentes espumantes para reforzar la lucha contra las llamas si fuera necesario.

La instalación estratégica tiene un plantilla fija de dos trabajadores, aunque hay muchas labores que están subcontratadas, como la vigilancia, que es compartida con las vecinas instalaciones de almacenamiento de hidrocarburos de CLH. Son los ojos a los que Juan Marcos Fernández advertía al inicio de la visita para que no saltaran las alarmas.

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